Pura López Colomé y la reverberación poética de los sentidos

La poeta mexicana presentará 'Borrosa Imago mundi', en la 35ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

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Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO.

Con la publicación de Borrosa Imago mundi, la poeta Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952) explora las múltiples caras del silencio y la memoria, de la reverberación, del eco y sobre la música que de las palabras. Es un poemario que describe múltiples metáforas sobre los cinco sentidos del ser humano.

El volumen, que será presentado el 1 de diciembre en la 35 FIL de Guadalajara, está inspirado en el tratado cosmográfico Imago mundi, escrito en 1410, del teólogo francés Pierre d’Ailly.

Lo observo desde un punto de vista espiritual, donde veo cinco continentes que son los cinco sentidos. Sin embargo, la poesía, que es absolutamente indefinible, está en memoria –que es el epílogo de este libro–, y desde ahí pongo el telescopio para observar todo lo que los sentidos me han dado en esta vida, que el año próximo cumpliré 70 años”, dice en entrevista con Excélsior.

Y agrega: “Todos los poetas estamos en la misma búsqueda. Yo quise entrar en contacto con el eco desde cada uno de los sentidos o en reverberación, lo cual explico al inicio del libro, en unos casos hay eco y en otros, reverberación”.

En su libro, la reverberación es “un fenómeno sonoro producido por la reflexión, que consiste en la ligera permanencia del sonido una vez que la fuente original ha dejado de emitirlo”.

Mientras que el eco, “es el fenómeno acústico en que se produce la repetición de un sonido cuando las ondas sonoras chocan contra un obstáculo y se reflejan hasta llegar a donde se ha emitido”.

¿Por qué hace referencia a la borrosa imagen del mundo?, se le pregunta. “Es borrosa porque es una percepción humana, y todo lo humano es un ángel caído que aspira a acercarse de nuevo a esa divinidad de la cual se sintió semejante o igual”.

¿Su libro comienza por el sentido del oído? “Es mi sentido principal de percepción, porque capta la música y ésta, para mí, sigue siendo la prueba de la esencia de Dios; es nuestra aspiración como poetas el aproximarnos a esa manifestación que se da a partir de la música, y por eso, creo, no hay poesía que pueda llamarse así, sin la música”.

La oscilación que ha tenido mi poesía, desde el tempo lírico hasta el poema en prosa, tiene que tener un ritmo y cierta música. Y si no la tuviera, podría expresar su propia desafinación. Pero como diría Ramón López Velarde, cada vez que creo expresarlo todo, un demonio chocarrero me devuelve al lodo”, apunta.

¿La memoria es la clave? “Sin memoria no hay expresión poética, porque tampoco hay palabra. Las palabras se tienen que recordar y la memoria es esencial”.

Alimentada por creadores como Manuel Ponce, Wallace Stevens, Emily Dickinson, Seamus Heaney, William Carlos Williams y José Emilio Pacheco, López Colomé cuestiona por qué algunos poemas se insertan con mayor facilidad en la memoria.

Quizá porque es una música que está clavada en mi memoria absoluta, que es humana, femenina y mexicana, la cual se subdivide e inicia con eventos importantes que nos cuestionan el porqué de la existencia y eso también tiene que ver con la muerte y con la vida. La muerte siempre ha sido importante en lo que he escrito”, explica.

La poeta recuerda que en su infancia se obsesionó con la palabra ‘apeninos’. “Fue una de esas primeras palabras que en algún momento escuché en casa. Y yo repetía ‘apeninos-apeninos’, sin saber que bautizaba montañas. Pero en el momento que lo supe, también descubrí las cumbres borrascosas y la manera que tenemos de arrojarnos desde esas alturas para poder comprender el sentido de nuestras vidas”.

Al final, asegura, “en todos estos poemas que escribí a lo largo de mucho tiempo, separando por los que producen eco o reverberación, la palabra me recuerda que ahí está el oído presente. El oído está en la vista y en el tacto.

En esta exploración poética y sensorial, descubrió que cada individuo puede tener un sentido predilecto. “Estoy segura que todas las personas que conoces saben cuál es su sentido privilegiado. Quizá eres más visual, auditivo o sensorial. Yo le di el lugar de privilegio al oído, pero a la hora de reconocerlo en la memoria ya no estoy tan segura. Lo único cierto es que, al final, todos nos dirigimos al silencio”.

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