Nuestro cuerpo: frontera; autodescubrimiento a través del arte

Una exposición reúne 20 piezas de seis creadoras artísticas que oponen resistencia desde el feminismo

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¿Qué significa habitar un cuerpo? ¿Cuáles son nuestras fronteras con el mundo? Éstas preguntas inspiraron la exposición multidisciplinaria Nuestro cuerpo: frontera, que se exhibe en la librería U-Tópicas, ubicada en Coyoacán, hasta el 5 de febrero.

Curada por la poeta y artista visual Anaïs Abreu D’Argence, esta muestra colectiva reúne 20 piezas, entre fotografías, videos, música, poesía y objetos intervenidos, de las creadoras Alejandra Alarcón, Lorenza García Hegewisch, Gabriela Guraieb, Lucy Peralta, Mariana Terroba y

Aydée Tirado. Y es el resultado del Laboratorio Interdisciplinario Frontera, impartido por Abreu D’Argence.

Lo que más me interesa es mostrar esa frontera entre la palabra escrita y las demás artes, sobre todo las visuales; y jugar con esa frontera, que está tachada porque no existe. El texto en sí es una imagen, también es un arte visual.

Ellas experimentan de diversas maneras en el laboratorio. Se trabaja mucho con el cuerpo femenino, es la base de la que partimos para la mayoría de los ejercicios, de cómo ese cuerpo se mueve por el mundo”, comenta la también editora.

Hice un laboratorio no para explicar quién soy, sino para decirle al mundo que somos muchas. Responde al feminismo, porque es desde ese lugar que estamos haciendo resistencia”, agrega.

Explica que lo íntimo y lo político coexisten y toman su propia fuerza en los procesos creativos. “La idea es crear un mundo con párpados ágiles a los momentos más escondidos de la naturaleza humana, animal, vegetal e inanimada. Nada de lo que hay aquí es inocente: todo es provocación”.

Destaca que “existe una necesidad en las mujeres por hablar de lo que pasa en nuestros cuerpos. También sabemos que esto sigue siendo incómodo y, en ocasiones, incluso perturbador. Aceptar el cuerpo propio resulta complejo para la mayoría de las mujeres; sin embargo, aquí estamos puestas para mostrarlo.

En el espejo que hacemos unas de otras, se vuelve un poco más fácil: ahí el mundo es más amable. Tenemos, pues, una necesidad histórica de sanar heridas, de borrar palabras y arrancar etiquetas”.

La escritora añade que “hacer arte significa entrar, tocar algo y salir. Hacerlo de manera colectiva (feminista) es una forma de acompañarnos, de cuidarnos en el camino del autodescubrimiento. Un camino que puede ser placentero a veces, pero que también puede ser doloroso”.

Y sobre el laboratorio, que volverá a abrir el 14 de febrero, concluye que “aquí hubo amistad: avanzamos tomadas de la mano. Comenzamos conectando con la naturaleza para recordarnos como una parte del todo”.

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