Neuman muestra una ofrenda literaria al hijo; presenta su más reciente obra
El escritor argentino-español reflexiona en Umbilical sobre la paternidad comprometida

Con la idea de no olvidar los primeros detalles de la vida de su hijo, de fijar “esas revelaciones sorprendentes” para que no se desdibujen, Andrés Neuman tomó notas de sus experiencias y emociones seis meses antes y seis meses después del nacimiento de su bebé, logrando como resultado la toma de conciencia de una paternidad nueva.
En cien breves estampas y un monólogo interior, el escritor argentino-español evoca a su hijo, antes de las palabras y la presencia, en su libro más reciente, Umbilical (Alfaguara), en el que también reimagina retrospectivamente esa parte invisible de su propia memoria.
Comencé a tomar notas sin ninguna pretensión de publicarlas. Lo empecé a escribir primero para mi hijo, como un regalo de bienvenida o una celebración de su vida; lo poco que estaba seguro de darle, era una ofrenda literaria que le narrase la única parte de su vida que nunca conocerá”, comentó en entrevista.
Fue una especie de diálogo futuro con mi hijo, partiendo de esta memoria. Un hijo es un reloj de arena, la conciencia mortal se agudiza y más si eres padre después de los 40. Esa conciencia mortal es el punto de partida del afecto, pues reorganizas prioridades”, afirma.
El también cuentista comparte desde la primera ecografía o ultrasonido, “una pintura rupestre del futuro que permite ver a quien no ha nacido”, hasta cómo dobla la ropa con mangas minúsculas de alguien que aún no existe y cómo siente en las noches sus movimientos en la espalda.
Sentí que el vínculo se fortalecía, empecé a entender más la paternidad; era una misión emocional e íntima que aterrizó en el silencio de la paternidad tierna y cuidadora. Se debe romper la creencia de que los sucesos cotidianos de la crianza no son dignos de la escritura o el arte”, añade.
Dice que le gustaría que este libro “formase parte de una conversación colectiva que tenemos pendiente y de la cual saldrían beneficiadas todas las partes: la criatura, porque tendría padres presentes; las madres, se sentirían más acompañadas y comprendidas; y los padres, que podríamos gozar de los placeres de la paternidad mucho antes”.
Neuman tiene la certeza de que con este proceso de acercamiento al hijo, se evita la generación de paternidades ausentes, de hombres sin apego. “Si no aprendemos a sentirnos vinculados desde el principio con la gestación y el alumbramiento, después puede ser tarde. El padre que trata de cuidar, el que cree en la ternura y que torpemente, con todas sus limitaciones, trata de vincularse y aprender, eso está sospechosamente por narrar”, concluye.
cva
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