Nara Milanich, en busca de la identidad paterna a lo largo de la historia
La investigadora estadunidense revisa en Quién es el padre la complejidad familiar, social y política de este concepto

La paternidad ha sido entendida como naturalmente incierta; mientras que la maternidad se considera obvia y evidente, gracias al hecho empírico del parto”, afirma la investigadora estadunidense Nara Milanich.
La pregunta por el padre es de interés social, legal, político y científico. Y, de acuerdo con una larga tradición occidental, es una pregunta inextricable”, comenta en entrevista con Excélsior.
La identidad paterna se plantea como una pregunta, porque la respuesta se considera potencialmente desconocida”, agrega la doctora en Historia por la Universidad de Columbia.
Especialista en la evolución social del concepto de familia, Milanich publica ahora en español su libro ¿Quién es el padre? (Siglo XXI Editores), en el que analiza la búsqueda de la identidad paterna a lo largo de la historia.
Este Día del Padre, celebración que el presidente estadunidense Lyndon B. Johnson oficializó en 1966 y que en México se festeja el tercer domingo de junio, la doctora en Historia Latinoamericana por la Universidad de Yale invita a reflexionar sobre las múltiples paternidades (biológica, afectiva, social, legal), y a restituir historia y complejidad a la pregunta por el padre.
Explica que “la tarea de identificar al padre motivó a médicos, al menos desde Hipócrates, y preocupó a juristas de los derechos romano, islámico y judío. Los padres que aparecen en la literatura han cavilado sobre su paternidad en las obras de autores como Homero, Shakespeare y Machado de Assis.
Los teóricos, desde Friedrich Engels hasta ciertas feministas de los años 70 y 80, pasando por Sigmund Freud, postularon que la incertidumbre paterna era el fundamento primordial de la sociedad, de la psiquis humana y de las relaciones de género”, agrega.
Quien vivió su infancia y adolescencia en Chile y Brasil aclara que la pregunta sobre el padre tiene también una gran importancia personal, por razones de carácter patrimonial, práctico y existencial.
Las preguntas acerca de la paternidad han surgido históricamente en contextos de disputa por la manutención de menores y la herencia. La cuestión de la paternidad es de envergadura pública y no sólo privada: es importante no sólo para las familias, sino también para los Estados y las sociedades.
La paternidad no sólo pertenece a la familia, también está entramada con las historias de la raza, la nación y la ciudadanía”, añade.
Milanich, quien vive en Nueva York, descubrió que, a partir de los años 20 de la pasada centuria, surgió un boom de interés científico, jurídico y popular en las pruebas de paternidad en el mundo transatlántico.
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Las revistas académicas, las conferencias jurídicas y la prensa se colmaron de disquisiciones acerca de la sangre, los cuerpos y las técnicas modernas, científicas, y a veces pseudo-científicas, para descubrir la filiación.
Los científicos y juristas latinoamericanos, y el público de la región, eran protagonistas de esta búsqueda. De hecho, este libro empezó cuando me topé con unos tratados médico-legales latinoamericanos publicados en los años 30 y 40 sobre curiosas técnicas científicas para establecer la paternidad biológica”, indica.
La profesora asociada de Historia en el Barnard College (Universidad de Columbia) destaca que hoy la búsqueda del padre ha tomado un giro sin precedentes y quizás, incluso, parecería haber llegado a una conclusión definitiva.
El descubrimiento de las técnicas de huellas de ADN en los años 80 permitió identificar al padre con más de un 99 por ciento de certeza por primera vez en la historia de la humanidad. Esa promesa ha engendrado una industria global de miles de millones de dólares.
Pero, más que llevarnos a una resolución definitiva, la ciencia genética moderna ha aumentado las tensiones entre lo social y lo biológico, entre lo científico y lo legal, entre el imperativo de saber la verdad y el de proteger la moralidad y el orden social”, considera.
Y concluye que “el ADN no ha resuelto la búsqueda del padre, porque la interrogante por su identidad siempre fue social y política. La pregunta clave no es ¿quién es el padre?, sino ¿quién queremos que sea? Es una cuestión que sólo las sociedades, y no la ciencia, pueden resolver”.
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