Muere Margit Frenk, una filóloga sabia y cálida

A sus cien años, ayer falleció la hispanista, folclorista y traductora mexicana de origen alemán en su casa de la Ciudad de México; sus restos serán velados hoy

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Muere Margit Frenk, una filóloga sabia y cálida

La tradición oral, la cultura popular, la locura de El Quijote, las canciones del folclor mexicano, las aves, la transición de la lectura colectiva a la íntima, las jarchas mozárabes. Diversos fueron los intereses cognitivos de la filóloga, hispanista, folclorista y traductora mexicana de origen alemán Margit Frenk Freund (1925-2025), quien murió ayer en su casa de la Ciudad de México a los cien años.

Era una mujer fascinante. Además de sabiduría, tenía una calidez, una dulzura enormes. Sus respuestas siempre eran eficaces, sabias y exactas. Pero tenía la humildad suficiente para preguntar cosas que no sabía. La admiraba y la quería”, comenta en entrevista el escritor Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025.

El director de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), a la que Frenk ingresó en 1993, afirma que la investigación y el conocimiento eran su pasión. “Siempre mostró interés. Hasta el jueves pasado, seguía participando en las reuniones de manera virtual; ya no hablaba mucho, pero escuchaba con atención”.

La doctora en Lingüística y Literatura Hispánica por El Colegio de México, quien llegó al país a los 5 años, será velada hoy en la funeraria García López de Miguel Ángel de Quevedo, donde la AML realizará una guardia de honor a las 11:00 horas.

Era muy sabia porque tenía una gran perspicacia por saber cuáles eran los temas importantes y los novedosos. El más importante era la recopilación monumental para el Cancionero folklórico de México, porque fue una obra que hizo a mano, rodeada de sus alumnas, sin el concurso de las computadoras, fue en los años 60 del siglo pasado. Recopiló miles de canciones de todas partes del país.

Abordó el proceso que va de la lectura en voz alta ante una comunidad a la lectura sin voz, en la intimidad. Son impresionantes las aportaciones que hizo a El Quijote, la obra que más bibliografía tiene en español. En su último libro cuestionaba si El Quijote murió cuerdo, porque él es el único que decía que había recuperado la cordura; pero ella se preguntaba por qué creerle a un loco”, dice.

Quiero mucho a Margit. Fue mi maestra desde 1970. Fue mi jefa en el Centro de Estudios Literarios. Cantamos juntos. Nos divertimos con Mariana, su madre mágica. Memoricé sus muwashajas y jarchas. Me senté junto a ella en la Academia de la Lengua. Una mujer maravillosa”, detalló el escritor Guillermo Sheridan en su cuenta de X, en la que la UNAM y la Secretaría de Cultura federal lamentaron la partida de la hispanista centenaria.

No estuve en los seminarios de Margit Frenk. Pero fue mi maestra en sus libros, su escritura y  su trabajo. Gracias a Marisol, tuve la oportunidad de conversar con ella. Su sonrisa franca, su humor ágil y su inteligencia aguda brillaban. Murió y la vamos a extrañar muchísimo”, agregó el escritor Roberto Cruz Arzabal.

La escritora Elisa de Gortari añadió también en X que “fue una persona lúcida y generosa. Asistir a su seminario y conversar con ella fueron verdaderos privilegios”.

Por su parte, Cultura UNAM dijo de la Premio Nacional de Ciencias y Artes: “Es una de las figuras más reconocidas de la filología hispánica y del hispanismo en el mundo. Querida académica de Filosofía de la UNAM, de donde era egresada. Coordinó el Centro de Estudios Literarios, donde fundó y dirigió la revista Literatura Mexicana. Fue profesora emérita de nuestra casa de estudios, donde este año fue homenajeada por el centenario de su nacimiento”.

Y la Secretaría de Cultura federal recordó que la profesora visitante en las universidades de Harvard y Heidelberg “dedicó su vida al estudio de la literatura y la lírica popular en los siglos de oro, conformando una nutrida obra que incluye más de 200 publicaciones, entre artículos, ensayos, reseñas y traducciones, convirtiéndola en la máxima conocedora de la lírica popular hispánica”.

Frenk, quien se casó con el también filólogo Antonio Alatorre y tuvo a sus tres hijos, compartió con Excélsior, cuando cumplió 95 años, una costumbre que mantuvo hasta el final de su vida. “Sigo trabajando; no como antes, pero sigo. Ya no es edad para hacer un libro, qué tal si me muero mañana, lo dejo sin terminar”, bromeó entonces.

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