Leonardo Padura observa perversión en proceso utópico
El novelista cubano reflexiona sobre la vigencia de El hombre que amaba a los perros, a 15 años de su primera publicación

Pretendí escribir una novela para hablar de la perversión de un proceso utópico; un proceso que prometió, intentó, filosofó, sobre la creación de la sociedad de los iguales; esa sociedad donde todos íbamos a vivir con el máximo de libertad y democracia”.
Así narró ayer el escritor cubano Leonardo Padura (1955) el “para qué” de su famosa novela histórico-biográfica El hombre que amaba a los perros (Tusquets), que conmemora con una edición especial los 15 años de su publicación.
En una carpa instalada en el Jardín Hidalgo de Coyoacán, el también guionista y periodista charló sobre la vigencia de este título –basado en la historia de Ramón Mercader, el asesino del político ruso León Trotski (1879-1940)– con Javier Lafuente, subdirector de El País América.
Pero esa utopía se encuentra un punto en el que esa perversión no tiene retroceso. Y es un punto no solamente en cuanto al desarrollo histórico, sino también al aspecto simbólico, que es tan importante en los proyectos sociales”, comentó el autor ante un centenar de personas que lo recibieron con un aplauso.
Padura explicó que este libro, “que me llevó cinco años de trabajo, dos de pura investigación y tres de escritura, superando muchas ignorancias y enfrentando muchos miedos”, continúa vigente, actual.
El mundo en el que estamos viviendo va a una velocidad de vértigo. La historia se está reescribiendo o escribiendo con una velocidad vertiginosa que a veces no nos permite ni siquiera reflexionar dos veces sobre lo que está ocurriendo. Al final de todo esto, pienso y tengo la enorme esperanza de que repensemos las sociedades que estamos viviendo.
En el caso de América Latina, la sociedad de los iguales es cuestionada por el tema tan candente de la migración, pues ésta tiene un origen que todos conocemos, que es la pobreza”, dijo.
Una de las cosas más misteriosas es de dónde salen las ideas para escribir una novela. No hay una regla, una regularidad, un proceso que yo sea capaz de definir y que me funcione en cada uno de los libros que he escrito”, agregó el novelista.
El hombre que amaba a los perros, añadió, “surge de una acumulación de obsesiones que se me fueron presentando a lo largo de los años: la conmoción que sentí la primera vez que vine a México a conocer la casa de Trotski, que llegó a este país en 1937, donde lo asesinaron; y cuando supe que Mercader había vivido en La Habana entre 1974 y 1978.
Fue la acumulación de muchas cosas, entre ellas el hecho de cómo la historia puede salir de los libros, entrar en la realidad y tocarlo a uno en el hombro”, concluyó.
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