Josefina Aguilar crea piezas únicas desde la memoria

La ceramista oaxaqueña perdió la vista hace 13 años, pero eso no frenó su talento para moldear el barro rojo; ahora ella elabora las piezas y sus hijos realizan los detalles y las pintan de colores

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Josefina Aguilar, artesanas ceramistas y trabaja el modelado del barro rojo policromado

OAXACA, Oax.– Josefina, Guillermina, Irene y Concepción son las cuatro hermanas Aguilar Alcántara del pueblo de Ocotlán de Morelos, al sur de la capital oaxaqueña. Todas son artesanas ceramistas y trabajan el modelado del barro rojo policromado, pero cada una tiene su peculiaridad.

Josefina, la mayor,  obtuvo reconocimiento internacional cuando sus piezas fueron coleccionadas por el vicepresidente estadunidense Nelson Rockefeller (1908-1979) durante sus viajes a Oaxaca en la década de los años 70 del siglo pasado. La mayoría de sus  piezas son en formato pequeño: mujeres ataviadas con blusas tradicionales, o huipiles, vendedoras de frutas, madres con sus hijos, y figuras religiosas femeninas, como las vírgenes de Guadalupe y de la Soledad.

De niña,  junto con sus hermanas, jugaba con el barro, mientras su papá creaba figuras decorativas y su mamá apaxtles (jarrones). Su habilidad comenzó a notarse a edad temprana cuando materializó aquello que imaginaba. Hoy, sus piezas llamadas “muñecas de cerámica” son altamente apreciadas dentro y fuera el país, por lo que Josefina ha recibido diversos premios y reconocimientos. 

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En sus inicios, la maestra artesana elaboraba objetos utilitarios con barro rojo natural, pero su inquietud la llevó a adquirir un estilo propio, creando piezas de ornato a las que coloreó para hacerlas aún más llamativas.

Durante su juventud, Josefina ideó representar en barro un día típico en el zócalo de Ocotlán, con los personajes, lugares y objetos característicos, incluyendo a su paisano, el artista plástico Rodolfo Morales. La pieza es  patrimonio del lugar y uno de los tesoros del museo de Ocotlán.

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ADMIRACION POR SU MADRE; TRIBUTO A LA ARTISTA  

 

A consecuencia de la diabetes, Josefina perdió la vista hace 13 años, pero esta condición no le impidió seguir trabajando en su casa-taller, ubicado a la entrada de Ocotlán, a unos 40 kilómetros de la ciudad capital.

Su creatividad y maestría están intactas, sus figuras surgen a la luz de su memoria, experiencia y talento. Lo que nosotros (nueve hijos y una hija) hacemos es afinar las piezas y pintarlas de colores”, comenta Demetrio García Aguilar, artista de cerámica policromada.

Con el corazón henchido de orgullo, Demetrio subraya que su mamá es una maestra artesana, icono del arte popular oaxaqueño. “A ella le ha correspondido ser la pionera de la técnica tan refinada que ha alcanzado, a partir de conocer sus raíces, le hace quererlas y plasmarlas con pasión”, señala.

Mi mamá me  comparte sus enseñanzas y trabajo,  con el legado y la tradición que nos enaltece para mostrar con orgullo el nombre de Ocotlán, de Oaxaca y de México, ponerlo en alto en las diferentes partes del mundo donde presentamos sus piezas”.

Las piezas son elaboradas a mano en su totalidad.  Sin moldes. El proceso es artesanal: consiguen el barro en bancos de material, lo remojan y la creadora lo pisa con los pies descalzos sobre un petate,  hasta conseguir una textura que permita moldear   sus creaciones. 

Durante la elaboración de las obras de barro policromado –adquiere ese nombre porque lo pintan en la etapa final– se utilizan tres utensilios: “un azotador” (objeto para aplanar el barro), una lámina para cortar y una espina de maguey. Después de esto, todo es creatividad. 

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Tras perder el sentido de la vista, las manos de mi madre conservan vivo ese don que le dio la vida”, subraya su hijo, quien heredó el talento de Josefina, aunque con estilo propio. Demetrio consiguió una residencia en la Universidad del Barro Clay Studio en Philadelphia y de manera habitual imparte talleres en algunas ciudades estadunidenses como Detroit, Nueva York, Pittsburgh y Chicago, entre otras.

Mi mamá, siempre dice que sus muñecas deben de salir bonitas, no chuecas, ni mal pegadas; es la recomendación que nos subraya permanentemente a sus hijos, hijas y nietos, que la asistimos habitualmente en el taller”, comenta. 

Ella continúa viendo el mundo a través de sus piezas de barro policromado”, subraya su hijo, visiblemente emocionado.

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