El nuevo MAC Panamá apuesta por una arquitectura de baja huella ambiental
Los estudios mexicanos Palma y TO ganaron el concurso para diseñar la nueva sede del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, un proyecto que privilegia la sostenibilidad, el ahorro energético y la adaptación al clima.

La crisis climática y ambiental es una circunstancia global que incide en la arquitectura de nuestro tiempo, afirman los arquitectos Diego Escamilla y José Amozurrutia, integrantes de los estudios Palma y TO, que hace unos días ganaron el concurso para edificar la nueva sede del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (MAC Panamá).
“La arquitectura va migrando del extractivismo de recursos naturales al uso de recursos renovables locales, lo cual se refleja en las bases del concurso de MAC Panamá, donde 20% de la calificación fue la sostenibilidad, mostrando que el proyecto tiene una baja huella de carbono, un bajo consumo energético y estrategias de reciclaje de agua”, detalla a Excélsior José Amozurrutia, integrante del estudio TO Arquitectura.

Y agrega: “En nuestro caso, cada vez más nos queremos involucrar en proyectos que se hacen de manera comunitaria y que procuran ayudar a mitigar el problema de carencia de agua y de espacios verdes en la ciudad. Creo que cada vez más nuestro trabajo, más allá de diseñar y ser mentes creativas geniales, es subsanar y curar un mundo bastante enfermo en estas ciudades que han ido creciendo de manera dispar, así que el rol de la arquitectura cada vez más se entiende, en mi perspectiva, como médicos o personas que subsanamos problemas ambientales y urbanos de mayor escala”.
Por su parte, Diego Escamilla destaca la importancia de que los estudios de arquitectura trabajen en colectivo.
“Creo que en México hay una generación muy fuerte de arquitectos que están haciendo cosas interesantes y siento que poco a poco se va dejando de lado esa parte del arquitecto solitario, único y mente maestra, como lo demuestra el proyecto del MAC Panamá”.

Además, comenta que el proyecto para edificar la nueva sede del MAC Panamá fue obtenido por estos estudios jóvenes, egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM y con 10 años de trayectoria, para lo cual sumaron a expertos en paisaje, iluminación, sustentabilidad y estructuras.
Amozurrutia explica que “México carece y padece un poco la ausencia de concursos y por eso cada que se anuncia un concurso (internacional) le entramos todos, a diferencia de lo que ocurre en Europa, donde los proyectos públicos se concursan por obligación”.
Ambos arquitectos detallan la relevancia del MAC Panamá –ubicado en el barrio Boca La Caja, el barrio San Francisco–, en donde confluyen grupos sociales y económicos diversos, desde uno de los centros comerciales más relevantes de la capital hasta un barrio tradicional de pescadores que quedó ahogado en el crecimiento de la urbe, por lo que esta propuesta busca generar comunidad desde el arte y ser un pivote para el desarrollo de la cultura en Centroamérica y Latinoamérica.
Ambos talleres de arquitectura coinciden en que su proyecto será una especie de “galeón que encalla en Panamá”, ya que el edificio contará con una serie de velas de barro que funcionarán como parasoles y filtros de viento que también alojan vegetación para afrontar el sol, el calor y la humedad, reduciendo costos y su consumo energético.

Dichas velas, detallan, se soportan por unos mástiles estructurales que elevan el museo y lo protegen de cualquier inundación, buscando que la bóveda, que resguarda la colección del MAC, flote y esté protegida de cualquier inundación.
El nuevo edificio ocupará un espacio de 3 mil metros cuadrados y el proyecto plantea 4 mil metros cuadrados de programa de museo y mil metros cuadrados de locales comerciales, un estacionamiento para casi 100 autos y una plaza pública de casi 900 metros cuadrados.
“La propuesta entiende que un museo de arte contemporáneo constantemente redefine qué y cómo se expone el arte y de ahí que nuestra propuesta brinde distintos tipos de espacio expositivo. Por un lado, el primer espacio y más importante, es el arte público que puede suceder a nivel calle, con esculturas y proyección de videos o para murales, mientras que en planta baja se suman dos espacios flexibles: una galería de arte emergente y un salón para eventos sociales, y un tercer espacio expositivo que es una caja negra o espacio inmersivo para exposiciones digitales, así como las grandes salas que son lienzo en blanco”, concluye Diego Escamilla.
El proyecto, que podría comenzar a edificarse en 2027, es encabezado por Ilse Cárdenas y Diego Escamilla del estudio Palma y José Amozurrutia y Carlos Facio del estudio TO, y contó con la colaboración de Pedro Borba, Emilio Zárate, Fred Ardila, Diego Gallegos, Josué Granados y Eric Valdez, entre otros.