INAH, un Quetzalcóatl maltrecho: Leonardo López Luján

El arqueólogo, quien fue galardonado con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2024 en el campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, recibirá el reconocimiento el próximo 22 de julio

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Leonardo López Luján

“El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es el gran Quetzalcóatl de México, la serpiente emplumada omnipresente, de la que incluso hay representaciones en el suroeste de Estados Unidos. El problema es que la serpiente está muy maltrecha y requiere, urgentemente, que renueve el plumaje y, de paso, que cambie de piel”.

Así lo dice a Excélsior el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor (PTM), desde 1991, que ingresó al INAH hace 45 años y recién fue galardonado con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2024 en el campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, mientras observa los altibajos de la institución que dirige Diego Prieto.

“En la institución somos miles y todos tenemos la camiseta bien puesta. Tal vez alguno la tenga medio chueca, pero sí nos da tristeza que no estemos en una época dorada. Pero ahí está la solución para que renazca algo maravilloso, como Quetzalcóatl, que renueve plumaje y que cambie de piel, y ahí estaremos a la altura de nuevos retos y le entraremos con alegría, porque lo que más queremos es volver a vivir una época dorada”, asegura el arqueólogo que en su infancia soñaba con ser mayista.

Al final no lo consiguió. Sin embargo, su aventura como arqueólogo lo llevó a explorar sitios mayas como Cobá, Xcalumkín y Yaxchilán, además de la Pirámide de la Luna, en Teotihuacan, a invitación de Rubén Cabrera y Saburo Sugiyama, donde participó en el hallazgo de una ofrenda, y hasta aterrizar en Templo Mayor para convertirse en uno de los especialistas más respetados que estudian el mundo mexica y que deshojan los secretos de ese espacio que define en tres palabras: “Es tierra Santa”.

¿Cómo recibe el premio? “No hay un premio menor, pero éste es especialmente significativo, porque es la máxima distinción a la cual puede aspirar un científico social como yo, en México. Es un grandísimo honor y me da mucho gusto porque no sólo valora mi esfuerzo individual, que no lo puedo negar, sino también el de mi gremio, que es el de la arqueología. No es la primera vez que cae un rayo por aquí, pues soy el quinto arqueólogo que lo recibe”.

¿Cómo entender por qué en Templo Mayor han hallado tantas ofrendas? “Ya vamos en la ofrenda 221, lo que hace a este sitio el más rico en toda Mesoamérica, y eso sólo lo explicas pensando en la capital de un imperio.

“Ésta era como la Manhattan de hace 500 o más años. Eso implica un poder político, económico y militar importante. Aquí llegaban riquezas no sólo del imperio, sino de todo el mundo conocido hasta entonces. Tenemos objetos de jade que venían del Motagua (Guatemala), es decir, de lugares lejanos en una época en la que no había ADO ni Aeroméxico”, expone.

¿Qué falta del rompecabezas llamado Tenochtitlan? “Efectivamente, esto es un rompecabezas, porque arriba tenemos el Centro Histórico, que es la máxima concentración de monumentos artísticos e históricos de todo el continente americano. ¿Y eso qué implica? Que es nuestra herencia europea lo que está arriba, pero la gran paradoja es que, para recuperar nuestra otra herencia –la indígena– no podemos demoler estos edificios.

“Sabemos que nunca vamos a completar el rompecabezas. ¿Qué falta por descubrir? ¡Todo! Porcentualmente, no sé si hemos descubierto el 0.1% de la ciudad (antigua). Igual me equivoco en el número. Lo que sí es que gracias a don Alfonso Caso sabemos que la ciudad abarcaba 13.5 km cuadrados y que albergaba 200 mil habitantes”, expone.

¿Qué le gustaría excavar? “Obviamente, bajo la Conferencia Mañanera (en Palacio Nacional), porque ahí estaba el Palacio de Moctezuma y su vivario o zoológico. ¡Imagínate hallar las jaulas y los estanques del zoológico! O qué tal si logramos encontrar el mercado o las chozas de los habitantes promedio para comparar a los chilangos de hoy con los de hace 500 años, que vivían en una casa de 30 metros cuadrados”, concluye.

López Luján es autor de Las ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan. Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, de la Academia Mexicana de la Historia, de la British Academy y de El Colegio Nacional. Recibirá el Premio Nacional de Artes y Literatura 2024 en el campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía el 22 de julio en la Sala Prinipal del Palacio de Bellas Artes.

A la caza de más hallazgos

Leonardo López Luján adelanta que el PTM está a la caza de una nueva ofrenda dedicatoria (la número 189, aunque como en algún momento se incluyeron letras del alfabeto, sería la 222), para lo cual hace poco se removió la sexta y última cabeza de serpiente, en Templo Mayor, en la cual se espera hallar una colección de esculturas, cuentas de jade y decenas de conchas y caracoles.

Además, detalla que está colaborando con la investigadora mexicana Cristina Valdiosera, afincada en Burgos, España, para realizar “un proyecto ambicioso de DNA que permitirá entender cuál es el contenido genético de las poblaciones indígenas y detalles sobre el mestizaje”.

Otro proyecto es el que iniciará con la Universidad de British Columbia, en Vancouver, donde se trabajará con isótopos estables de oxígeno, de carbono y de estroncio, para determinar los procesos de migración en Tenochtitlan y determinar la alimentación de humanos y animales.

Y, por último, en breve iniciarán la elaboración de un mapa digital de todo el centro histórico, en la época prehispánica, con el apoyo de Saburo Sugayama, quien colabora con la Universidad de Arizona.

Juan Carlos Talavera