Huei Tzompantli de Tenochtitlan: templo de vida y poder mexica a 10 años de su hallazgo

El arqueólogo Raúl Barrera explica que en esta estructura prehispánica se han localizado 655 cráneos desde 2015, de los cuales ya se estudian 214

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Fotos: Cortesía INAH

El Huei Tzompantli de Tenochtitlan no sólo funcionó como un método para amedrentar a los enemigos, sino que también fue concebido como un templo generador de vida, en el que los mexicas sembraron semillas –en forma de huesos y cráneos– para cosechar nuevos guerreros que participaran en la batalla.

Así lo comenta a Excélsior el arqueólogo Raúl Barrera, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a 10 años del hallazgo del Huei Tzompantli, ubicado en el predio particular de la calle de Guatemala 24, en el Centro Histórico, el cual ha permitido profundizar en algunas claves sobre su función y las próximas investigaciones.

Por ejemplo, ahora trabajan en el análisis de isótopos estables para definir la cronología, la movilidad y el origen de los individuos hallados en dicha estructura de cráneos; así como un análisis de ADN antiguo, que aplicarán a cerca de 214 muestras recuperadas para estudio.

Barrera aclara que Huei Tzompantli ha sido consolidado y es monitoreado, aunque aún no es posible dar acceso al público para que visite la estructura, lo cual espera que ocurra en un futuro cercano, sin olvidar el respeto que merecen dichos restos humanos.

Admite que sólo han ubicado una de las torres del gran monumento de cráneos; aunque aún falta hallar una segunda parte, que podría estar cruzando la calle de Guatemala, a la altura del jardín de la Catedral Metropolitana, lo que podría ser un proyecto de excavación a futuro.

Sabemos que al menos existió otra torre de cráneos humanos, tal como lo refirió el cronista español Andrés de Tapia, quien escribió sobre la caída de Tenochtitlan”, al igual que Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, quien describió a detalle dicha estructura que aún guarda interrogantes.

¿Qué tan constante fue la presencia del tzompantli en el mundo prehispánico?, se le pregunta a Barrera. “Los tzompantlis existieron en toda Mesoamérica, en particular en aquellos pueblos con una amplia concentración de habitantes. Incluso los pueblos pequeños realizaban sacrificios, porque era necesario para lograr las bondades de los dioses”, expone.

No olvidemos que servían para lograr un equilibrio entre la naturaleza y el cosmos, que lo consideraban algo necesario. Porque los dioses también tenían vida, ya que eran como los humanos, así que a los dioses había que alimentarlos y cuidarlos, pues ellos también envejecían y morían. Había que tratarlos bien y era ése un compromiso entre humanos y dioses”, dice.

Barrera considera que había tzompantlis en diferentes lugares de Tenochtitlan, aunque tampoco se podría hablar de que el sacrificio humano fuera masivo. “Sin embargo, Tenochtitlan tenía el control de una sociedad muy avanzada y desarrollada, que vivía de la guerra y sus habitantes se consideraban elegidos y descendientes de su dios guerrero”.

Esto implicaba que vivían de la guerra y de conquistar y someter a otros pueblos, apunta. “El tzompantli adquirió la función de un mensaje de control y de sometimiento de los pueblos, y debió ser un mensaje muy fuerte y poderoso.

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Algunos pueblos eran invitados a presenciar las festividades cuando había sacrificio y los atendían bien; pero (el ritual) también tenía esa finalidad, de que observaran el tzompantli y el sacrificio humano para que mantuvieran su tributo a la Triple Alianza. Por lo que el tzompantli también tenía esa función de amedrentamiento de los pueblos que se utilizó, en el caso mexica, cuando ya se convirtió en un imperio”, acepta.

¿Qué relación tiene el Huei Tzompantli con el muro de cráneos que exhibe Templo Mayor? “En Templo Mayor había siete tzompantlis. De éstos, el Huei Tzompantli es el primero que se ha identificado. Pero había otros que aún no los conocemos.

Había esculturas en forma de cráneos humanos que decoraban los edificios; es decir, altares decorados, como el del costado norte del Templo Mayor, que es un altar tzompantli y que no necesariamente sirvió para exhibir cráneos humanos, sino como un pequeño adoratorio”, aclara.

Barrera detalla que los trabajos en el Huei Tzompantli iniciaron en 2015 y que han localizado 655 cráneos, incluidos los 214 que ya se estudian. “Posteriormente, en 2017, hicimos una segunda intervención en el predio, a solicitud de los propietarios del inmueble; pero sabemos que en este predio sólo tenemos parte de dicha estructura”.

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