Gonzalo Celorio, la polarización es el signo de nuestros tiempos

El ganador del Premio Cervantes 2025, que será reconocido en la FIL Guadalajara, presenta sus memorias fragmentadas, que permanecen unidas por los lazos de la palabra y la literatura

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Gonzalo Celorio

Un archipiélago de recuerdos y memorias que hablan de la vida pública y privada del narrador, ensayista y académico Gonzalo Celorio (CDMX, 1948), recién galardonado con el Premio Cervantes, se publican bajo el título Ese montón de espejos rotos, su más reciente libro, que presentará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde también recibirá un homenaje el martes 2 de diciembre.

Este libro aborda temas tan diversos como la salud, el dolor físico, sus vínculos con el teatro, su primer cuento —titulado El antropófago—, sus clases con Juan José Arreola, María del Carmen Millán y Sergio Fernández, quienes le mostraron el vínculo entre academia y literatura.

También aparece su lectura de Julio Cortázar y los trabajos realizados, como office boy, sus pininos en el exconvento del Carmen, como encargado del archivo fotográfico en el Museo del Virreinato, en el Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Son las memorias fragmentarias del autor que mira su libro como un montón de espejos rotos que se entretejen con la palabra y la literatura, expone el también autor de Mentideros de la memoria y Los apóstatas.

¿Es su libro una postura sobre el valor de la memoria? “Un mundo sin memoria sería algo gravísimo. Tengo una novela que se llama El metal y la escoria, donde hablo del Alzheimer, que es atroz y que viví más o menos de cerca, porque mi hermano tuvo esa terrible enfermedad.

“Él era muy memorioso y la paradoja, la ironía de la vida, es que este hombre tan memorista finalmente pierde la memoria. Creo que sin memoria no somos nada. No somos más que una memoria heredada que, finalmente, continúa en nosotros y que heredamos a nuestros sucesores”, expone.

¿Decidió añadir en este libro una importante dosis de humor? “Celebro que se haya leído el sentido del humor que el libro tiene. Yo creo mucho en el sentido del humor. Recuerdo una frase de Cortázar, en Rayuela, que dice que el sentido del humor ha cavado más túneles sobre la tierra que todas las lágrimas que se han derramado sobre ella.

“Pero no quiero decir que en este libro haya un ánimo festivo, porque hay momentos bastante tristes, pero sí hay un hilo conductor que tiene que ver con la alegría, la vitalidad y el humor, aunque el hilo fundamental es la vocación literaria, que está presente desde la niñez hasta la vida adulta. Son memorias fragmentarias que, como espejos rotos, están unidos por los lazos de la palabra y la literatura”, asegura.

¿Por qué abandonó su vínculo con el teatro? “El teatro fue algo que me apasionó durante un tiempo temprano. Empecé a hacer teatro en la Escuela Nacional Preparatoria, en donde representábamos obras que nos quedaban grandes, de Shakespeare a Schiller, pero el sólo hecho de participar en estas puestas en escena me hizo valorar la literatura dramática.

“La vocación teatral es absoluta y no admite distracciones. Como decía Héctor Azar, ‘es el zoon theatrykón, un animal teatral’, y yo tuve esa pasión y me resultó satisfactoria, pero ya no la seguí porque la literatura es celosa y el teatro podía ser incompatible con la creación literaria”, reconoce.

¿Cuál fue la parte más difícil de trabajar en el FCE? “La parte más difícil fue que las autoridades de la SEP (en el sexenio de Vicente Fox), en particular el secretario Reyes Tamez, querían que se privatizara el FCE, es decir, que ya no trabajara con recursos fiscales, sino de la propia venta de sus publicaciones.

“Entonces, traté de defender esa condición del FCE, porque si se privatizaba o se obedeciera a criterios de ganancia y autosuficiencia financiera, pues no se podrían publicar los importantísimos libros que difunde, pues no es rentable publicar a Hegel o a Sor Juana, pero si no lo hace el Fondo, no habría quién los publicara, porque no son rentables; es decir, nunca serán best sellers, y serán, en el mejor de los casos, long sellers”, dice.

Celorio también evoca que la SEP le exigió que las filiales del FCE en Latinoamérica ya no fueran patrocinadas por el erario mexicano.

“Ellos me decían que estaba bien que el FCE desarrollara su labor educativa y cultural en México, pero ¿por qué debía patrocinar actividades en Venezuela, Guatemala, Colombia, Argentina o Chile?, pero la verdad, yo creía que precisamente esa presencia del FCE en esos países era importantísima, porque le daba a México un gran liderazgo cultural e internacional.

“Ése fue mi reto más importante, pero no lo comprendieron bien y llegó el momento en que me pidieron mi renuncia, al cabo de poco más de un año. Sin embargo, quien me sucedió en el FCE (Consuelo Sáizar) no tuvo esas limitaciones que a mí me exigían… y es que yo no era realmente alguien afín al gobierno de Fox. Entonces, me sentía un tanto ajeno a su partido y llegó un momento en que ya no me pudieron sostenerme más”.

¿Cómo ve hoy el FCE? "Eso sí, sin comentarios”.

  • TÍTULO: Ese montón de espejos rotos
  • AUTOR: Gonzalo Celorio
  • Editorial: Tusquets/ Planeta, 2025; 497 pp.

No existió un mejor tiempo en el pasado

Celorio también habla del tiempo que le ha tocado vivir.  “La verdad, no me gusta mucho el tiempo que estoy viviendo, pero puedo decir, con toda certeza, que no me gustaría ningún tiempo pasado.

“Yo creo que todo tiempo pasado fue peor. No me imagino vivir sin anestesia, sin drenaje o energía eléctrica. Es un privilegio haber vivido en esta época, pero todas las épocas de prosperidad y grandes avances tienen también su parte oscura”, apunta.

Sin embargo, reconoce que no le agrada la polarización que se vive en nuestros días.

“Algo que me parece importante y que es un signo claro de estos tiempos en nuestro país, y en el ámbito internacional, es que vivimos en una época de grandes polarizaciones

“La polarización es el signo de nuestros tiempos y estos polos son dos fuertes imanes que impiden que uno se mueva más o menos libremente, porque tienen tal magnetismo que uno acaba literalmente imantado y eso es un poco terrible. Yo creo que la polarización va en contra de la libertad y yo quisiera que pudiera ser libre sin necesidad de ser absorbido o imantado por un polo opuesto”, concluye.

Juan Carlos Talavera