Francisco Córdova y los influjos lunares; planeta danza

El director de Physical Momentum Project sintetiza la zona abismal de su sentir y lo más temerario de su intuición

thumb

Lo que llega tarde; lo traspapelado en las hojas del tiempo; la noche obscura del alma, como lo dirían San Juan de la Cruz y Carl Jung, lo perdido en lo profundo del delirio de lo que no se es; el manuscrito inconcluso; los amores exterminados sin razón, todo ello recae en una enorme Luna que para Francisco Córdova, director de Physical Momentum Project sintetiza la zona abismal de su sentir y lo más temerario de su intuición.

Con dos propuestas diferentes, la primera, Delay en el Palacio de Bellas Artes el pasado 25 de julio y Source en el Teatro de la Ciudad  Esperanza Iris, el próximo 2 de agosto, el coreógrafo y bailarín guanajuatense se coloca entre los creadores más influyentes de su generación y marca la pauta con funciones en los teatros más emblemáticos del país y la Ciudad de México.

Pero incluso en los paraísos hay tormentas. Delay se quedó a la mitad de las expectativas y logros que el reputado artista ha alcanzado, como Ten cuidado con lo que deseas, pieza que marcó un hito en la danza nacional, por la extrema fisicalidad de sus intérpretes, el espectacular diseño de sus luces y la escenografía a manera de un laberinto inexpugnable.

La luna, símbolo maternal, acuático, de ciclos hormonales, onírica, dueña de las mareas, de augurios lunáticos, la forma de alimentar la esencia del ser, omnisciente y gigantesca –literalmente–-, ocupó el foro como una amenaza de su estar siempre ahí, se vea o no se vea, con su lado oscuro y temible. Hasta ahí la idea suena fantástica. Pero lograr que no uno, sino tres dispositivos lunares no avasallaran el foro resultó un esfuerzo fallido.

Con una iluminación muy baja en intensidad, ver a los bailarines fue prácticamente imposible, aunque era claro que todos eran como le gusta a Córdova, rápidos, atléticos, avezados en toda suerte de desplazamientos, lejos de lo convencional y la complacencia. La pista sonora era como ruido blanco y en momentos parecía confundirse con el sonido del dispositivo que lo emitía. El vestuario, si bien funcional, no era bello ni innovador, no lucía teatral sino que consistió en una repetición del mismo esquema que decenas de grupos utilizan al estilo revival de la moda hippie-hindú.

Sin embargo, es digno de destacarse que Córdova advirtió en entrevistas –por supuesto no hubo programa de mano, sino códigos QR–, que lo suyo era un dispositivo a partir del que sucederían acciones, pensamientos y sensaciones. El influjo de las lunas era  entretenido, la ausencia del drama o una narrativa lógica, constante. Todo daba pie a la pregunta: ¿y toda esta belleza al servicio de qué estará? Hasta que la belleza se fue…

Aparecieron los cordeles rotos que sostenían a la luna mayor, las tablas para mover las enormes bolas empezaron a sonar, se oían las voces y lámparas de mano de los técnicos etc. y la ficción saltó fuera del escenario.

Al final la luna gigante salió hacia proscenio y la referencia del planeta que se acerca para estrellarse con la Tierra en la película Melancolía de Lars Von Trier (2011) sustituyó a Delay en mí.

Temas: