Elena Poniatowska, a punto de cumplir 93 años: ‘El amor es mi única certeza’

La escritora y periodista reflexiona sobre sus afectos y su fe en un ser supremo, y ratifica su pasión por la literatura y el arte

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Fotos: Virginia Bautista

Amor y ciencia. Éstas son las dos palabras que revalora la escritora y periodista franco-mexicana Elena Poniatowska Amor (1932) en estos tiempos de violencia e incertidumbre que vive el mundo.

Amor, por lo que significa aceptar, compartir y cuidar al otro, no sólo porque es mi apellido materno; sería muy diferente nuestra vida si lo practicáramos. Y me gusta la palabra ciencia, por los años que viví al lado del astrónomo Guillermo Haro; pero también porque es la solución a muchas cosas, permite tener buena salud y una mejor vida”, afirma en entrevista con Excélsior.

La Premio Cervantes 2013, que cumplirá mañana, 19 de mayo, 93 años, admite que le quedan pocas certezas y que entre éstas destaca la existencia de un ser supremo que creó la vida y el amor por sus tres hijos, Emmanuel, Paula y Felipe Haro.

Mis certezas son que amo a mis hijos, a mis amigos, a las personas que me han acompañado a lo largo de mi vida y sigo amando a mis muertos; a veces platico con Guillermo”, confiesa mientras observa el jardín de su casa de Chimalistac.

Fui una niña muy religiosa. Enseñé catecismo a los que iban a hacer la Primera Comunión. Pertenecí a la Iglesia francesa. Claro que mi fe en Dios se ha transformado. Creo que hay un principio, que el mundo comenzó en algún momento, el gran estallido; pero no sé quién lo inició. Supongo que hay un Dios, pero es muy difícil tener una certeza absoluta”, admite.

La novelista, cuentista y cronista destaca que llega a sus 93 años con buena salud. “Me siento bien, sólo lamento la pérdida de mi ojo izquierdo, para un escritor es triste. Pero oigo bien, me funcionan todas las tripas y el corazón, sobre todo el lado izquierdo (en referencia a su afiliación política), y no he perdido el coco”, dice con la sonrisa que nunca pierde.

Claro que estoy consciente que cuando rebasas los 90 es más factible que te vayas en un abrir y cerrar de ojos, que te caigas de la escalera o en la calle. Sé que a mi edad está más próxima la muerte. Creo que no le tengo miedo; pero, a la mera hora, no sé qué voy a hacer. Sé que hay varias cosas que ya no puedo hacer, como cumplir 15 años; pero todavía me puedo enamorar”, agrega juguetona.

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“Aquí vamos mi hermana y yo con mi mamá, nos lleva al cielo; y se ven los volcanes del valle de México que tanto nos gustan”, dice.

La autora de las novelas Lilus Kikus (1954) y El amante polaco (2019-2021) ha incursionado desde hace tres años en una de sus pasiones que no se atrevía a practicar: la pintura.

Ya tomo clases con un maestro. Viene todos los sábados, de 11:00 a 13:30 horas. Y me acompaña una amiga, que también toma el taller. La pasamos muy bien. Nos reímos mucho”, indica mientras muestra los más de 15 cuadros que tiene recargados en un rincón de su comedor.

Estas somos Kitzia, mi hermana que acaba de morir y yo, cuando éramos niñas, cruzando en bicicleta un trigal en Francia”, describe uno de los óleos. “Aquí vamos mi hermana y yo con mi mamá, nos lleva al cielo; y se ven los volcanes del valle de México que tanto nos gustan. Y este es el observatorio astronómico de Guillermo Haro”, detalla con el rostro iluminado por los recuerdos.

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Cuenta que recrea los paseos en bicicleta que hacía con su hermana Kitzia, en Francia.

Mi mamá me heredó un consejo, un modo de ser que me ha ayudado mucho y ahora trato de practicar: no quejarse nunca, no lamentarse nunca y no volver los ojos atrás”, añade.

A Poniatowska le gusta hablar de su madre, Paula Amor. “He escrito mucho sobre ella. Ahora trato de escribir otro libro. Pero con la edad pierdes fuerza. Necesitas el triple del tiempo de lo que te tomaba antes. Cuando eres joven hay cierto grado de inconsciencia, terminas más rápido tus libros. Pero a lo largo de los años te vuelves más crítica”.

Aclara que nunca se ha arrepentido de entrevistar a alguien y refrenda su pasión por el periodismo. “Me sentí siempre agradecida. Porque yo era una güerita que hacía preguntas sorprendentes, que provenían de mi total ignorancia. Sí me preparaba y tenía la ventaja de hablar francés, inglés y español. Pero me lancé como el Popotas o el Borras. Con inconsciencia.

Hay un refrán que dice: ‘Cuando esta víbora pica, no hay remedio en la botica’. El periodismo y la escritura son así, te pican y ya no los dejas. Se vuelven tu vida”, concluye.

Dice que festejará su cumpleaños con su familia.

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