‘El chal de la mujer del puerto’; Diana Bracho habla sobre su tía Andrea Palma

Guadalupe Bracho –quien después sería Andrea Palma– abrió brecha para las futuras generaciones de actrices al arriesgarse a interpretar papeles transgresores

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Para integrarlo a las colecciones de la Cineteca Nacional se realizó la restauración del chal que usó Andrea Palma en La mujer del puerto.

CIUDAD DE MÉXICO.

Dos actrices transgresoras que enfrentaron a una sociedad conservadora y machista en México del siglo XX. Andrea Palma, en los años treinta, y Diana Bracho, en los setenta. Tía y sobrina abrieron brecha para las generaciones futuras.

En entrevista con Excélsior, Diana Bracho recuerda a Guadalupe Bracho, su tía, quien cambió su nombre por el de Andrea Palma, la mujer que se rebeló a los convencionalismos sociales, ya que fue la primera  que usó pantalones en México y fumó en público, la pionera en dejar de usar brasier. También fue una de las primeras que aprendió a conducir autos, “y manejaba fatal”, recuerda entre risas su sobrina.

¿Cómo era su relación con Andrea Palma?

Mi tía Andrea fue mi madrina de bautizo. Éramos muy cercanas. Era una mujer fuera de serie para su época y de la que aprendí muchísimo, sobre todo ya más adulta. También es la persona más generosa que yo haya conocido”.

De naturaleza libre y con una voluntad fuerte, la niña Guadalupe Bracho soñaba con ser actriz en su natal Durango. “Me enseñó un álbum de fotos de cuando era niña y hacía obras de teatro con sus amigas. Ella se vestía de Nerón, nunca de princesa o de esclava. Siempre fue diferente”, recuerda Diana Bracho.

Mi abuela era muy católica y no quería que su hija fuera actriz porque le parecía inmoral. Ser actriz era como ser prostituta”. Pero la vocación estaba ahí.

Durante la Revolución Mexicana, la familia Bracho tuvo que dejar Durango y venir al Distrito Federal.

Mi abuelo era hacendado, era dueño de fábricas textiles, gente muy pudiente y cuando estalló la Revolución tuvieron que venirse a México. Mis tías ayudaban a mi abuelita a hacer dulces y galletas”. Pero Guadalupe tenía muchos talentos, uno de ellos, hacer sombreros.

Ella era muy elegante, muy chic y comenzó a hacer sombreros, con lo que ayudaba económicamente a la familia. Se le ocurrió poner una casa de sombreros que llamó Casa Andrea –de donde después tomó el nombre que la acompañaría en su carrera artística”, recuerda Diana Bracho.

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En La mujer del puerto (1934), dirigida por Arcady Boytler,  Andrea Palma interpreta a Rosario, una prostituta que utiliza un vestido largo negro. Foto: Elizabeth Velázquez

Guadalupe se convirtió en Andrea Palma y comenzó a actuar, primero en México y luego viajó a Hollywood a buscar una oportunidad.

Mi tía Andrea se fue a hacer una prueba como actriz a Hollywood con Ramón Novarro, un actor súper galán, que era primo hermano de mi papá (Julio Bracho).  El día de su prueba le salió eczema en la cara y no pudo audicionar, pero le pidió a Ramón Novarro que le presentara a Marlene Dietrich.

Mi tía traía un sombrero muy bonito  y a Marlene le gustó. Andrea le comentó que ella lo había confeccionado e invitó a Marlene a que se lo probara y le quedó muy bien, le gustó mucho. En ese momento, Dietrich le pidió a Andrea que le hiciera sombreros como el que acababa de probarse y comenzó a hacerle los sombreros a Marlene, profesión que tuvo que dejar porque la llamaron para hacer cine en México”.

 

LA MUJER DEL PUERTO

Mi tía dejó Hollywood y su carrera de aspirante a actriz  porque Arcady Boytler, el director de cine, la mandó llamar para hacer La mujer del puerto. Él estaba buscando a una actriz con un tipo físico específico y no encontraba. Mi tía Andrea no era muy bonita, tenía un rostro muy fuerte y una gran personalidad. Cuando Arcady la vio, dijo: ‘ella es el personaje que estoy buscando’”.

Mi tía Andrea hizo la película –que fue una obra maestra– y mi abuela le tejió el chal que ella usó y es una pieza emblemática, porque al final, el personaje de Rosario camina por el puerto arrastrando el chal y es lo último que queda de ella después de que se suicida.

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HERENCIA

Cuando yo hice El castillo de la pureza, que fue mi primera película, mi tía me dijo ‘Chata, te quiero hacer un regalo. Te voy a dar el chal que me hizo mi mamá para La mujer del puerto. Quiero que lo tengas tú. Yo tuve el chal y sólo lo usé en ocasiones especiales,  y pensé, ¿qué va a pasar con este chal el día que yo me muera?

Un día, en 2013, platicando con Renato Camarillo, el restaurador, me contó de las colecciones y los rescates textiles que hace y se me ocurrió  regalarle a él el chal como donación a la Colección de la Cineteca Nacional.”

 

USO DEL CHAL

El Ariel por El castillo de la pureza lo entregó Luis Echeverría en Los Pinos. Fue una comida y ahí no usé el chal porque fue al aire libre, pero lo usé para la entrega de los premios de El Heraldo. Para esa ocasión me puse uno de los vestidos que mi tía Andrea usó en la película Distinto Amanecer, una película que hizo con mi papá.

TRANSGRESORA

El papel de El castillo de la pureza (1972) me llegó por suerte. Yo tomaba clases de actuación con José Luis Ibáñez y él me dijo que Arturo Ripstein estaba buscando a una actriz con cierto tipo físico para hacer una película escrita por José Emilio Pacheco y  no encontraba.

Ibáñez me dijo que fuera a ver a Ripstein. En ese entonces yo andaba con mi peinado de príncipe valiente, de overol, cero glamour y hablamos, nos caímos bien y después me llamó para darme el papel. Para mí fue muy importante porque entré al cine por la puerta dorada.

HOSPITALIZACIÓN

Diana Bracho recuerda un hecho que estuvo a punto de quitarle el papel de Utopía, en El castillo de la pureza.

Durante la película me enfermé de muerte, tuve pancreatitis y me hospitalizaron. Arturo Ripstein fue a verme al hospital, yo estaba casi inconsciente, pero le pedí que no me quitara el papel. Él me dijo que sólo podía esperarme una semana más. Y en la fecha acordada me presenté en la puerta del set del foro de los Estudios Churubusco, lista para ponerme mi vestuario.

 

VOCACIÓN

Diana Bracho considera que un actor sólo debería hacer cosas que realmente le provoquen interés, pasión y reto.

He hecho puras cosas que yo he querido hacer. Eso me diferencia de muchas otras actrices.  Yo no voy a trabajar con un director que no me guste o que no respete. Eso me ha distinguido. He roto muchos cánones sin proponérmelo. Yo sólo hago cosas que me convenzan, no tengo prejuicios. Creo que un actor con prejuicios no puede ser un buen actor. No debe haber ningún tipo de prejuicio: ni sexual, ni religioso ni ideológico.

Un actor se debe desposeer de cualquier tipo de prejuicio y yo he sido muy desprejuiciada”, concluye.

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