La moneda en el aire

 

De acuerdo con investigadores desde diversas perspectivas teóricas. Gran parte de los atributos que adquieren los profesionales proviene de sus colegas. Rasgos típicos, como la forma de hablar y de dirigirse a los demás, identifican a los integrantes de un gremio. Los docentes normalistas asimilaron cualidades específicas; sobresalen la solidaridad entre el magisterio y la elevación del normalismo como ideología corporativa.

En contraste con otras profesiones que definieron sus cualidades con altos grados de autonomía, el régimen de la Revolución mexicana encuadró a los maestros en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, bajo reglas que privilegiaron el verticalismo, el patrimonialismo y una estructura rígida de gobierno interno. En pocas décadas, los líderes del SNTE se hicieron con el control de la vida profesional de los docentes. Y, al parecer, el grado de aceptación de esas reglas corporativas —y corruptas— forjó una suerte de obediencia hacia los líderes.

El SNTE se dividió y las prácticas de sus líderes variaron, pero no tanto las de los docentes de base; éstos tienen poco qué decir sobre la política sindical, salvo seguir las consignas de los dirigentes. El problema es que a ellos no les interesa la educación, sino sólo la defensa de sus intereses. Y los escolares pagan por los pleitos sindicales y al gobierno actual parece que no le interesa.

Unos puntos para delinear la coyuntura.

Dos facciones, dos estilos de presión. El SNTE y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación comparten el mismo arsenal —chantaje y amenaza—, pero lo despliegan de manera distinta. La facción mayoritaria opera con astucia retórica y gestos de sumisión calculada; la CNTE va de frente, con un desafío directo y demandas sin límite. La presa que ambos persiguen es la misma: el control de la nómina educativa y de la vida laboral del magisterio.

La apuesta radical de la CNTE. Su estrategia es ruidosa y visible: huelgas, marchas y, ahora, la amenaza de boicotear el torneo de futbol de la FIFA. Es una escalada que busca maximizar el costo político para el gobierno y forzar concesiones antes de que el Mundial acapare la atención.

¿Por qué el gobierno no aplica la ley? La presidenta Claudia Sheinbaum evita recurrir al peso legal contra los maestros disidentes por dos razones entrelazadas. Primera, el temor al costo político: cualquier medida de fuerza puede interpretarse como una represión, lo que contradice el relato del gobierno morenista. Segunda, la afinidad ideológica: la CNTE fue aliada histórica del movimiento que hoy gobierna, y ese vínculo complica la respuesta institucional.

La restricción económica. Detrás de la tolerancia también hay una realidad fiscal: un gobierno al borde de la bancarrota tiene poco margen para ofrecer aumentos salariales o soluciones estructurales al conflicto magisterial. Sin dinero ni voluntad coercitiva, la negociación se convierte en una postergación indefinida del problema.

Un frente de descontento más amplio. El conflicto con los docentes no es el único flanco abierto. Madres buscadoras, campesinos y transportistas también anuncian movilizaciones. El gobierno enfrenta una acumulación de presiones sociales, lo que reduce su capacidad de atención y negociación y aumenta el riesgo de que las protestas se retroalimenten entre sí.

El dilema de fondo. La debilidad del gobierno ante la CNTE no es sólo táctica: revela una contradicción estructural entre el discurso de autoridad del Estado y la incapacidad —o falta de voluntad— para ejercerla. Ceder sienta un precedente; reprimir tiene un costo electoral. En ese estrecho margen se juega la gobernabilidad del sector educativo.

Aurelio Nuño retrata cómo la CNTE devora a Morena gracias a que AMLO la resucitó. Una fábula trágica porque la Coordinadora no sólo engulle a su benefactor, sino que también arrasa la educación pública, mientras las autoridades observan inmóviles tras renunciar a gobernar.

Pudiera pensarse que los militantes de la CNTE son independientes de criterio y luchadores sociales, pero, en el fondo, están controlados por sus líderes. Tal vez la obediencia sea el atributo principal de los maestros mexicanos.