Diego Vega Solorza confronta la masculinidad con su montaje ‘Basoteve’
En Basoteve, el artista sinaloense Diego Vega Solorza explora las violencias asociadas a la masculinidad tradicional desde su propia experiencia

En Basoteve, localidad de no más de 113 habitantes, en el abismo de Sinaloa, se acostumbra iniciar a los hombres hacia su masculinidad montando a caballo. Es ahí, en esa primera acción pública, donde se define bravura, brío y qué tan macho podrá ser un hombre. Diego Vega Solorza, cuyos abuelos vivían ahí, no pasó esa prueba de equitación. De alguna manera terrible, su entrada a la adolescencia le descubrió también su homosexualidad.
Esa fue la mejor de sus suertes, porque se entendió como hombre no binario y encontró en el arte el mejor sendero para desarrollarse y convertirse en uno de los creadores multidisciplinarios más importantes de su generación. Definir su quehacer es apuntalarlo cercano a la arquitectura, el diseño y la plástica. Es un paisajista del cuerpo.
Su montaje Basoteve, metáfora escénica ligada al performance y la danza, se presentó en el Pabellón Escénico del INBA. Describir la experiencia implica adentrarse en el mundo de la violencia de género y verlo a través de un entorno disruptivo, perturbador, confrontador e incómodo, pero de notoria factura. El gore de tan bien hecho eriza la piel.
Vega Solorza no está para complacer a nadie, sino para exponer con gran belleza, el horror. A manera de prólogo, un ente bañado en espesa sangre, en su completa desnudez, como una escultura, se mueve y, de tan brutal, su presencia arroba y disgusta al mismo tiempo.
En una bellísima doble silla de montar, creada como escultura por los galeristas Llano, que son parte del proyecto, presentado en video en la Art Basel Miami Beach en 2024, dos hombres con músculos inflados son luchadores u hombres sadomasoquistas; lo suyo es dibujar escenas de posesión, dominio y sumisión sexual. La eficacia del diseño del vestuario irrumpe para acentuar aún más las acciones.
Nacido en Los Mochis (Sinaloa) en 1990, Vega Solorza hizo su formación en el Núcleo Antares de Sonora, de Miguel Mancillas, y después partió a Bélgica. Ahora cumple diez años de carrera profesional y los celebra con la ovación recibida en el estreno de su inquietante propuesta y, con la invitación de la Limón Dance Company de Nueva York, para hacer un montaje con esa compañía para su 80 aniversario.
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