Andy Warhol; Picasso y Duchamp, sus ídolos

A propósito de la primera gran retrospectiva que se ofrece en México del padre del pop art (muestra en la que están prohibidas las selfies), ofrecemos 
esta estampa

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CIUDAD DE MÉXICO.

Andrew Warhola (Pittsburgh, 1928-Nueva York, 1987) quería ser tan famoso como las estrellas de Hollywood que, cuando era un niño, miraba en la publicidad. Quería ser tan creativo como el pintor Jackson Pollock, a quien conoció durante sus estudios en la Universidad Carnegie Mellon. O tan conceptual como Marcel Duchamp y tan artista como Pablo Picasso. Así se imaginó cuando, a los diez años, enfermo en casa, hojeaba las revistas que su madre le regalaba.  Y al final lo logró: se convertido al final en  Andy Warhol, el icono del pop art.

Hoy existen mucha versiones suyas: el pintor, el ilustrador, el serigrafista, el fotógrafo, el cineasta. También el hijo, el amigo, el amante. Pero su origen es el mismo: un niño enfermizo, tercer hijo de un matrimonio de eslovacos, reticente a los juegos de pelota en la escuela, fiel lector de revistas de farándula y cómics, dibujante innato, de personalidad cautivadora y pensamiento extravagante.

Es el artista convertido en emblema de la modernidad. Precursor de la cultura de imágenes del presente. Transgresor en la producción masiva de fotografías publicitarias entendidas como arte. Y mientras con su presencia excéntrica, la de un joven veinteañero homosexual, se integraba al movimiento de los 60 en Nueva York, disfrutaba de los mimos de su madre con quien vivía. Julia Warhola, su protectora.

Para el curador Douglas Fogle el suyo era un vínculo más que sanguíneo: “Siempre es difícil decir qué pensaban las personas sobre sus familiares, pero sí creo que Warhol tuvo una relación fuerte con su madre y eso fue importante para su obra, a un grado colaborativo, porque varios de los dibujos que hizo en sus primeros años para publicidad tenían un texto de su madre, y a él le gustaba que ella le hiciera el lunch, por curioso que parezca esto en Nueva York”.

Una relación cercana que se gestó cuando enfermó del sistema nervioso que le causaba movimientos incontrolados de las extremidades y desórdenes en la pigmentación de la piel. Su madre decidió mover la cama de su niño a la cocina y cuidarlo desde ahí. En ese momento lo alentó para que tomara cursos de pintura sabatinos. Cuando el cineasta se mudó a Nueva York en los 50, ella lo alcanzó. Ya no se separaron nunca más.

Fogle, quien hizo la curaduría de Andy Warhol. Estrella oscura en el Museo Jumex, detalló en entrevista que probablemente su madre lo influyó en esa personalidad confiada, arrebatada. Pero más allá, le permitió convertirse en el epicentro. En el interlocutor entre artistas e intelectuales, aristócratas, homosexuales y celebridades de Hollywood, modelos y personajes urbanos, publicistas y pintores. Una vida de seducción reflejada en proyectos múltiples como la revista Interview, las películas de cine pornográfico, la creación de su estudio The Factory, y cientos de retratos de personajes populares.

“Andy Warhol no es el inventor del concepto pop art, fue un término que nació años antes en Inglaterra, pero lo aceptó muy bien y explotó esa condición. En entrevistas, cuando le preguntaban, se asumía como un artista de lo popular”, apuntó quien trabajó en el Museo de Arte Carnegie, Pittsburgh.

Es Heredero de un francés y un español

Si Warhol se creó sus propios ídolos, éstos fueron Marcel Duchamp y Pablo Picasso. Del primero se apropió de su manejo de elementos cotidianos, ajenos al arte, para crear conceptos. Del segundo aprendió técnicas pictóricas a partir también de escenas familiares.

Y el autor de retratos en serie de Elvis Presley, Marlon Brandon o Jackie Kennedy, entonces es, afirmó Fogle, hijo de ambos.

“En el siglo XX tenemos dos tipos de arte. El legado de Picasso, que son obras pictóricas, y el de Duchamp, que es arte conceptual. Pero de múltiples formas, Warhol representa ambas tradiciones. Primero era pintor como Picasso, y al mismo tiempo toma objetos de consumo comercial para hacerlos arte como Duchamp que compró un excusado, le puso su firma  y lo presentó como obra de arte. Es algo parecido a lo que hacía Andy Warhol con las imágenes que tomaba para presentarlas a los consumidores”.

Tal vez Warhol se identificó, en términos de su obra, más con Duchamp. El artista francés le enseñó, de manera implícita, cómo apropiarse de recursos visuales comerciales para convertirlos en obra. El ilustrador de publicaciones como Vogue, Harper’s Bazaar, Seventeen y The New Yorker  lo hizo con cajas de cereales o jabón. Es el caso de las Brillo Box, reproducciones de los empaques de cartón que el artista creó a partir de los comerciales. Un ready made hecho por sí mismo.

“La diferencia con Duchamp es que a él no le interesaba crear objetos nuevos, sino utilizar los de la calle, mientras que Warhol opta por crear su propia pieza a partir de una existente. Una especie de ready made del propio ready made”, refirió el curador al recordar que Warhol invitó a su estudio en varias ocasiones al artista francés.

Una vida de desastres

Warhol era hipocondriaco y aborrecía los hospitales, pero su vida estaba marcada por desgracias. Enfermedades, muertes, accidentes o atentados. Y no precisamente vinculados a él mismo, sino a las personas que lo rodeaban. Por ejemplo, hizo el retrato de Marlyn Monroe unos meses después de que muriera. O reprodujo imágenes de accidentes automovilísticos registrados por la prensa.

Y 1968 representó su mayor desgracia: el 3 de junio, Valerie Solanas entró a su estudió y, sin mediar palabra, le disparó tres veces. Cuando Warhol llegó al hospital estaba prácticamente muerto. Pero el crítico de arte Mario Amaya, que también resultó herido, gritó a los médicos: “Es un gran artista, no lo pueden dejar morir”. El pintor volvió en sí.

“Pienso que hay un Andy Warhol antes de 1968 y uno después. Cuando sale del hospital decide tener más control de su vida. Tener más orden al menos en su mente”, refirió el curador. El artista abandonó su época experimental, juguetona y sarcástica, y entra en un trabajo más pensado. The Factory cambia de sede y con ello se acaba el glamour.

En una ocasión Warhol dijo que para conocerlo era necesario mirar en la superficie de sus pinturas, fotografías y objetos. En éstas dejó el reflejo de sí mismo. La imagen serial del artista, del hombre.