El talento no se censura, se impone
Vamos de un defensor de la cultura latina a un diputado ¡que entraría a La casa de los famosos!

Gustavo A Infante
Última palabra
Majestuosa, maravillosa, sensacional y emotiva. No hay un solo adjetivo que alcance para describir lo que vimos en el show de medio tiempo del Super Bowl 60. Lo que hizo Bad Bunny en el escenario más visto del planeta fue mucho más que un espectáculo musical: fue un acto de afirmación cultural, de identidad y de poder latino en la Unión Americana.
Porque sí, hubo un intento evidente por minimizarlo. Hubo un “espectáculo alternativo” pensado para distraer a quienes no querían ver al artista puertorriqueño adueñarse del momento. Pero fue inútil. El Conejo Malo arrasó. Se comió el escenario. Superó por mucho cualquier distractor y dejó claro que cuando hay talento auténtico no existe cortina de humo que lo tape.
Bad Bunny no pidió permiso, no bajó la cabeza, no se suavizó para agradar. Salió a hacer lo que mejor sabe hacer: ser él. Y con eso le recordó a Estados Unidos —y al mundo— que el español ya no es un idioma invitado, es protagonista.
Puerto Rico, al centro del mundo
La elección de sus invitados fue tan poderosa como el show mismo. Ver aparecer a Ricky Martin, el primer puertorriqueño que verdaderamente puso a la isla en el mapa del pop mundial, fue un acto de memoria histórica.
Ricky abrió camino cuando no había redes sociales, cuando cantar en español era una desventaja y cuando el mercado estadunidense no estaba listo para la diversidad.
Ese abrazo generacional, ese relevo simbólico entre Ricky Martin y Bad Bunny fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Dos épocas, una misma bandera: Puerto Rico.
Y como golpe final, la presencia de Lady Gaga fue una lección de grandeza. Una artista estadunidense de talla mundial que entendió perfectamente su papel: no competir, sino acompañar. Reconocer. Respetar. Porque esa noche el escenario tenía dueño y el protagonismo era latino.
Mientras millones aplaudían, otros tantos se incomodaban. Los mismos de siempre. Los que no soportan ver que el talento no tiene pasaporte, pero sí carácter.
Cuando la política se vuelve reality show
Cambiando radicalmente de tema —aunque no de indignación— me entero que la próxima semana arranca La Casa de los Famosos de Telemundo y que, según me confirman, uno de los habitantes será Sergio Mayer Bretón, diputado federal plurinominal; es decir, un legislador que no ganó un solo voto, sino que llegó por lista.
Y aquí es donde uno ya no sabe si reír, llorar o encabronarse.
¿Cómo es posible que un diputado federal tenga tiempo para encerrarse en un reality show? ¿Cómo le hacen en la Cámara de Diputados para permitir esta tomadura de pelo? Sergio Mayer ya estuvo en La Casa de los Famosos México, ha sido panelista de programas de espectáculos, comentarista, opinólogo profesional y ahora, de nuevo, protagonista de un encierro televisivo… pero con sueldo público.
Las preguntas son directas y sin rodeos: ¿A qué hora legisla?, ¿a qué horas trabaja por el país?, ¿a qué horasdesquita el dinero que todos los mexicanos le pagamos?
La diputación no es una extensión de la farándula. No es un casting. No es un pase VIP para seguir en el reflector. Es una responsabilidad enorme que exige tiempo completo, estudio, presencia y compromiso real.
La simulación como forma de vida
El caso de Sergio Mayer es el retrato perfecto de la simulación política. De quienes llegan a un cargo público no para servir, sino para servirse. Para seguir vigentes. Para no soltar la cámara. Para convertir la política en un show barato mientras los problemas del país siguen acumulándose.
México no necesita diputados de medio tiempo ni legisladores influencers. Necesita gente trabajando, no posando. Pensando leyes, no estrategias de rating. Cumpliendo con su encargo, no buscando aplausos.
Información, no circo
Por eso, todos los días, de lunes a viernes a las 11:15 de la mañana, tengo la oportunidad de conducir Gustavo Adolfo Infante TV, mi programa en YouTube, donde analizamos el mundo del espectáculo, sí, pero con seriedad, contexto y responsabilidad.
Ahí me acompañan Alejandro Fernández, nuestro número uno en espectáculos; Mariana Gutiérrez, abogada; Flaminia Villagrán, cirujana plástica especialista en imagen; y Maryfer Centeno, grafóloga. Un equipo de especialistas que informa, analiza y opina con sustento, no con ocurrencias.
Los invito a acompañarnos todos los días en YouTube, Facebook y TikTok, puntualmente a las 11:15 de la mañana.
Cierre demoledor
Lo de Bad Bunny en el Super Bowl fue arte, identidad y talento imponiéndose frente al sistema. Lo de Sergio Mayer, simulación, frivolidad y burla al contribuyente.
Uno dignifica el escenario más grande del mundo.
El otro degrada un cargo público que debería ser sagrado.
Y ahí está la diferencia entre quien se gana su lugar a base de talento… y quien se aferra a la fama mientras cobra como legislador.
En este país ya es hora de aplaudir menos el circo y exigir más resultados.
Porque el aplauso se acaba.