Cuando los griegos se dieron cuenta, después de diez largos años de asedio y combate, de lo estéril de la lucha en campo abierto, recurrieron a la estratagema del ingenioso Odiseo: metieron el caballo de madera tras los muros de Troya y la derruyeron.
La línea defensiva de los Seattle Seahawks penetró seis veces en el territorio de los Patriotas de Nueva Inglaterra, fulminándolos tras vulnerar y romper la línea ofensiva en una expresión estratégica en la que combinaron exitosamente poder atlético, rapidez y peso corporal, visión de campo del entrenador Mike Macdonald y del mariscal de campo Sam Darnold, de 28 años, en el espectacular Super Bowl que presenciaron este domingo cerca de 130 millones de personas de más 200 países y que tuvo por escenario el Levi’s Stadium.
Los Halcones dominaron por 29-13 en un singular partido en que los touchdowns se produjeron en el último cuarto, con algo significante sobre lo que enfatizamos en este espacio: considerar la defensa, diástole y sístole con el ataque, con peso específico dinámico, activo, agresivo, sin características pasivas incoloras. Los Seahawks ofrecieron un modelo del valor de la defensa sin la vistosidad del ataque, pero igual de efectivo. El brillante historial de Tom Brady, Patrick Mahomes y nunca se habría producido sin el soporte de la defensa, cuyo esfuerzo nunca alcanza la vitrina ni la luminosa popularidad ni celebridad de los ofensivos.
El Super Bowl es uno de los grandes espectáculos deportivos acaso en interés mundial semejante a los Juegos Olímpicos y el Mundial de Futbol, con todas las condicionantes lúdicas y agonales: lucha, carrera, choque de gladiadores, colisión muscular de locomotoras, con extraordinaria capacidad física, mezclada con elementos caprichosos, aleatorios, imprevisibles del deporte-competencia; cuánto placer y asombro se experimenta en el lanzamiento del ovoide y la precisión del receptor en plena carrera.
Disputaron el anillo los dos mejores equipos de la Conferencia Nacional y Americana, dos oncenas líderes, en las que la percepción carga las tintas sobre el quarterback Drake Maye, de 23 años, atrapado seis veces, con dos intercepciones, en una actuación que proyectó sus dudas, inmadurez, imprecisiones con receptores ineficaces que lo hicieron probar el polvo de la derrota. Acaso el futuro le reserve algo mejor.
Los primeros minutos, cuando Los Patriotas recurrieron a regresar de patada el ovoide en las primeras ocho oportunidades de ataque y el kicker Jason Myers les anotó los primeros seis puntos en el medio tiempo de 34 y 39 yardas, se dibujó el curso del juego. Se presagió el resultado final. Kenneth Walker III fue el jugador más valioso con 135 yardas por tierra en 27 acarreos más 26 por recepción. Myers estableció récord con 5 goles de campo. Es el segundo anillo de los Seahawks tras que en 2014 vencieron a Broncos de Denver. Y su victoria el desquite de la derrota que sufrieron ante New England Patriots en el XLIX Super Bowl de 2015.
