Retrato Hablado: Spencer Tunick

El artista estadunidense celebra hoy medio siglo de vida

thumb
Altera la privacidad

CIUDAD DEMÉXICO

A Spencer Tunick (Nueva York, 1967) se le conoce sobre una grúa o una enorme escalera de metal. De mirada seria, voz gruesa y firme.  Con un megáfono en mano y una cámara fotográfica colgada al cuello, da órdenes. Organiza gente. Mueve multitudes. Siempre reservado, o tímido, construye grandes mosaicos de cuerpos desnudos en paisaje urbanos. Y con ellos rompe la intimidad. Fractura la individualidad. Altera la privacidad.

Pero el Tunick asediado por la prensa internacional, con secretarias, agentes y un equipo de trabajo a su alrededor como celebridad, se desvanece. En casa, a 45 minutos de la ciudad de Nueva York, vive tranquilo. Sin asistentes ni paparazzis. Con su esposa e hijas, convirtió una granja en su oficina-hogar donde goza de intimidad. Esa que desgaja mientras desnuda a miles de voluntarios.

Es el fotógrafo que hoy celebra su cumpleaños número 50. El artista que hace una década (6 de mayo de 2007) reunió desnudos a 18 mil mexicanos en el Zócalo de la Ciudad de México, el mayor número de participantes en sus instalaciones. Quien inició en la fotografía en 1992 y en 1994 fue arrestado con una modelo desnuda en el Centro Rockefeller en Nueva York. El estudiante de Bellas Artes en  Emerson College, en Boston. Tunick quien usa el cuerpo humano como arcilla para esculturas monumentales. Quien ha recorrido el mundo para desnudarlo: desde Londres y Viena, hasta Montreal, Caracas, Santiago, São Paulo y Bogotá.

Foto:Abdel Meza/Archivo

Poco habla de su historia familiar. Pero se sabe que el gusto por la imagen es una herencia. Su bisabuelo, abuelo y padre fueron fotógrafos comerciales. Aunque Tunick viró la mirada hacia el arte. Su primera cámara fue una desechable color amarillo; un regalo de su padre cuando él estaba en el Colegio Militar, según contó en una entrevista. Con ella retrató a sus compañeros militares, con ropa. Entonces poco imaginó que dedicaría su vida a las instantáneas de cuerpos desnudos.

Tras sus estudios en el International Center of Photography de New York, Tunick retomó las imágenes del etnólogo Edward Sheriff Curtis, conocido por sus retratos de indígenas estadunidenses a finales del siglo XIX, para hacer sus propias composiciones humanas. Sus primeros proyectos fueron Naked States y Nude Adrift, este último fue la primera gira internacional. Desde entonces sus imágenes son imanes de espectadores que, dicen, aprecian el cuerpo sin morbo.

“Ahora hay fotografías de desnudos tomadas en sitios públicos por todas partes, hechas por cualquier fotógrafo. En los años 60 estaba el trabajo de Yayoi Kusama y un puñado de otros artistas que hacían estos trabajos exteriores de desnudos. Esto es una cosa buena que tantos fotógrafos hoy rompen fronteras legales, pero ahora es difícil de encontrar una voz con mis  retratos individuales”, confesó el artista en su cuenta de Facebook.

Desnudez del alma

Tunick desnuda el alma, no el cuerpo. Lo ha declarado en diferentes ocasiones al intentar explicar por qué retrata a personas sin ropa. “Es un acto de respeto a la vida”, dijo en 2014 cuando presentó la segunda instalación en San Miguel de Allende, ciudad a la que ha retratado en tres ocasiones diferentes, y visita cada verano; incluso podría elegirla para vivir en su retiro.

Para él, el cuerpo humano es el contenedor del alma, y en su desnudez se refleja la belleza y la pureza del hombre. “El cuerpo me interesa en su abstracción, yo disfruto de crear posiciones con el cuerpo como herramientas de poder, de magia”, añadió al hablar de Inversión, su última instalación en Guanajuato con una veintena de personas.

Frente a la cámara de Tunick, sin prejuicios ni tapujos, la masa humana se hace cómplice. Se diluyen las diferencias. Se acortan las distancias. Todos los cuerpos son iguales frente a su mirada. Y en esa complicidad, los miles se hacen uno: el individuo hecho colectivo; el pudor, libertad.

Esa liberación que encontraron los siete mil colombianos en la plaza Bolívar de Bogotá en mayo pasado; la misma de las cien mujeres que en junio protestaron contra el presidente electo Donald Trump durante la convención republicana de Cleveland. La soltura de los 600 suizos que posaron en 2007 sobre un glaciar en Suiza para una campaña de Greenpeace; igual como hicieron los 840 personas en el Museo Kunst Palast en el marco de la primera cuatrienal de arte de Düsseldorf en 2006.

“Para mí, el cuerpo desnudo es como una materia prima. Otro artista podría utilizar el aceite o la arcilla. Me encanta el hecho de que, en masa, que se puede convertir en un número infinito de formas o abstracciones. El entorno rural o urbano es como un lienzo”, afirmó quien ha expuesto sus videos y fotografías en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber; el Museo de Arte Contemporáneo de Cleveland; la XXV Bienal de São Paulo, Brasil; la Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon, Francia; el Museo de Arte Contemporáneo de Montreal, entre otros.

Entonces en las imágenes de Tunick la figura humana sufre una metamorfosis. Se pierde. El espectador no mira una mujer o un hombre, sino paisajes abstractos. Son composiciones que toman de escenario entornos urbanos, principalmente, para resignificarlos. Sobre todo los sitios de carga política o histórica como el Zócalo de la Ciudad de México, o la Plaza España en Barcelona, o la explanada de las oficinas de la ONU. Lugares que adquieren un nuevo sentido al ser tapizados de desnudez humana.

Inmune a la crítica

Desde sus primeras intervenciones en la década de los 90, Tunick ha sido criticado, y sus instalaciones vistas como espectáculos. Y en reiteradas ocasiones fue detenido por la policía de Nueva York por alterar el orden mientras trabajaba con modelos desnudas. Pero en tres décadas de trayectoria el artista se ha hecho inmune a las restricciones legales igual que a los comentarios de los críticos de arte.

En junio de 2000, consiguió que el Tribunal de Estados Unidos le concediera un amparo para realizar de manera libre su trabajo en Nueva York. Y a quienes dicen que sus obras son un espectáculo, asegura que es porque nunca han participado en una.

Temas: