Algunas cosas que siempre odió Leonora Carrington

Este miércoles se cumplen 5 años de la muerte de una de las surrealistas más importantes

Por: Garuyo

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CIUDAD DE MÉXICO.

Es innegable la importancia de Leonora Carrigton para México, su pintura surrealista coinicidía con su carácter que rayaba en lo excéntrico. 

Harta de los reporteros, las preguntas sin salida, las corridas de toros, y más, hizo de algunas de estas particularidades, y otras tantas, sus favoritas para aborrecer en sus momentos en los que no estaba esculpiendo, escribiendo o creando un cuadro. Te contamos sobre las cosas que siempre odió. 

Los reporteros

En cada una de sus entrevistas, Leonora se veía distante y muy cortante ante las preguntas de periodistas. Y más con aquellos que se atrevían a cuestionarla sobre el significado de sus pinturas, a lo que ella sólo les contestaba un poco enojada: “¿Qué es lo que ves?”…”Ah, pues eso es”. 

La especie humana

“Hay muchos animales que me gustan... El primero no es el ser humano; lo pongo en el lugar más bajo de mis preferencias. El ser humano es un ser terrible que asesina y me da mucha tristeza pensar que yo soy de esta especie”, dijo en entrevista con Homero Aridjis.

Que le preguntaran sobre su relación con Max Ernst

En una ocasión, después de la pregunta que le hizo un entrevistador sobre su relación con Max, ella dijo: “¿Te gustaría que yo te preguntara de tu vida erótica delante de tu mujer?”.

Ernst y Carrington se conocieron en 1937 gracias a unos amigos en común que tenían. Un año después, ambos se mudaron a Saint-Martin d’Ardèche, y ahí ella inició sus esculturas de figuras fantásticas. El amor de esta pareja llegó a reflejarse en los libros: La casa del miedo, La dama oval, y otros, que tuvieron las ilustraciones de Ernst.

Hablar sobre su estancia en el manicomio

De acuerdo con Elena Poniatowska, gran amiga de la pintora, a ella no le gustaba hablar sobre su estancia en el manicomio de Santander en Madrid, en el que fue encerrada por oponerse al fascismo y querer frenar la guerra. 

Dentro del hospital, y bajó un colapso nervioso, escribió Memorias de abajo. Aquí relata algunas de las atrocidades que vivió: “Me arrancaron brutalmente las ropas, me ataron con correas, desnuda, a la cama… Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible”. 

A las monjas

Su madre era católica, y por ello Leonora tuvo que estar durante su infancia en varias escuelas religiosas, de donde la corrían frecuentemente porque era muy rebelde y traviesa.

La rabia que sentía Leonora hacia las monjas y la escuela lo reflejó en La Debutante , el cual escribió a los 18 años. Inpirada en la vida de la pintora, Poniatowska escribió Lilus Kikus (ilustrado por Carrington) y relata la historia de una pequeña niña que se enfrenta a ese mundo religioso, donde  hace una que otra travesura. 

Las corridas de toros

En sus primeros días en México, Leonora asistió a una corrida de toros y le pareció una barbaridad. Se dice que una vez la sacaron de una Plaza porque cada vez que un toro brincaba al callejón o correteaba a otros toreros, ella aplaudía

La pintora explicó así una de sus vivencias:  “El público echó botellas y cojines; arrancaron los anuncios de hojalata y los echaron al ruedo, en fin, echaron lo que pudieron. Luego el mismo público mató al toro y lo cocinaron. ¡Todo esto en la plaza!”. 

El machismo

La pintora fue criada junto a otros tres hombres, según ella “completamente salvajes”. El mayor, Pat, recuerda Leonora, era el más sádico de todos y cuando éste se juntaba con dos de sus amigos a ella y sus dos hermanos menores los amarraban a unos árboles, y luego los molestaban.

Lo peor: los amigos de su hermano siempre le decíanque las niñas no podían hacer muchas cosas porque no eran lo suficientemente buenas.   A partir de ese recuerdo la pintora no estuvo dispuesta a que otros le dijeran qué hacer. Su actitud  rebelde le hizo llegar a una escuela a estudiar arte, en parte por la ayuda de su mamá, quien era la única en su familia que la apoyaba. 

Cocinar

“La cocina no me gusta y me da dolor de espalda, y tampoco quiero engordar, aunque si cocinara no engordaría porque da un poco de asco lo que uno cocina”, dijo la pintora. 

*Fotos: Especial

Texto: Claudia Aguilar

Visita, Garuyo

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