Tristan Tzara, apóstol de la rebelión dadaísta

Se cumplen 120 años del natalicio del poeta y ensayista de origen rumano, fallecido en Francia en 1963

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“Estábamos resueltamente contra la guerra. Sabíamos que sólo se podía suprimir la guerra extir-pando sus raíces; el disgusto se hacía extensivo a todas las formas de la civilización llamada mo-derna, y la rebelión asumía modos en los que lo grotesco y lo absurdo superaban largamente a los valores estéticos.” Tristan Tzara poeta y filósofo. Foto: Tomada por Man Ray en 1924

CIUDAD DE MÉXICO.

Nacido en Moineşti, Rumania, un 16 de abril de 1896, Tristan Tzara, poeta y filósofo dadaísta que hoy cumpliría 120 años, consagró su vida y obra a difundir, desde principios de 1916, el movimiento cultural de vanguardia más radical en la historia del arte.

Como señala Octavio Paz en Los hijos del limo, su gran ensayo sobre la poesía moderna, “sin Dadá, nacido en Zúrich y traducido por Tzara al francés, el surrealismo sería inexplicable”. El Nobel mexicano llega a la conclusión de que la predilección por el idioma francés en la primera mitad del siglo XX “revela el papel central de la vanguardia francesa en la evolución de la poesía moderna”.

Pero la influencia de Tzara, seudónimo de Samuel Rosenstock, nombre que negó rotundamente, no se reduce a la poesía y la literatura del siglo pasado, sino que abarca el arte y la cultura occidental en su totalidad.

Matriculado en Zúrich en cursos de filosofía, para 1916 aquella ciudad se había convertido en refugio de innumerables personajes; Tristan Tzara, según apunta René Lacôte en su biografía sobre el autor dadaísta, incluso había jugado al ajedrez con Lenin en el café Terasse. Decidido a permanecer en Suiza, como muchos otros extranjeros ante la declaración de guerra en su país, la situación lo condujo a fundar, junto con Hugo Ball, Marcel Janco y Richard Huelsenbeck, entre otros artistas, en las reuniones que se organizaban en el Cabaret Voltaire, en el número 1 de la calle Spiegelgasse, el movimiento dadaísta. En los siguientes años se extenderá por Berlín, París y Nueva York, para dar inicio, con sus actuaciones y obras, el arte contemporáneo como lo conocemos ahora, con sus performance, happenings, arte conceptual y pop.

Si las obras de Marcel Duchamp representan la principal crítica a las nociones de arte, obra y artista que el dadaísmo, con ironía, pretendía destronar, Tristan Tzara fue el principal “apóstol” de esta revolución intelectual.

Con apenas una decena de libros, entre los que destacan La primera aventura celestial del señor Antipyrine (1916), primer texto dadaísta publicado con grabados de su amigo Marcel Janco, Siete manifiestos Dadá (1924) o El hombre aproximativo (1931),    este autor de origen rumano, que escribió prácticamente la totalidad de su obra en francés, cuestionó todos los valores sociales con rebeldía y una aparente irreverencia, algo que no permite estimar la importancia de su pensamiento teórico y filosófico.

“Tzara ve factible la construcción de un nuevo hombre, uno que haga cuerpo con la diversidad cósmica. Un hombre que sea capaz de captar la diversidad que lo envuelve y que lo constituye”, asegura la investigadora española Núria López en su trabajo El pensamiento de Tristan Tzara en el periodo dadaísta.

“Dadá nació de una rebelión que exigía una adhesión completa del individuo", escribió el propio Tzara, sin consideraciones con la historia y la cultura, una idea que el poeta no abandonaría ni en el lecho de su muerte, ocurrida en Francia en 1963.