‘Lolita’, la obra literaria rescatada del fuego

La novela de Nabokov, que sobrevivió a la censura y las llamas, sigue siendo polémica y provocadora, pero también sutil y compleja

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CIUDAD DE MÉXICO, 27 de septiembre.- Fue a finales de septiembre de 1955 que Lolita salió al público. Después de ser rechazada por al menos cuatro editoriales estadunidenses, acusada de pornográfica, erótica y peligrosa; “un parto doloroso”, confiesa Nabokov en su autobiografía Habla, memoria.

Rescatada del fuego por Vera (esposa de Nabokov), Lolita cayó en París en manos de Maurice Girodias, editor de The Olympia Press, quien accedió a publicarla con la condición de que el autor firmara con su nombre y no con seudónimo, como era su intención. La pequeña editorial parisina incluía en su catálogo textos en inglés de literatura censurada, con temas eróticos y avant-garde; entre otros autores había publicado a William Burroughs y Henry Miller.

Impresa por primera vez en dos sencillos tomos de pasta verde, Lolita llamó de inmediato la atención. Parece que fue Graham Greene quien despertó el interés al declararla, en The Sunday Times of London, una de las tres mejores novelas aparecidas ese año en inglés. Pasó de ser prohibida en 1956, devuelta al mercado francés en 1958 y por fin publicada en Estados Unidos, a ser traducida en diferentes partes del mundo en 1959 y llevada al cine por Stanley Kubrick en 1962.

El escritor y catedrático en Letras Inglesas de la UNAM, Hernán Lara Zavala, señala que la relevancia de Lolita “es imperecedera”. Superior a muchas obras, “destaca por su virtuosismo verbal y literario”. “Sin duda Lolita es su obra más lograda”. A la manera de Don Quijote “entra en el ámbito de las novelas cómicas, humorísticas. Pero contiene, como la obra de Cervantes, una parte seria muy importante. También es una novela de amor, lúdica, juguetona, al mismo tiempo que irónica, paródica y una feroz crítica acerca de la mentalidad y las costumbres de los Estados Unidos”.

Conocida básicamente por ser la historia de un cuarentón enamorado de una niña de 12 años, el libro es la confesión de un asesino y su atracción sicalíptica por las nymphets; personificada en su hijastra, con la que viaja por EU.

“Ahora —narra el protagonista de Lolita— creo llegado el momento de introducir la siguiente idea: hay muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de las ninfas [...] Propongo designar a esas criaturas con el nombre de nínfulas” (Anagrama, pág. 24).

Y aunque la palabra nínfula no prosperó como parte del concepto, la imagen de Lolita ha llegado a ser tan popular que incluso alguien que no conoce la obra sabe a qué alude.

Para Hernán Lara Zavala este “Retrato del artista como viudo blanco”, como conviene en llamarlo, resalta “por su amor imposible, perentorio”, revelando “la metáfora de la crisálida” que no se puede retener. Autor de libros como De Zitilchén (1981) y Península, Península (Alfaguara, 2008), Lara enfatiza la cualidad de Nabokov para burlarse de diferentes teorías:

“Toda la primera parte de Lolita es irónica, toda la segunda parte es paródica”. Es, al mismo tiempo, “una crítica a la sociedad norteamericana pero también un poema a la belleza, representada en Lolita, y a la fugacidad del amor. La manera como juega con el lenguaje, a lo largo del texto no hay ni un solo momento en el que (la novela) se caiga”.

“Me gusta tomar una palabra y darle la vuelta, para verle el reverso brillante o mate. Se encuentran toda clase de cosas estudiando el reverso de una palabra”, decía Nabokov. Es evidente cómo Lolita contiene un relato secreto: la aventura amorosa del autor por el lenguaje inglés.

“Sin duda, Nabokov se sirvió de su extranjería para renovar el inglés”, escribe Juan Villoro en su ensayo La piedad del asesino, “a su intrincada pericia lingüística se sumó el tono del visitante insólito”. Y capitula: “Desde el punto de vista jurídico, Lolita es un crimen; desde el punto de vista literario, la más conmovedora historia de amor”.

A sus 60 años esta famosa joven continúa generando polémica; su reputación, que sobrepasa al libro a través del mito, y su calidad literaria la colocan entre las mejores novelas del siglo XX y una de las más conocidas.

Ha vendido más de 50 millones de ejemplares. En 2007 apareció en los primeros lugares del libro El Top Ten: Escritores eligen sus libros favoritos, donde 125 autores recomendaron sus títulos preferidos. Anagrama sacó en junio de este año su quinta reimpresión mexicana.

Pero a Nabokov el éxito de Lolita nunca le molestó: “no soy Conan Doyle, quien por esnobismo o pura estupidez prefería ser conocido como autor de una historia de África, que imaginaba muy superior a su Sherlock Holmes”, comentó en tono burlón para el programa de TV francesa Apostrophes en 1975. Y le parecía interesante plantearse “el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula, que yo inventé en 1955, ha sufrido en el gran público”.

Lara Zavala destaca a Nabokov como “uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX” y concluye que el valor de esta obra está en el texto mismo, que logra hacer sublime “la historia de una chiquilla que habría sido irrelevante sin la novela”.

Parece que pasa el tiempo sobre las palabras que Mario Vargas Llosa escribiera en La verdad de las mentiras acerca de Lolita: que hizo a su autor “rico y famoso pero el escándalo que rodeó su aparición creó en torno a esta novela un malentendido que ha durado hasta nuestros días”.

“Conviene situarla donde le corresponde —agrega el premio Nobel 2010—, es decir, entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Lo cual no significa por cierto que no sea, también, un libro provocador”.