¡La Minter en el MUAC!
El artista Fernando Llanos recrea la visita guiada que ofreció dentro de la muestra Ojo en rotación: Sarah Minter, imágenes en movimiento 1981-2015

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de mayo.- La semana pasada me invitaron a dar un recorrido por la exhibición de Sarah Minter en el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM, la idea era hablar de la manera más desenfadada y dar una lectura para ayudarle al publico a adentrarse en el discurso de la creadora. Después de ver toda la expo, leer el jugoso libro-catálogo de la misma, y charlar con la artista, escribí unas notas para no olvidar ninguno de los puntos a tratar durante el paseo, a continuación se las comparto por si gustan darse una vuelta a CU les facilite adentrarse en tan agasajable exhibición.
Lo primero que hice fue pedir autorización para poder realizar el recorrido en patines. Lamentablemente lo más que accedieron fue a que diéramos el recorrido descalzos, así que una vez habiéndonos quitado los zapatos en la entrada del museo, lo primero que hice fue ponerlos a hacer ejercicios de calentamiento físico en círculo, como en la primaria. Estirar y trotar sobre nuestro lugar para poder subir el ritmo cardiaco. De ahí corrimos todos en grupo hasta la primera pieza. Toda experiencia excepcional comienza por ser diferente e inusual, y de esa manera garantizaba que por lo menos comenzáramos el periplo con otros ojos.
Montada en el exterior de la sala, la primera pieza que encontramos es Spinning (2006). Nos muestra una vertiginosa Ciudad de México vista desde el WTC. Es una anécdota visual sobre la velocidad y el movimiento con que la artista ve la vida, pero también sobre la naturaleza lineal y horizontal con la que se construyen los videos en la era digital, una espectacular toma panorámica que simplemente juega en diferentes monitores con el principal elemento de este medio: el tiempo. Por el punto de vista de la grabación, pero también por la danza y el teatro que marcaron una relación tan consciente de la artista con su cuerpo, me parecía que esta pieza tenía que ser vivida con el pulso acelerado, y así lo hicimos.
Después se abrieron las puertas y llegamos a la pieza Intervalos (2001-2004) que muestra 17 monitores con diferentes momentos en la vida de Minter, breves tomas que se traslapan formando diferentes microrrelatos para repetirse al infinito: viajamos de un desierto en el norte del país, a un picnic nudista teutón, de un baño en tina con su chico, hasta el rostro del mismo mientras experimenta un kaleidoscópico orgasmo. La lectura se da mediante el recorrido físico de la primera sala, y nos recuerda las bondades narrativas de una instalación que promueve la libre asociación. Cabe subrayar que cuando estos videos se crearon no se había volcado la intimidad de la humanidad a la esfera publica en internet ( YouTube nace hasta 2005).
Un oscuro pasillo nos lleva a la siguiente sala donde podemos apreciar la pieza más antigua de toda la exhibición, Sinfonía del color (1981), una experimentación formal cuyo valor es arqueológico. Los pioneros del video en México sólo son cuatro comprobables hasta el momento: Pola Weiss, Andrea di Castro, Ulises Carrión y Felipe Ehrenberg trabajaron con el medio en los años 70. Por un par de años, literalmente, a Minter le toca inaugurar la siguiente década, que se aleja de las investigaciones formales para involucrarse con un discurso más social. La manera en que envejecen las piezas que se vinculan con tecnología, me recuerda la vertiginosa caducidad de los juguetes con los que trabajamos. Obsolescencia programada le dicen ahora y, pese a que en algunos países está penada, a los creadores en medios nos place degustar la sutileza de su impronta.
A continuación vemos dos de las siete versiones de la pieza Háblame de amor (2010-2015) que documentan el momento de intercambio de información verbal más antiguo de la humanidad: la sobremesa. Mediante un tono voyerista nos recuerda la importancia de esos espacios de reflexión e interacción que hemos perdido con el ajetreo cotidiano. Ahora “charlamos” más por feis o güatsap que en vivo. Aquí vemos un claro ejemplo de un esquema participativo, sencillo pero muy efectivo: Pon a tus amigos talentosos frente a una cámara, dales de comer y beber, y diles que te hablen de amor. La velada seguro será memorable, y la contundencia de la pieza sólo dependerá de la edición.
Frente a los banquetes videográficos encontramos Érase una vez un tren (1985-2014), un reciclaje personal que remezcla dos grandes películas que hizo en los años 80 y cuyo principal motivo es el tren. Me recuerda que hasta las grandes bandas sacan discos de sus canciones en versión bailable, y que si hay algo que disfruto del video es su capacidad de compartir memorias. ¿Dónde quedaron los trenes que nos dieron Tierra y Libertad? Hay un tufo revolucionario y anarquista en el punk de esta mujer.
Viajes en un día y una noche por la Ciudad de México se encuentra a continuación, en una sala aparte, es una videoinstalación a tres monitores que fue comisionada por Nestor García Canclini y magistralmente fotografiada por su expareja Gregorio Rocha. Desde el amanecer hasta el anochecer nos muestra al mayor protagonista de toda la exhibición: Chilangolandia y sus habitantes.
No es un video proturismo, no son tomas “bonitas”, son pedazos de vida, grabaciones de una golpiza en el metro, un mariachi peinándose, unos borrachos en Garibaldi, su hijo Emiliano en una resbaladilla en un parque, etc. La protagonista es una ciudad de adeveras, sin maquillaje y con sus modos políticamente incorrectos de hace tres décadas. Una voz en el video dice “No podríamos acostumbrarnos al aire limpio de provincia”, y recuerdo como Sarah se fue a vivir a Cuernavaca hace un par de años y regresó al DF al poco tiempo. Creo que por eso me gusta su trabajo, me llena y contagia su fascinante manera de ver y admirar a este monstruo capitalino de veintitantos millones de cabezas.
Esta reflexión me lleva a su pieza más amena y efectista, la más reciente de todas: Ojo en rotación (2015) es una grabación en video de 360 grados realizada con múltiples cámaras de alto impacto que retratan todo nuestro espectro visual, la famosa búsqueda de la inmersión completa que el futuro audiovisual nos promete. Nos muestra la realidad desdoblada de una manera peculiar, excéntrica y concéntrica a según se observe desde dentro o desde fuera de la pieza. Para mi gusto y estatura es un poco pequeño el montaje, pero estoy seguro que se puede ajustar en futuras presentaciones.
Para cerrar, hay una sala donde encontramos varios monitores con piezas monocanales, VideoRoad (1984) es mi favorita de este bloque, de corte videoclipero nos recuerda a nuestro país cuando se podía transitar libremente por todo tipo de veredas. El México que se nos fue, ese que quizá nuestros hijos no puedan conocer, el que no era privatizado, ni bañado en sangre, ni retratado desde la sana distancia del dron, ese México está documentado en esta y en otras cintas. Frente a estos monitores se encuentra también la bella Minueto (2010-2014), toma expandida de su largometraje Nadie es Inocente (20 años después) y realizada en colaboración con Rogelio Sosa (ruidos) y su hijo Emiliano Rocha Minter (fotografía).
En esa misma sala, en el muro encontramos una lista del Ciclo de Cine con siete piezas de largo aliento: San Frenesí (CUEC 1983), o las aventuras de una morra por tratar de llegar a las Europas desde el D. F. vía Veracruz; Nadie es inocente, mi pieza favorita de toda la retrospectiva, hecha con y por punks de Neza en los basureros del noroeste de la Ciudad de México; Summer in Utopía (2012) que vincula su espíritu punteo con la idea de las utopías en la lejana Christiania; etc. Algunas hechas en cine, otras en video. Algo peculiar de esta exhibición es que los platos fuertes son muy extensos y hay que agendarles muchas horas para poder degustarlos, pero vale la pena la visita o la googleada, que ya hay espacios en línea que las trasmiten. Es aquí donde extraño un DVD que acompañe la publicación que sacaron para la expo. Así como extraño conocer los materiales de su etapa formativa, todo lo que hizo para televisión (canal 5), las películas experimentales con Olivier Debroise, o sus actuaciones adolescentes en cine y teatro, o hasta sus diseños gráficos. Pero bueno, es la primera vez que se monta esta exhibición, seguramente para futuras sedes estos detalles se podrán pulir.
¿Dónde y cuándo?
Ojo en rotación: Sarah Minter, imágenes en movimiento 1981-2015 se exhibe hasta el 2 de agosto en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Insurgentes Sur 3000).