Obra de Juan O’ Gorman es revalorada por especialistas

Una compilación de su trabajo, integran el libro “Casa O’ Gorman 1929” que se presentará en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo

thumb
La presentación de la edición coeditada por Conaculta e INBA, con fotografías y reproducciones de planos, tendrá sede en una de las primeras estructuras funcionalistas que construyó el arquitecto

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de marzo.- “Juan O’Gorman establece el kilómetro cero de una nueva etapa de la cultura mexicana y permite que hablemos de un nuevo comienzo de la arquitectura contemporánea en México”, afirma el investigador Víctor Jiménez al referirse a la Casa O’Gorman, la primera residencia funcionalista en la Ciudad de México que celebra 85 años de su construcción en San Ángel.

En una época en que el art déco invadía la fisonomía de la ciudad, la casa que hoy alberga el Museo-Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo marcó una clara distancia con la “belleza de la forma” para priorizar la ingeniería de la construcción. Entonces fue la primera que hizo evidente un tinaco de agua en la azotea, una escalera de concreto al exterior y sus instalaciones eléctricas fuera del muro.

“La casa es la partida del kilómetro cero de un joven que tiene 24 años, que acaba de terminar la escuela de arquitectura y tiene un background, una experiencia cultural, y no intentaba emular en el sentido literal a Le Corbusier, porque yo creo que había sido más radical que él. Él (O´Gorman) decía que nada más quería hacer ingeniería de edificios en el mejor sentido en que le habían enseñado su maestro (Guillermo) Zárraga y (José Antonio) Cuevas”, agrega Xavier Guzmán, subdirector general de Patrimonio Artístico del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Los investigadores retoman la casa como objeto de estudio en el libro Casa O´Gorman 1929, que hace una narración estética e histórica de la construcción para argumentar su vigencia, e incluso su revaloración luego del proceso de restauración que entre 2012 y 2013 se realizó en el que también se conectó el inmueble con el que era estudio de Diego Rivera para integrarlo al museo.

La publicación muestra los planos originales del inmueble, recortes de prensa de la época y fragmentos de la autobiografía del arquitecto para hacer un recorrido por 85 años de esta construcción.

En entrevista, Jiménez y Guzmán coinciden en que la casa marcó el inicio de la modernidad no sólo por su concepto funcionalista sino por conciliar el pasado y el futuro en un mismo espacio, la cultura popular mexicana con la vanguardia extranjera, y así romper los cánones de la estética moderna que desdeñaba lo local.

“Por la naturaleza de la arquitectura moderna no podía hacer una especie de transición con el pasado, porque parte de su programa era romper con el pasado. En los modernos no hay acuerdo alguno, pero en el caso de O´Gorman encuentra la posibilidad de comprar dos canchas de tenis del Club Altavista y construir en una de ellas una casa que sale el costo de su bolsa, que construye para sí mismo y es un buen ejemplo de la sensibilidad al acento local”, añade Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo.

Sin restarle crédito al pensamiento “radical” del también pintor, el investigador hace evidente el tiempo cultural que vivió el arquitecto y, sobre todo, el entorno artístico donde se desarrolló. Así quien influyó de manera directa en el proyecto fue Diego Rivera al convertirse en una suerte de “padre” artístico con sus ideas estridentistas.

Mientras críticos de la época definían la casa como un “horror”, el muralista la ampara como una vanguardia: “Le dice Rivera a Juan O´Gorman que esta casa no es que no tenga una estética, sino que es una arquitectura que inaugura una nueva estética, y da un paso adelante”, recordó Guzmán.

Una máquina de habitar

En su biografía, el autor de los murales en la Biblioteca Central de CU y de 24 escuelas públicas en la ciudad describió su construcción como una máquina de habitar, y si bien comprendía el horror que causaba, aseguraba que se trataba de una obra de ingeniería correcta a partir del mínimo gasto y esfuerzo a cambio de la mayor eficiencia.

“Dicha casa no fue un simple capricho de carácter artístico, ni una construcción en función de una teoría abstracta, sino que en realidad aplicáronsele los principios de la arquitectura funcional, que después fueron la base para las construcciones escolares que hice en el Distrito Federal y que influyeron en la arquitectura que en México se hizo posteriormente”, explicaba el arquitecto en un fragmento que rescata el libro.

En ese sentido, Jiménez señala que el concepto funcionalista se creó en Chicago con el arquitecto Louis Henry Sullivan quien apuesta por un lenguaje decorativo austero en contra de la ornamentación de los rascacielos y, aun cuando la arquitectura desde su origen busca espacios útiles, no era una prioridad para los proyectistas en esa época.

“O´Gorman muy receptivo a estas ideas, y claro que está en un ambiente en que sus maestros lo impulsan a buscar más allá de lo decorativo, y comienza a darse cuenta de que las corrientes de la modernidad van por otro camino. En cierto sentido el funcionalismo se da de una manera natural, pero también se necesita una personalidad muy radical, y él tenía esa radicalidad”, opina Jiménez.

El libro, con un texto del arquitecto japonés Toyo Ito, Premio Pritzker, relata también el proceso de restauración que se realizó hace dos años con la intención de reactivar el espacio museístico; en los trabajos se respetaron los planos originales para la reconstrucción de elementos como la escalera exterior.

Primer proyecto

El terreno de mil 110 metros cuadrados, que hacían dos canchas de tenis del Club Altavista en los años 20, fue para Juan O´Gorman una hoja en blanco para diseñar y construir a su gusto su primer proyecto arquitectónico. Pagó seis mil 500 pesos y, de su propio dinero, costeó la construcción.

Si bien el propio artista edificó la historia de que la casa era para sus padres, en realidad no había cliente como tal, pues a quién podría venderle una residencia elevada en cuatro pilares y con una escalera geométrica al exterior sin barandal.

“En la época no era de prestigio hacer una casa para uno mismo, por eso inventa que era para su padre, pero desde el inicio sabe de la ventaja de ser su propio cliente, pues no tiene que convencer ni pedir permiso a nadie para crear sus ideas radicales”, comenta Víctor Jiménez.

Cuando terminó la casa ofreció a sus padres vivir en ella, pero no aceptaron; entonces decidió rentarla en cien pesos mensuales, cantidad que O´Gorman entregaba a su padre para pagarle su educación. Luego la habitó su hermano Tomás.

Su apariencia era extraña por tener las instalaciones, tanto eléctrica como sanitaria, aparentes; las losas de cemento sin enyesado, los muros de barro-block y de tabique aplanados, los tinacos visibles en la azotea y una escalera helicoidal volada.

A ello sumó una cerca de cactus y agaves en relieve que alteró la cotidianidad porfiriana de la colonia, sobre todo de la Hacienda Goicoechea, su vecina de enfrente.

¿Dónde y cuándo?

Casa O´Gorman se presenta el 26 de marzo a las 19:30 horas en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo (Calle Diego Rivera 2, colonia Altavista).