¿Tu perro tiene el ojo “nublado”? ¡Cuidado! No siempre es la edad y podría ser catarata
Las cataratas en perros pueden aparecer por diabetes, genética o edad y provocar pérdida de visión si no se atienden a tiempo.

Un cambio sutil en la mirada de un perro puede pasar desapercibido durante semanas. Un ligero tono blanquecino, cierta inseguridad al caminar o tropiezos ocasionales suelen atribuirse a la edad.
Sin embargo, detrás de ese “ojo nublado” puede existir una catarata, una alteración del cristalino que interfiere con el paso de la luz y compromete la visión. Identificar sus causas y diferencias con otros cambios oculares resulta clave para actuar a tiempo y evitar complicaciones.
¿Qué son las cataratas en perros?
Una catarata es la opacificación del cristalino, la lente natural que se encuentra detrás de la pupila. El cristalino funciona como una ventana transparente que permite el paso de la luz hacia la retina.
Cuando pierde transparencia, la luz ya no entra de forma adecuada y la visión se vuelve borrosa o incluso inexistente. Por eso el ojo puede verse “nublado” o blanco.
Cabe destacar que no todo “ojo nublado” es catarata. Existen cambios normales asociados al envejecimiento que pueden dar un tono gris azulado sin causar una pérdida importante de visión. Aun así, si el cambio es evidente o progresa, lo correcto es acudir con el veterinario, idealmente con un oftalmólogo veterinario, para obtener un diagnóstico preciso.
La Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell explica que las cataratas pueden desarrollarse por diversas causas y que algunas avanzan con rapidez, sobre todo en perros con diabetes.

Causas más comunes de cataratas en perros
Las cataratas no tienen una sola causa. En medicina veterinaria se agrupan en varios grandes factores.
1. Genética (cataratas hereditarias)
Algunas razas presentan predisposición hereditaria. En estos casos, la catarata puede aparecer en perros jóvenes o adultos que no tienen otras enfermedades. La institución universitaria incluye la causa genética entre las más importantes.
Esto significa que, aunque el perro parezca completamente sano, puede desarrollar cataratas debido a su herencia.
2. Diabetes mellitus: la causa más frecuente y rápida
La diabetes es una de las principales causas de cataratas en los lomitos. De acuerdo con la Universidad de Cornell, aproximadamente entre el 75% y el 80% de los perros con diabetes desarrollan cataratas dentro del primer año tras el diagnóstico, incluso si la enfermedad parece estar bien controlada.
No se trata solo de un cambio visual. Las cataratas diabéticas pueden formarse con rapidez y desencadenar inflamación dentro del ojo. Esa inflamación, llamada uveítis inducida por el cristalino, puede complicarse con glaucoma, una condición dolorosa y difícil de tratar.
Un estudio publicado en Open Veterinary Journal analizó hallazgos oculares en perros diabéticos y encontró una alta frecuencia de cataratas avanzadas y uveítis anterior, lo que respalda la necesidad de vigilancia oftálmica constante en estos pacientes.
Además, investigaciones recientes indican que no solo importa tener glucosa elevada, sino también las fluctuaciones bruscas en los niveles de azúcar. Un análisis publicado en Journal of Veterinary Science señala que la variabilidad glucémica puede influir en la progresión de las cataratas en perros diabéticos.
3. Uveítis (inflamación intraocular)
La inflamación dentro del ojo puede dañar el cristalino y favorecer la formación de cataratas. En algunos casos, la uveítis aparece primero; en otros, es consecuencia de la catarata. Esta relación bidireccional empeora el pronóstico si no se trata a tiempo.
4. Traumatismos
Un golpe fuerte, una lesión ocular o un accidente pueden dañar el cristalino o su cápsula protectora y desencadenar una catarata. Esta causa es menos frecuente que la diabetes, pero está reconocida en guías clínicas veterinarias.
5. Envejecimiento
Con la edad aumenta el riesgo de cataratas. Sin embargo, aquí surge una confusión frecuente: no todo cambio en el cristalino de un perro mayor es catarata.

Catarata o esclerosis nuclear: cómo distinguirlas
La esclerosis nuclear es un cambio normal asociado al envejecimiento. El centro del cristalino se vuelve más denso y el ojo adquiere una tonalidad gris azulada. A diferencia de la catarata, este cambio no suele provocar una pérdida significativa de visión.
Un artículo publicado por la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA) explica que la diferenciación entre esclerosis nuclear y catarata se realiza mediante exploración oftálmica específica.De manera orientativa:
- Si el ojo se ve azulado pero el perro se mueve con normalidad, es probable que sea esclerosis nuclear.
- Si el ojo se ve blanco u opaco y el perro comienza a chocar o muestra inseguridad, aumenta la sospecha de catarata.
El diagnóstico definitivo siempre debe hacerlo un veterinario.
Señales de alerta
Muchos perros compensan la pérdida de visión con su olfato y memoria del entorno. Por eso, la catarata puede avanzar sin que el tutor lo note de inmediato. Algunas señales frecuentes son:
En perros con diabetes, la vigilancia debe ser aún más estricta.
Señales de urgencia
- Ojo rojo o doloroso.
- Parpadeo constante.
- Secreción abundante.
- Ojo más grande de lo normal.
Estos signos pueden indicar inflamación severa o glaucoma y requieren atención inmediata.

¿Tiene tratamiento? Cuándo la cirugía es la mejor opción
No existe una gota que elimine una catarata madura de forma confiable. El único tratamiento capaz de restaurar visión es la cirugía.
La técnica más utilizada se llama facoemulsificación. Consiste en fragmentar y extraer el cristalino opaco mediante ultrasonido. En muchos casos se coloca una lente intraocular artificial.
Un estudio publicado en Journal of Veterinary Science comparó el tratamiento quirúrgico frente al manejo únicamente con gotas en perros con cataratas diabéticas. Los resultados mostraron que la cirugía ofrece mejores probabilidades de conservar visión y reduce la necesidad de tratamiento tópico a largo plazo.
Applied Sciences evaluó 120 ojos tratados con facoemulsificación e implante de lente intraocular. El estudio concluye que esta técnica sigue siendo el estándar terapéutico cuando el paciente es candidato adecuado
¿Cuándo considerar cirugía?
La decisión depende de varios factores:
- Si la catarata ya afecta la calidad de vida.
- Si existe riesgo de complicaciones inflamatorias.
- Si el perro padece diabetes u otra enfermedad que modifique el pronóstico.
La Universidad de Cornell señala que, en perros diabéticos, debido a la rapidez con que pueden desarrollarse complicaciones, suele recomendarse valorar la cirugía lo antes posible si el perro cumple criterios clínicos.
No todos los perros son candidatos. La salud de la retina, la presión ocular y el estado general deben evaluarse antes de decidir.
Las cataratas en perros representan una de las principales causas de pérdida visual y pueden desarrollarse por factores hereditarios, metabólicos como la diabetes, procesos inflamatorios, traumatismos o envejecimiento.
Aunque no todo cambio en la apariencia del ojo implica una catarata, cualquier alteración visible requiere valoración veterinaria para confirmar el diagnóstico y determinar el tratamiento adecuado.
La cirugía mediante facoemulsificación continúa siendo la opción terapéutica con mejores resultados en pacientes candidatos, mientras que el control de enfermedades como la diabetes es fundamental para reducir el riesgo de progresión y complicaciones oculares.
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