"Todos somos imperfectos y debemos aceptar cómo somos": Adam Elliot trae a México Mary y Max
Excélsior platicó con el cineasta a propósito del estreno de su película que ya es considerada un culto en el país, ¡pero 17 años después de su lanzamiento original!

Adam Elliot, realizador australiano que en 2025 fue nominado al Oscar por su cinta Memorias de un caracol, está viviendo algo inédito en su carrera: ¡17 años después de su estreno original, Mary y Max llegará por primera vez a salas mexicanas!
El filme de 2009, que aborda entre otros temas el Asperger y la amistad, se convirtió con el paso de los años en un culto de la animación entre los cinéfilos de nuestro país.
No me había dado cuenta de que Mary & Max era considerada una película de culto. Sí sabía que era popular en México y Latinoamérica y, aunque fue hecha hace casi 17 años, ha ido creciendo lentamente y formando una base sólida de fans. Cuando haces una película, nunca sabes qué rumbo va a tomar. La palabra ‘culto’ es muy difícil de definir.
¿Qué se considera de culto y cómo lo mides? Me fascina que la película haya sobrevivido a todos estos años y siga resonando con el público actual. Tiene atemporalidad, que creo que es lo que todo cineasta espera para alcanzar longevidad, vida útil y supervivencia”, contó Elliot en entrevista con Excélsior.

El realizador de 54 años recordó a este diario que, tras haber ganado el Oscar en 2004 a Mejor Corto Animado por Harvie Krumpet, obtuvo el respaldo para seguir haciendo cine. Así que regresó a su natal Australia a escribir su primer largometraje, convencido de que tenía que contar algo que realmente le motivara ver en la pantalla.
Homenaje a personas con Asperger
Fue así que un día, al estar en su oficina, vio en la esquina su caja amada que contenía cientos de cartas que había recibido de sus familiares y amigos —sí, antes se acostumbraba a escribir cartas— y sintió la necesidad de hablar de su apodado ‘amigo por correspondencia’ llamado David Rubin —reveló su nombre apenas en 2024 tras su lamentable fallecimiento—, quien al ser diagnosticado con Asperger recibió mucho bullying en su niñez.
Releí muchas de sus misivas y me di cuenta de que fue un incomprendido toda su vida. En los años 90 lo diagnosticaron con síndrome de Asperger y de niño sufrió un acoso terrible por ser percibido como extraño o diferente.
Sentí una gran injusticia y enojo por la forma en que lo trataron y pensé que su historia debía ser contada. Eso fue lo que lo detonó. Nunca me habría imaginado que su historia tocaría a tantas personas en todo el mundo”, contó el realizador desde Australia.
Mary y Max, cinta que se estrena este jueves en la cartelera nacional, cuenta la historia de Mary, una niña australiana de ocho años que entabla una amistad por correspondencia, tras elegir al azar un nombre en una guía telefónica, con un hombre estadunidense, obeso y cuarentón, llamado Max, que le confiesa a Mary tener el síndrome de Asperger. A pesar de los kilómetros de distancia, ambos se mensajean constantemente, se envían regalos, comparten su forma tan particular de ver el mundo, se enojan, discuten, se respetan y se toman mucho cariño.

“En muchos sentidos creo que la película sigue funcionando y transmitiendo los mensajes y temas que buscaba. Quizás ha envejecido un poco en algunos aspectos; por ejemplo, el Asperger ahora está integrado dentro del espectro autista y hoy se ve de forma distinta a como se veía en ese momento.
Sin embargo, el mensaje principal que intentaba transmitir sigue siendo el mismo: necesitamos abrazar no sólo las imperfecciones de los demás, sino también las nuestras. Todos somos imperfectos y tenemos algo de nosotros mismos que quisiéramos cambiar. Se trata de aceptar cómo somos ‘con todo y verrugas’, como dice Max, y celebrar las diferencias”, compartió Elliot.
Un cineasta inadaptado
A lo largo de su filmografía, el cineasta australiano se ha valido del stop-motion para hablar de seres humanos complejos que expresan soledad, incomprensión y dolor, y que encuentran en otros personajes, igual de outsiders, a grandes aliados que les dan luz y esperanza.
“Todas mis películas tienen ese trasfondo de explorar la diferencia, las imperfecciones de las personas, los desfavorecidos, los inadaptados.
“Siempre me ha interesado contar esas historias porque yo mismo me he sentido muchas veces como alguien que no encaja o que no pertenece. En gran medida mis películas son mis propias historias, son autobiográficas. Me alegra que sigan resonando hoy y espero que lo sigan haciendo en diez o veinte años más”, contó el nacido el 2 de enero de 1972, en Berwick, Victoria.
Philip Seymour Hoffman en el doblaje original
Para darle voz a sus personajes, Adam Elliot eligió en su momento las voces de Toni Collette para interpretar a Mary, la del finado Philip Seymour Hoffman para Max y la de Eric Bana para interpretar a Damien Popodopolous, el novio de Mary.
Al preguntarle al direc por qué eligió en su momento a Hoffman para darle voz a su pen pal, contó conmovido:
Tuve la suerte de tener una referencia muy clara para el tipo de voz que quería que Philip Seymour Hoffman creara. Hablamos sobre cómo lograr una interpretación muy monótona, pero sin que fuera demasiado fría o descolorida, pues quería que transmitiera calidez y humanidad. Imitamos mucho la forma de hablar de mi amigo real. Philip y yo tuvimos muchas conversaciones sobre el tono y la autenticidad que buscábamos”, relató y prosiguió.
“Nunca me gusta que los actores suenen caricaturescos ni que hagan voces chistosas. Quiero un level de interpretación alto, con voces auténticas, reales y creíbles. Tuve la suerte de que Philip lo consiguiera. Lo mismo ocurrió con Toni Collette y Eric Bana. Lo que buscaba era esencialmente su voz natural al hablar”, compartió el artista, cuyo padre se dedicó a las artes circenses como payaso.

Stop-motion y plastilina
A pesar de que los años han pasado y la tecnología ha avanzado a pasos agigantados, Adam Elliot sigue apostándole a la animación stop-motion y al claymation, que es la animación con plastilina.
De hecho, Adam acuñó el término clayography para sus filmes, que hace alusión a contar biografías agridulces y sombrías con este mismo material.
“Elijo el stop-motion como medio para mis películas por esa naturaleza tangible y táctil. Nos esforzamos mucho para que la audiencia sepa que lo que está viendo está hecho a mano; que cada utilería, cada escenario y cada personaje fue esculpido y ensamblado por un equipo de artistas y artesanos altamente capacitados. Es muy importante que el espectador vea la textura, pero también que entienda que los personajes son estéticamente imperfectos. Tienen grumos, deformaciones, huellas dactilares y el cabello no del todo bien peinado. Hago esto porque quiero que la estética visual de los personajes coincida con sus psiques, con personalidades que son imperfectas y con apariencias que también están un poco desencajadas”, remató quien se opone al uso del CGI en sus cintas.