Nunca estuvo acoplado, porque la economía mexicana tiene casi una década que no está acoplada al ciclo económico y monetario de Estados Unidos, hecho notable desde 2017 y, en materia de inflación también.
Sólo considere estos hechos: en 2023, como parte del periodo pospandemia se disparó la inflación en el mundo. La tasa en México alcanzó un máximo de 11.25% y la inflación iniciaba el año con 7.92% y terminó en 4.66%. En EU la inflación rondaba 6.4% en enero y luego de 11 alzas consecutivas la Fed llevó la tasa al máximo de 5.25-5.50 por ciento.
Para 2024 fue el descenso de la inflación el que propició que en ambos países los bancos centrales iniciaran un proceso de recorte progresivo de tasas que termina en 2025 con un “aterrizaje suave” en la Fed, cuando situaron la tasa en 3.50-3.75% en diciembre de ese año y la inflación cerró en 2.60% y se estabilizó.
La realidad en México era distinta, pues seguía el proceso de calibración mientras la Fed mantenía la tasa sin cambio. Fue hasta que la Fed no pudo resistir la presión del alza de precios de energía, dado que la inflación se elevó a 3.40% en agosto pasado (su objetivo es 2%), cuando reacciona para elevar la tasa, tras tres años de no hacerlo. En EU la economía sigue manteniendo una sólida base de crecimiento y tienen prácticamente pleno empleo.
En el caso de México, pese al ligero repunte de la inflación dado a conocer hoy por el Inegi, el ciclo económico sigue débil y el empleo aumenta, pero más el informal.
Dos realidades distintas y lo dice bien en el comunicado Banxico, que gobierna Victoria Rodríguez Ceja: la política monetaria mexicana no tiene por qué reaccionar de manera mecánica a los ajustes de la Fed, porque el objetivo de ésta no ha sido mantener el diferencial del tipo de cambio, sino procurar la estabilidad de precios. Considere que aun cuando hay ligeros indicios de mejora, el ciclo económico en México no tiene la fortaleza.
A pesar del ajuste reciente en el tipo de cambio, luego de haber traspasado niveles de 16 pesos por dólar, ha dado un respiro a la impresionante apreciación que tenía respecto al inicio del año, cuando superaba los 18 pesos por dólar, que se explica por la dinámica del dólar que ha sido distinta respecto a su comportamiento histórico tras la serie de decisiones que en materia de geopolítica y comercio global ha tomado el presidente Trump.
Además, los movimientos del tipo de cambio, acordes con un probado sistema de flexibilidad cambiario, no han sido desordenados, y el diferencial de tasas de interés entre México y EU, ajustado por volatilidad, apoyan la política monetaria que ha mantenido el Banxico, que se guía por el comportamiento de la inflación y el anclaje de las expectativas inflacionarias y no por apuestas de mesas de dinero. La postura monetaria es sólida y, a diferencia de EU, la contención de la inflación y el traspaso de precios por la elevación de las cotizaciones del crudo, han derivado de una coordinada ejecución de política monetaria y política fiscal, aunque al bisoño no le encante reconocerlo.
Si el tipo de cambio se aprecia un poco más y supera los 18 pesos por dólar, el respiro de poco más de 40% de las empresas ligadas a la exportación y el turismo volverá a darles aire, pues las condiciones de holgura económica y no el tipo de cambio, es el que mantiene a los precios relativamente controlados.
La historia inflacionaria del siglo XXI nos indica que en julio pasado se registró la inflación más baja en 3.16%, dato superado sólo por el cierre de diciembre de 2020 (pandemia) con caída económica e inflación de 3.15 por ciento.
DE FONDOS A FONDO
#México. El dato para las calificadoras: según el informe de 2026 del FMI, que encabeza Kristalina Georgieva, México es el principal deudor soberano del organismo, porque mantiene vigente la Línea de Crédito Flexible a pesar de que no la ha utilizado desde 2009. Ésta se mantiene en reserva desde que nuestro país se convirtió en el primer usuario de la misma y, aunque con el paso de los años, ha ido reduciendo su monto —sobre todo en los últimos 3 años— cuando llegó a rascar los 80 mil millones de dólares. Hoy se sitúa en 17 mil 825.40 SDR (24,456.80 millones de dólares), lo que, amén de una balanza de pagos relativamente nivelada, hace poco probable un impago.
