"Nos prohibían ser amigas": Marlene Calderón revela cómo las controlaban en caso Sergio Andrade
Marlene Calderón compartió que eran enemistadas entre ellas para que no se hicieran amigas.

Acusaciones, fugas, detenciones, juicios… Durante años, el caso Andrade-Trevi ha sido contado desde lo mediático; sin embargo, en una reciente entrevista para el podcast Criminalmente, Marlene Calderón volvió sobre una zona menos abordada del caso: la forma en que, según su testimonio, las jóvenes que llegaban al entorno de Sergio Andrade eran aisladas unas de otras para evitar que compartieran lo que estaban viviendo.
En la conversación, Marlene relató que cuando llegó siendo menor de edad, ya había otras jóvenes en el grupo. Una de ellas, identificada como Katia, había llegado poco tiempo antes. Según Calderón, desde el inicio les impedían construir vínculos entre ellas, pues se les hacía creer que estaban en competencia por una oportunidad artística.
“Luego, luego ellos te ponían no te hagas amiga”, contó Marlene durante la entrevista, al explicar que, desde su perspectiva, esa instrucción formaba parte de un “modus operandi” para que no se contaran nada entre ellas.
La propia entrevistada lo describió como una dinámica de “organización coercitiva”, en la que el aislamiento impedía que las jóvenes compararan sus experiencias y detectaran patrones comunes.
La competencia como forma de control
De acuerdo con el testimonio de Calderón, la rivalidad no surgía de manera espontánea, sino que era inducida. La promesa de una carrera artística funcionaba como un punto de presión: si una joven no obedecía, otra podía ocupar su lugar.
Marlene narró que, en una ocasión, tras quedarse dormida por cansancio, le dijeron que había perdido una oportunidad porque Andrade supuestamente la había visto dormir. Según su relato, le hicieron creer que otra chica ocuparía su lugar como castigo por su “indisciplina”.
“Hoy iba a ser ya tu debut, pero pues ni modo, por indisciplinada”, recordó que le dijeron.

En esa misma dinámica, se le habría insistido en que debía sacrificarse si quería llegar a algo, y que debía tener presente que había otras jóvenes compitiendo por el mismo espacio.
Ese tipo de mensajes, según Calderón, no solo generaba miedo a perder una oportunidad profesional, sino que también debilitaba la posibilidad de apoyo entre las propias jóvenes. Si cada una era presentada como rival, hablar entre ellas podía verse como una amenaza.
El aislamiento también alcanzaba a la familia
El relato de Marlene no se limita a la relación entre las jóvenes. En la entrevista también afirmó que el aislamiento se extendía hacia su familia, especialmente hacia su madre, quien buscaba comunicarse con ella después de su llegada al grupo.
Calderón contó que su madre llamaba constantemente a la oficina, mientras ella permanecía lejos de casa. Según su testimonio, le dijeron que su mamá podía “echar a perder” su carrera y que debía pedirle que regresara a Los Mochis.

La entrevistada explicó que terminó diciéndole a su madre que se fuera y que no la llamara tan seguido, bajo la idea de que eso era necesario para cumplir su sueño artístico.
“Mi mamá se fue llorando, obviamente yo me quedé llorando”, relató.
Marlene también afirmó que, mientras algunas personas del entorno hablaban con su madre “con todo el encanto del mundo”, a ella le tocó asumir el papel difícil frente a su familia, como si fuera decisión suya cortar la comunicación.
La dificultad de hablar años después
El aislamiento que Marlene describe no terminó, según su relato, al salir de ese entorno. En la entrevista también habló de la vergüenza, el miedo y el silencio que cargó durante años.
Calderón dijo que durante mucho tiempo le costó reconocer públicamente lo que había vivido, entre otras razones, porque hacerlo implicaba enfrentar el dolor de su familia y el estigma que quedó alrededor del caso.
“La vergüenza me duró muchos años”, expresó al recordar el impacto que tuvo en su vida posterior.
bgpa