'Maldita', la respuesta de Francisca Valenzuela a la romantización de la maternidad
Durante su vista a CDMX, la chilena Francisca Valenzuela compartió que los pensamientos posparto desencadenaron una serie de canciones que reunió para su próximo disco 'Maldita'

Ser madre en la actualidad pareciera ser una decisión cada vez más libre en las sociedades contemporáneas; una mujer puede decidir si quiere tener a un bebé, siente mayor apertura para amamantar en un espacio público y goza de días de asueto durante su embarazo.
Sin embargo, el posparto sigue estando lleno de estigmas, y así lo vivió Francisca Valenzuela, cantante chilena que hoy transmite esa experiencia de tabú en su último disco, Maldita, que estará disponible a partir del 30 de julio.
“Hay una construcción social y cultural que romantiza e idealiza mucho la maternidad y no deja espacio para otras cosas. Además, cualquier tipo de complicación que uno tenga como mamá la igualan a ser mala madre, dicen: ‘No, de eso no se habla porque es mala mamá’. No se dicen esas cosas.
Y también entiendo que da terror. También soy hija y es terrorífico saber que todo puede salir mal, uno no quiere eso. Pero la verdad es que detrás de cada mamá hay una mujer. Y esa mujer queda postergada, queda invisibilizada, y socialmente se asume que las mujeres lo pueden todo, lo tienen que hacer todo y que no corresponde quejarse tampoco”, contó Francisca en entrevista con Excélsior.
“Ser madre es una bendición”, siguen afirmando muchos, y sí, Francisca ama a su hija y disfruta su maternidad, pero el proceso también tiene otra cara, esa de la que, como describe la cantante, nadie quiere que se hable, como si el simple hecho de dar vida tuviera que experimentarse a la perfección.
Valenzuela relata en su álbum cómo esto no es así, y cómo al intentar hablar de sus angustias y vivencias complicadas en distintos niveles de su realidad sólo consiguió ganar el mote de Maldita.
“Primero viví la sensación de encierro. Durante todo el posparto, de repente fue como: es obvio que voy a estar en la casa, pero no me di cuenta de la sensación de aislamiento que tenía. No me daba cuenta de cuánto me gustaba no estar encerrada. Eso que yo soy súper casera y todo, pero el encierro, el bucle de: leche, leche, leche, hacer dormir, leche, leche, leche, hacer dormir, no dormir en la noche y estar con alguien pegado todo el tiempo que te necesita, mes tras mes, es muy loco.
Porque uno no está acostumbrado a eso. Y creo que muchas mujeres hoy en día, arrogantemente, estúpidamente incluso, programamos la maternidad como si fuera algo acotado, y no, es una nueva realidad que te envuelve”, describió.
Francisca incluso subió al escenario estando embarazada en el festival Hera hace dos años, y siguió sus actividades como siempre lo había hecho una artista nominada al Latin Grammy, con mucho trabajo y actividad. El posparto parecía que podría ser igual, pero no lo fue; sin embargo, de esa complejidad surgió otra cosa que inevitablemente la terminó llevando de vuelta a la música.
Sentí terror y ansiedad. Yo sabía que iba a tener ansiedad y preocupación, pero esto era terror. Yo sentía que estaba en mi misma casa, pero metida en una película de terror. Estaba en la noche, con la bebé al lado, con mi marido, todos plácidos durmiendo y yo así… (se sujeta las piernas) aterrada.
“Y eso es una distorsión también orgánica, es mental, es química. Pero yo no sabía que eso pasaba. Una cosa es estar preocupada porque se ahoga o no mi bebé, pero yo sentía terror. Y no me daba cuenta de que eso era parte también de un posible estado de crisis posparto. Entonces esas cosas me empezaron a gatillar una búsqueda”, relató sobre su proceso musical.
“No es que yo me propuse hacer un disco de mi posparto y de la maternidad, sino que me di cuenta de que era lo que necesitaba hacer. Fue así, como una sensación de urgencia y de necesidad de canalizar, tener una catarsis y poder entender lo que estaba pasando. No me di cuenta de que de pronto tomó la forma de un álbum y de canciones, Creo que me ha ayudado muchísimo a procesar, a ordenar, a compartir, a ofrecer; ojalá acompañe a otras mujeres en un momento similar”, agregó Valenzuela.
Ahí, cuando comenzó a crear, al mismo tiempo escuchaba a otras mujeres, leía, veía películas y comenzó a descubrir que no estaba Maldita. Había muchas mujeres que vivían lo mismo que ella, y ahí se rompió el prejuicio, emanaron las canciones y ahora hay más personas que pueden descubrirse a sí mismas en sus letras.
“Entendí que esto es parte de un proceso. No es que yo sea un problema, que esté en un hoyo negro y nunca vaya a salir. No es que yo sea mala mamá ni que no ame a mi hija. Y bueno, tengo un hijastro también. Tuve ese momento y puedo aprovecharlo incluso. Puedo explorarlo, saborearlo, tener curiosidad y conectar con él, tratar de entender también cómo se vincula con lo colectivo”, expresó.
En sus canciones muchos podrán sentirse identificados: quienes han tenido ataques de ansiedad o pánico, o quienes sufren alguna otra condición emocional o fisiológica, pero algo es cierto, al ser madre todo se complejiza.
Sí, porque pensaba: ‘Pobre mi hija, pobre mi marido’. Pensaba que me había equivocado, esa vergüenza que uno siente en ese pánico o ese autoodio de decir: ‘¿Cómo me está dominando? ¿Cómo no puedo respirar si no está pasando nada? No me estoy ahogando, ¿pero me estoy ahogando?’. Entonces, eso trasladado a una situación donde además yo sentía que no podía fallar, acá era peor porque pensaba: ‘Entonces no lo debería haber hecho porque yo sabía que yo era así’. Y además aparecía la comparación: ‘Ah, a otras mujeres que no son así no les pasa esto’”, recordó.
Pero todo ese camino, según adelantó la propia cantante, tiene un final esperanzador, y no todos los temas serán oscuros como Bugambilia, ya disponible en plataformas; también habrá espacio para el disfrute y la esperanza.
El disco contiene 12 temas totalmente inspirados en la matrescencia.