Leonardo Sbaraglia y su método para ser parte de 'Amarga Navidad', de Pedro Almodóvar
El actor argentino compartió cuál es la capacidad que todo actor necesita para convertirse en un personaje dentro de una película de Pedro Almodóvar, como él en 'Amarga Navidad'

Hay dos líneas temporales en Amarga Navidad, una protagonizada por Elsa (Barbara Lennie) y la otra por Raúl (Leonardo Sbaraglia), un director enfrentando un bloqueo creativo durante la creación de una autoficción. Una idea completamente proveniente del microuniverso fílmico del director Pedro Almodóvar.
Ambas personas terminan unidas por medio del arte y el duelo, solamente con la firme intención de cuestionar algunas libertades creativas que los artistas suelen tomar para, en este caso, escribir el libreto de una o varias películas. Dicho esto, el espectador se enfrenta a una historia en la que el manchego se "muestra" de forma visceral a través de sus actores, en especial de Sbaraglia, quien tuvo el reto de interpretar física y psicológicamente al mismo realizador que lo guion sin ninguna clase de autoritarismo.
“A diferencia de la anterior película (Dolor y gloria, 2019), era una cuestión mucho más exigente, de mucha más responsabilidad, y me tiré con todo para poder hacerlo y para poder darle a Pedro lo más cercano a lo que él necesitaba.
Aquella vez, en Dolor y gloria, Federico era un personaje que yo tenía más cerca, había colores que, desde cierta ternura, candor o cualquier cosa, yo le estaba proporcionando. En cambio, en este caso, con Raúl, había que encontrar, como dice Pedro, un retrato diferente, no amable del mismo y hasta cierto punto escurridizo”, expresó en entrevista.
Amarga Navidad, que ya está en cartelera, tuvo su momento en el pasado Festival de Cine de Cannes. Ahora se enfrenta al público que ama con fervor el toque de Almodóvar y estudiosos de su propio cine.

Antonio Banderas tuvo una encomienda similar en Dolor y gloria, un proceso que él emprendió desde la parte espiritual y no física para no caricaturizar y respetar la autenticidad de Pedro. Sbaraglia hizo algo similar, sobre todo tomando en cuenta que en 2017, cuando fue premiado en el Festival de Cine de Málaga, él mismo definió su estilo como el “No método”, es decir, entregarse a las exigencias del realizador en turno. Almodóvar, en ese sentido, tuvo a un lienzo en blanco.
“El personaje había que ir encontrándolo y era mucha más la responsabilidad, porque al ser un alter ego, o sea, alguien que tampoco estaba muy retratado en lo conceptual, por la falta de escenas expresivas o sensibles a sí mismo, todo vino desde su palabra, desde los relatos y la prosa.
“Él jamás se ve en escenas en los que las acciones representaban lo que enunciaba (era muy interpretativo), así que había que buscar los detalles y pequeños intersticios donde exhibiera destellos de sus emociones”, explicó el argentino, de 55 años.
Desde sus exhibiciones, el filme ha sido aplaudido por una escena en específico: la visceral plática entre Raúl y Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), quien pensaba que era su mano derecha en lo profesional y lo personal.

Es ahí donde uno como espectador también se cuestiona si está cool que nuestra miseria sea el elixir de los terceros. Amarga Navidad se enfoca en esa pequeño límite entre lo ético y lo que no lo es.
“Era difícil poder asimilar a Raúl, tuvimos la suerte de tener muchísimos ensayos, muchísimo trabajo codo a codo con Pedro de mucha precisión. Es un director que busca casi como un cirujano el trabajo sobre el actor o sobre la actriz, entonces no es fácil para nada porque tienes que ir encontrando lo orgánico y lo que él quiere, que no es ningún acercamiento, sino exactamente lo que él quiere y, al mismo tiempo, darle vida”, apuntó.
El estilo de Almodóvar es muy personal. Amarga Navidad pasa, como en su filmografía, por diversos niveles dramáticos, de la obsesión a la satisfacción, de la tristeza a la felicidad, ya sea por sus monólogos o conversaciones, o hasta por su música.
En ésta, el manchego se toma la libertad de incluir música de Chavela Vargas (Las simples cosas y la propia Amarga Navidad). Alberto iglesias, el mismo a cargo del score de The Room Next Door, tuvo la encomienda de sonorizar la autoficción.
Estamos ante la feroz lucha entre la ficción y la realidad, reflexionamos sobre la autoficción. De hecho, Pedro me dijo: ‘Esto es una autoficción, voy a usarme a mí para hablar de algo que no es mi vida, pero es puede parecerlo’.
Subirme a algo de este nivel me involucra en esos micromundos que los grandes directores construyen con precisión, pese a que, muchas veces, esto implica renunciar a algo más personal”, opinó Leonardo.

El mismo actor, también partícipe de emblemáticos largometrajes como Relatos salvajes y Diario de una ninfómana, cree que a las musas y musos de Wes Anderson (El gran hotel Budapest y El esquema fenicio) les sucede algo similar dentro de su concepto del minimalismo.
Tienes que llevar cuerpo y alma a un sitio que le pertenece a alguien más, renunciar a ti mismo; hundirte, plagarte y mimetizarte con sus conceptos y perspectivas, convertirte en habitante de terrenos con unas leyes que rompen con las que tú estás acostumbrado”, concluyó.
Amarga Navidad ya está en cines del país, otra pieza más para comprender a Pedro Almodóvar, un cineasta que extraña hacer películas irreverentes, pero cuya habilidad para sensibilizar al ser humano hace creer todavía en el poder del celuloide.