'Los días de Poncho': El duelo y el freestyle llegan al FICM de la mano de Faustino Alanis
De la pérdida a la madurez a través del freestyle y el oficio paterno. Faustino Alanis presenta en el FICM su ópera prima 'Los días de Poncho', un relato coming of age autobiográfico protagonizado por Axel Shuarma

Cuando el director Fausto Alanis era pequeño se metía a indagar en los libros de su padre, todos de electricidad, su oficio era el de eléctrico. De joven, Faustino perdió a su padre y de esta conexión que años antes había generado a través de leer sobre su oficio, es que nació su idea de realizar su ópera prima Los días de Poncho, un coming of age basado en su propia experiencia de vida, alejándose de la fantasía y la exploración de la niñez que había hecho en sus cortometrajes.
“Tenía muchas ganas de hacer algo más realista y justamente quería tocar el tema de las masculinidades, nuestra relación con nuestros papás, sobre todo con la figura masculina del padre, tenía esta curiosidad de cómo conocer a tu papá a través del oficio”, cuenta Faustino a Excélsior.
Para crear esta historia primero debía elegir un oficio para el personaje del padre, se decidió por el de gasero, el único oficio que no se detuvo durante la pandemia, y después debía construir a su protagonista, un joven que disfruta de hacer rap callejero y las batallas freestyle, todo también vinculado a la pasión que él sentía por el cine cuando era joven, un amor por el arte que sus padres comprendían, pero que lo colocaba en un dilema.
Cuando empecé a vivir estas cosas, también esta pasión que uno tiene por el arte —yo siempre he sido un apasionado por el cine y siempre quería hacer cine— y justamente cuando ya eres adolescente, pues siempre estás como en esta cosa entre la responsabilidad y lo que quieres hacer y justamente cuando hay decisiones que uno tiene que tomar de joven o cuando tienes que madurar a temprana edad, pues si estás entre estas dos disyuntivas que realmente no tienes que escoger una con otra, tienes que aprender a trabajar las dos, a equilibrarlas”, reflexiona Faustino.
Para interpretar a este personaje freestylero autobiográfico, Faustino se decidió por Alex Shuarma, que ya tenía una pasión por el rap, pero algo que fue determinante para que Alex tomara el papel fueron dos preguntas que Faustino le hizo en el casting.

“Me dijo que cómo concebía el amor, cómo concebía el odio, me preguntó por esos dos conceptos y supe que este proyecto sería distinto, no sería plano, tendría profundidad”, cuenta Axel.
Para el actor, también tuvo algo de autobiográfico dar vida a Poncho justo por el momento que atraviesa como actor, y que es justo lo que puede permitir que cualquiera conecte con Poncho.
En este momento en el que me encuentro en mi vida estoy viviendo la transición de la madurez ya para transformarme en adulto, los sacrificios que uno tiene que hacer, dejar el desmadre, dejar, pues, de andar pajareando y ahora sí tomar responsabilidad de tus actos porque pues si no se te van a ir los años y vas a estar toda tu vida perdiendo tu tiempo, ¿no? y es como que ya estoy en ese transcurso en el que tengo que agarrar bien los papeles que me dan y las responsabilidades de ellos”, confiesa Axel.
Eso mismo le sucede a su personaje Poncho, un joven ensimismado, que no va a la escuela, que no se interesa por conversar con sus padres, y solo vive por el rap y el freestyle con sus amigos en la plaza, hasta que, como a Faustino, le ocurre un evento que lo cambia para siempre.
“Es que eso es algo que pasa, he conocido personas que tuvieron que perderlo todo para entender que ese no era el camino de la vida y que tenían que agarrar las riendas de su vida, pero también yo me digo a mí mismo: tuviste que perder a tu familia, por así decírtelo, para entender que estabas perdiendo tu tiempo’ y es duro, es crudo, es la realidad, hay veces que sí tienes que de verdad perderlo todo para entenderlo y está en nosotros hacer que eso valga la pena”, reflexiona Axel.

Y ése es el mensaje que deja Poncho luego de vivir un evento que le cambia su realidad, tuvo que hacerse responsable de quién es, y de lo que quería lograr, todo a través del oficio de su padre como gasero, pero sin perder la pasión del freestyle, otro elemento que, piensa Axel, fue lo que salvó a Poncho ante la adversidad.
“Creo que en Poncho y en mí está ese arte en específico, el del ritmo y la poesía, es el único que no nos pueden quitar ¿Por qué? Porque de alguna manera sale gratis hacerlo, lo único que necesitas es cultivarte y pues la literatura es gratuita, es para todo el mundo, no es como decir: ‘yo voy a ser pintor’, porque cuando no hay cómo comprarse pinturas, no se puede, o: ‘yo voy a ser escultor, ¿de dónde saco para el material?’ Pero un lápiz y un papel es el único arte que podemos seguir haciendo aunque no tengamos dinero, yo crecí ahí en Impulsora (colonia al norte de la CDMX) y es como el arte que tenemos a la mano para poder expresarnos y que no nos pueden quitar”, sostiene el protagonista.
Axel rapea durante casi toda la película, pero rara vez tiene una conversación muy larga, todas esas letras que se ven el el filme las escribieron
Axel junto al resto de los actores. Y en ese lenguaje tiene su desarrollo, vive ese impulso que lo saca de la cama, tal como le ocurrió a Faustino cuando de joven de forma intempestiva perdió a su padre y ahora el cine lo tiene con la oportunidad de presentar su ópera prima en el FICM.
El rap en México
- Economía de resistencia y autoempleo.
- En regiones vulnerables de México, como la frontera norte y noreste, el rap opera como un motor económico alternativo a la falta de oportunidades. El investigador José Juan Olvera (CIESAS) acuñó el término “economías de resistencia” para describir este fenómeno:
- El centro de estas redes de producción (que involucran raperos, beatmakers y DJ) no es la acumulación de riqueza, sino la subsistencia básica y la creación de empleo propio en zonas de alta marginación.
- De acuerdo con estudios en ciudades fronterizas del noreste, se estima que en entornos locales medianos conviven grupos compactos de creadores independientes. Mientras una facción (en algunos casos estimada entre el 40% y 50% por los mismos colectivos) canaliza su realidad a través del denominado narcorrap debido al contexto local, los raperos comunes o de “rap conciencia” evitan el discurso delictivo y se enfocan de manera exclusiva en la promotoría cultural comunitaria.