¿Y Demon Slayer? El anime vuelve a quedar fuera de los Premios Oscar 2026
Demon Slayer era la candidata para competir por una nominación en los premios Oscar, pero frente se quedó sin lugar frente a animaciones como Kpop Demon Hunters o Elio de Disney

La lista oficial de nominadas a los Premios Oscar 2026 dejó una ausencia que volvió a encender la conversación entre críticos y audiencias globales: ninguna película de anime logró colarse en la categoría de Mejor Película Animada, pese a que 2025 fue uno de los años más visibles y exitosos para la animación japonesa a nivel internacional.
No es la primera vez que ocurre, pero sí una omisión que resulta llamativa si se considera el impacto cultural, comercial y narrativo que el anime ha alcanzado fuera de Japón. En esta ocasión, dos títulos concentraban gran parte de las expectativas: Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Infinity Castle y Chainsaw Man: Reze Arc. Ninguno figura entre las nominadas.
Un año fuerte para el anime, pero lejos de la Academia
Durante 2025, el anime no solo dominó plataformas de streaming y taquillas internacionales, sino que consolidó su presencia como un lenguaje narrativo capaz de competir en ambición visual y emocional con cualquier producción occidental. Demon Slayer: Infinity Castle, por ejemplo, destacó por su despliegue técnico, su narrativa trágica y su recepción masiva, convirtiéndose en uno de los estrenos animados más comentados del año.
Aun así, su ausencia en los Oscar confirma una tendencia persistente: el anime rara vez logra romper el cerco de la categoría animada, incluso cuando cumple con criterios de impacto y calidad comparables a los de sus competidores occidentales.

El caso Chainsaw Man: expectativa, no omisión formal
En el caso de Chainsaw Man, la conversación fue distinta. Chainsaw Man: Reze Arc no quedó fuera por un rechazo explícito de la Academia, sino por una serie de factores estructurales. La película es una secuela directa de una serie de anime, profundamente ligada a un universo narrativo previo, lo que reduce su accesibilidad para votantes no familiarizados con la franquicia.
Además, el filme no fue inscrito formalmente en la carrera al Oscar, ya que su estrategia de lanzamiento estuvo enfocada en audiencias específicas y en el circuito comercial, no en una campaña de premios. En ese sentido, su ausencia no puede leerse como un desaire directo, sino como un reflejo de las limitaciones que enfrentan muchas producciones de anime dentro del sistema de elegibilidad de la Academia.
Una categoría con fronteras implícitas
Desde su creación en 2001, la categoría de Mejor Película Animada ha sido celebrada como un espacio para reconocer la diversidad del medio. Sin embargo, en la práctica, ha privilegiado mayoritariamente producciones estadounidenses o europeas, con narrativas más universales según los estándares de Hollywood y, en muchos casos, desligadas de franquicias previas.

El anime, en contraste, suele ser percibido como demasiado serializado, violento o específico culturalmente, etiquetas que ignoran la amplitud de géneros y públicos que hoy conforman la animación japonesa. El resultado es una exclusión que no responde necesariamente a la calidad de las obras, sino a una concepción limitada de lo que la animación “debe ser” para competir en los Oscar.
El contraste con su impacto global
La falta de representación del anime en los Oscar contrasta con su reconocimiento en otros espacios: festivales internacionales, premios de la crítica y plataformas de streaming han integrado estas producciones como parte central de su oferta cultural. Series y películas de anime influyen hoy en el cine, la televisión y la estética visual global, incluso fuera del ámbito de la animación.
En ese contexto, la ausencia en los Oscar no parece señalar una debilidad del anime, sino una resistencia del propio sistema de premios a adaptarse a nuevas formas de narrativa audiovisual.

¿Un cambio que sigue pendiente?
Año con año, la discusión se repite. Y año con año, la lista de nominadas confirma que el reconocimiento del anime por parte de la Academia sigue siendo la excepción, no la regla. Mientras tanto, la animación japonesa continúa creciendo, innovando y conectando con audiencias globales, con o sin estatuillas.
Tal vez la pregunta ya no sea por qué el anime no llega a los Oscar, sino cuánto tiempo más los Oscar tardarán en reconocer plenamente al anime.
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