Una victoria más grande que la del Super Bowl: Hall, el milagro de poder respirar
Al nacer, el linebacker de los Seahawks sólo tenía el uno por ciento de posibilidades de sobrevivir

Derick Hall lució en el Super Bowl, el escenario más importante de la NFL, al capturar en dos ocasiones al quarterback Drake Maye, de los Patriots. El linebacker de los Seahawks aprendió a superar todas las barreras desde que tenía apenas unas horas de nacido y los médicos le daban apenas el uno por ciento de posibilidades de sobrevivir.
Hall nació cuatro meses prematuro, su peso era apenas superaba el kilógramo, pero su mamá Stacy Gooden-Crandle se aferró a salvar la vida de su hijo.
Mientras el ruido de la celebración aún vibraba entre los elementos de los Halcones Marinos de Seattle y el trofeo del Super Bowl pasaba de mano en mano, Derick Hall se tomó un tiempo en soledad para respirar y pensar en ese momento. Se olvidó de las capturas y la presión al quarterback, ni siquiera en el marcador con el que se impusieron a los Patriots. La imagen era la incubadora de la que tanto le habló su progenitora y que le había acompañado durante sus primeros meses de vida.
Hablando como un chico que tenía uno por ciento de posibilidades de vivir, el poder levantar el Trofeo Lombardi es especial”, dijo Hall.

El linebacker de los Seahawks recordó que estando en el campo del Levi’s Stadium se abrazó con su mamá, quien le dio una palmada en el hombro y comenzó a llorar de felicidad.
Inmediatamente le dije: mamá este momento es para ti. Me costó llegar todo hasta aquí y no preferiría compartir este momento con nadie más”, recordó Hall.
Su madre, una heroína anónima que peleó por su niño
El jugador de los flamantes campeones recordó que su mamá nunca se perdió un juego desde que jugaba flag football y que siempre ha valorado todo ese apoyo.
Ella es la heroína anónima durante todo este proceso, siempre ha mostrado amor y compasión. Nunca se rindió en aquel momento”, recordó durante la celebración.
Y aquel momento fue el 19 de marzo de 2001 cuando los médicos hablaron en términos fríos y estadísticos. Las probabilidades eran mínimas. En un momento, la conversación giró hacia si tenía sentido continuar con el respirador.
Su madre, Stacy Gooden-Crandle, no dudó que debía pelear por su hijo.
Yo lo miré y supe que mi hijo quería vivir”, recordó en una entrevista. “No iba a firmar ningún papel para dejarlo ir. Le hablé todos los días. Le dije que tenía un propósito y que yo había sido elegida para cumplir ese propósito”.
Durante meses, el hospital fue su casa, Stacy le cantaba, le rezaba, le hablaba de un futuro que nadie más podía ver todavía. Derick sobrevivió. Respiró sin ayuda, habló, corrió y con el tiempo jugó futbol americano.
Sin reflectores, Hall se ganó un lugar como pieza clave del campeonato
Seattle lo seleccionó en la segunda ronda del Draft de 2023. No llegó como salvador de la franquicia, sino como una pieza más. Pero año tras año fue ganando responsabilidades y confianza. Hasta que, en el escenario más grande, su presencia fue imposible de ignorar.
En una liga obsesionada con estadísticas, la historia de Derick Hall desafía el molde. No es sólo la de un campeón del Super Bowl. Es la de un niño que sobrevivió, de una madre que se negó a soltar, y de una vida que, contra toda probabilidad, encontró su lugar bajo las luces más brillantes.
Y mientras los Seahawks celebraban el título, Derick Hall seguía respirando, eso para él ya era una victoria.
*mcam
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