San Siro: El adiós definitivo de 'La Scala del calcio' tras los Juegos Olímpicos de 2026
Tras casi un siglo de historia, el icónico estadio Giuseppe Meazza será demolido después de los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina 2026 para dar paso a una nueva era moderna

El icónico San Siro, ese coloso de hormigón que vio nacer a leyendas del futbol durante casi un siglo, se prepara para su gran despedida. La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 será el último evento de magnitud global que acogerá antes de que las excavadoras lo reduzcan a polvo para dar paso a un nuevo estadio cuya modernidad ya no tendrá los vestigios de su glorioso pasado.
Con 99 años de historia a cuestas, este templo del futbol —oficialmente Stadio Giuseppe Meazza desde 1980, en honor al doble campeón mundial que brilló con el Inter y también vistió la rojinegra del Milan— sigue siendo simplemente San Siro para la mayoría.
Los interistas lo llaman Meazza con orgullo; los milanistas, en cambio, prefieren el nombre original del barrio. Todos, sin embargo, coinciden en apodarlo La Scala del calcio, como si cada partido fuera una ópera épica en el escenario más sagrado de Milán.
Construido en tiempo récord entre 1925 y 1926 —en 13 meses—, inspirado en los estadios ingleses que tanto admiraba Piero Pirelli, presidente del Milan de entonces, San Siro abrió sus puertas el 19 de septiembre de 1926 con un amistoso donde el Inter goleó 6-2 al Milan. Aquel día ya olía a rivalidad eterna. Originalmente con capacidad para 35,000 espectadores y sin pista de atletismo, pronto creció: en 1935 llegó a 55,000 tras unir las gradas curvas, y hoy ronda los 76,000, aunque para la ceremonia olímpica se reducirá a 60,000.
No solo ha sido futbol. San Siro ha vibrado con Italia en Mundiales (1934 y 1990), Eurocopas, rugby, boxeo y, sobre todo, con conciertos inolvidables: Bob Marley, Bruce Springsteen, Michael Jackson, Madonna y The Rolling Stones hicieron temblar sus graderías. Recuerdas aquellas noches en que la Curva Nord o la Sud ardían con bengalas y cánticos, el rugido de 80,000 gargantas unidas en un solo latido.
Inter y Milan, ahora dueños del terreno tras comprárselo a la ciudad en noviembre, planean demolerlo para levantar un nuevo coliseo a tiempo para la Euro 2032 que Italia coorganizará con Turquía. El adiós duele. San Siro no es solo cemento y acero; es memoria colectiva: goles de Meazza, hat-tricks de Van Basten, remontadas imposibles, lágrimas de derbis y ecos de himnos que aún resuenan en la cabeza de quien alguna vez pisó sus gradas.
Cuando las luces olímpicas se apaguen esa noche de invierno, un capítulo se cerrará. El nuevo estadio será funcional, futurista, quizás más cómodo… pero nunca será lo mismo.
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