Renunció al mundo millonario de Grandes Ligas y ahora regresa a la universidad a jugar futbol americano
Tras ocho años en los diamantes de la MLB, el exprospecto de primera ronda Jordyn Adams sacude el deporte colegial con uno de los giros profesionales más inesperados de la historia

En el verano de 2018, Jordyn Adams recibió una oferta que pocos adolescentes habrían rechazado. Los Angels de Los Ángeles lo seleccionaron con la elección 17 del Draft de Grandes Ligas y le ofrecieron un bono de firma de 3.5 millones de dólares. La decisión parecía sencilla. Firmó el contrato, dejó atrás su compromiso con la Universidad de North Carolina y guardó en un cajón una prometedora carrera en el futbol americano. Ocho años después, tras una trayectoria que nunca despegó como muchos imaginaban, Adams regresará al punto donde todo cambió. A los 26 años se matriculó en la Southern Methodist University con la intención de incorporarse al programa de futbol americano de los Mustangs y darle una segunda vida deportiva a un sueño que parecía abandonado para siempre.
De acuerdo con varios reportes, Adams se integrará este otoño al programa dirigido por Rhett Lashlee, entrenador que ha convertido a SMU en uno de los equipos de mayor crecimiento dentro del futbol americano universitario. Los Mustangs acumulan un récord de 31 victorias y 10 derrotas durante las últimas tres temporadas y afrontan una etapa de renovación tras la salida de varios receptores importantes rumbo a la NFL.
Un atleta de élite
La historia resulta llamativa porque Adams no era un atleta cualquiera cuando salió de la preparatoria Green Hope, en Carolina del Norte. Era considerado un recluta de cinco estrellas y figuraba entre los 100 mejores prospectos del país. Su talento despertó el interés de algunas de las universidades más poderosas del futbol americano colegial.
Alabama y Clemson intentaron incorporarlo a sus programas, pero Adams eligió Carolina del Norte. Allí planeaba desarrollar una carrera dual entre el beisbol y el futbol americano.
Aquella generación estaba repleta de talento. Entre los jugadores mejor valorados de ese mismo ciclo aparecían futuros nombres estelares de la NFL como Ja'Marr Chase, Jaylen Waddle y Amon-Ra St. Brown.
Sin embargo, el Draft de Grandes Ligas alteró por completo sus planes.
Los Angelinos apostaron por él como una de las grandes promesas de su sistema de desarrollo y Adams decidió que era momento de convertirse en profesional.
En aquel contexto, la decisión tenía lógica. Los deportistas universitarios todavía no podían obtener ingresos por derechos de imagen, nombre o patrocinios. El contrato ofrecido por los Angelinos representaba una oportunidad económica difícil de igualar para cualquier joven atleta.
La realidad, sin embargo, fue muy distinta a la proyectada.
Durante varios años Adams apareció entre los prospectos más importantes de la organización angelina gracias a su velocidad, potencia física y habilidades atléticas. Pero las expectativas nunca terminaron de trasladarse al diamante de las Grandes Ligas.
Entre los Angelinos y los Orioles de Baltimore disputó apenas 38 encuentros en las Mayores. Su promedio de bateo fue de .165, conectó un cuadrangular y produjo cinco carreras impulsadas.
Las oportunidades fueron escasas y la consolidación nunca llegó.
Mientras tanto, el deporte universitario estadunidense experimentó una transformación histórica.
La llegada de las reglas NIL permitió que los atletas comenzaran a generar ingresos mediante acuerdos comerciales, patrocinios y explotación de su imagen personal. Lo que en 2018 parecía una elección exclusivamente financiera hoy ya no resulta tan evidente.
Algunos de los jugadores más cotizados del futbol americano universitario perciben cantidades similares a las que recibió Adams cuando decidió abandonar la universidad.
Reportes especializados estiman que Dakorien Moore, una de las figuras emergentes del deporte colegial, posee un valor NIL superior a los 700 mil dólares. Jeremiah Smith, estrella de Ohio State, es señalado como uno de los atletas universitarios con mayores ingresos, con cifras que oscilan entre los cuatro y los cinco millones de dólares anuales.
La diferencia es que Adams tomó su decisión años antes de que ese modelo existiera.
Ahora intentará descubrir qué habría ocurrido si hubiera elegido el otro camino.
Su regreso también es posible gracias a una particularidad reglamentaria. Como nunca llegó a matricularse en una universidad, conserva su elegibilidad bajo las normas actuales de la NCAA. Salvo cambios de última hora en la reglamentación, podrá competir con SMU durante la temporada 2026-27.
Han pasado ocho años desde que jugó futbol americano de manera organizada. Su experiencia reciente pertenece a un deporte completamente distinto y deberá readaptarse a la velocidad, exigencia física y complejidad táctica del futbol americano universitario moderno.
Pero la oportunidad está ahí.
A los 26 años, cuando la mayoría de los jugadores universitarios ya han dejado atrás esa etapa de sus vidas, Jordyn Adams volverá al campus para perseguir una carrera que interrumpió antes de comenzar. Después de apostar por el béisbol profesional y quedarse lejos de las expectativas que lo acompañaron desde adolescente, tendrá la posibilidad de averiguar si todavía queda algo de aquel receptor que alguna vez fue considerado uno de los talentos más prometedores de Estados Unidos.