Rayados empezó a echar de menos a Germán Berterame, pero rescató el empate ante Tijuana 

En un partido contrastante para los Rayados, sacaron el orgullo para empatar a dos con los Xolos que mostraron gallardía  y fe en una visita complicada

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Sergio Canales tomó la batuta del juego cuanto pudo.Mexsport

Hay ausencias que pesan como el plomo y otras que sirven de manifiesto. En el Gigante de Acero, el Monterrey se enfrentó a su propio espejo: un equipo con una pegada de élite, pero que aún busca el alma que se llevó Germán Berterame a las playas de Florida. El "Inventor de Goles" ahora celebra con el Inter Miami, dejando en la Sultana una nostalgia que solo puede curarse con arte. Desde lejos, los aficionados del Monterrey se enteraron incluso, que en su primer partido con Lio Messi, ya marcó gol.

El boleto de la afición no se pagó con goles de trámite, sino con balística pura. Cuando los caminos al área se volvieron un laberinto, Rayados sacó la artillería pesada desde la larga distancia. No había otra opción sin un centro delantero matón.

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Los jugadores de Tijuana sacaron el empate en el campo BBVA.Mexsport

Ante el panorama incierto por el autogol de Aceves, fue la zurda de seda de Sergio Canales, quien con un trazo quirúrgico desde fuera del área, puso el balón en la esquina; un gol de etiqueta que silenció las dudas. Poco después, Luca Orellano, el recién llegado de la MLS, demostró que su adaptación fue un trámite exprés. El argentino soltó un latigazo violento, un misil tierra-aire que sacudió las redes y confirmó que, si bien el "9" ya no está, el talento sobra para romper defensas desde la periferia.

UNA JAURÍA SIN MIEDO

Pero enfrente no estaba un invitado cualquiera. Los Xolos de Tijuana de Sebastián Abreu llegaron a la Sultana condicionado por la baja de su figura más brillante: Gil Mora por pubalgia. Con apenas 17 años, el joven maravilla se ha convertido en el pulso del equipo, y su ausencia vaticinaba una noche oscura para la frontera. Sin embargo, este Xolos se ha reconstruido bajo la filosofía de la adversidad.

Lejos de achicarse, la jauría sacó la casta. Abreu ha logrado lo impensable: que Tijuana maneje los contratiempos a su beneficio. Se plantaron con una gallardía insultante en un campo que antes era motivo de perdición incluso antes de pisar el campo y que ahora se convirtió en un territorio de batalla parejo donde las individualidades brillaron.

La noche terminó con el sabor agridulce de lo que pudo ser, pero con la satisfacción de haber presenciado un duelo de alta escuela. Rayados se marcha a casa sabiendo que la sombra de Berterame es larga, pero que con los cañones de Canales y Orellano cargados, el camino es menos sinuoso.

Por su parte, la Jauría emprende el regreso a la frontera con el pecho inflado. Se llevaron un punto, pero quizá ganaron algo más valioso: la certeza de que son un equipo capaz de sobrevivir a sus propias bajas, de reconstruirse en el fuego de la batalla y de mirar a los ojos a cualquier gigante de la Liga MX. El empate fue, en última instancia, el triunfo de la resiliencia sobre la lógica.