El Goya de Pumas: Una tradición nacida entre “fugas y coquetería”.
El famoso “¡Goya, cachún cachún ra ra!” no nació en una tribuna ni como un himno deportivo. Su origen se remonta a estudiantes de la UNAM que se escapaban de clases para ir al cine y convivir en el Centro Histórico.

La porra más famosa del fútbol mexicano no nació en una tribuna… nació prácticamente entre “pintas” , cines piojosos y estudiantes con más ganas de divertirse que de entrar a clases.
El legendario “¡Goya, goya, cachún cachún ra ra!” surgió en los años 40 dentro de las preparatorias de la UNAM. Los alumnos de San Ildefonso se escapaban de clases rumbo al viejo cine Goya, ubicado cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México.
El personaje clave fue José Luis Rodríguez Pérez, mejor conocido como “Palillo”, un estudiante recordado por su anémica figura y su habilidad para organizar aquellas escapadas estudiantiles.
“Palillo” negociaba con los encargados de varias salas cercanas, especialmente con el cine Goya, para permitir el acceso libre a los estudiantes universitarios.
La dinámica era sencilla. A la primera oportunidad de abandonar las aulas, aparecía el grito de “¡Goya!”, y el resto seguía el llamado. Aquel código informal de complicidad estudiantil comenzó a adquirir ritmo, cadencia e identidad.
Pero el asunto tomó todavía más fuerza con el famoso “cachún cachún”. Según distintos investigadores, la expresión provenía del ambiente de “cachondeo” que rodeaba aquellas salidas estudiantiles. Porque muchos no iban precisamente por la cartelera, sino por el ligue, la coquetería y el alboroto universitario. Cuando una chica aceptaba la invitación, aparecía el grito cómplice.
Con el paso del tiempo, aquel ritual convertido en leyenda evolucionó hasta transformarse en la identidad sonora de toda la universidad:
“¡Goya, goya!
¡Cachún cachún ra ra!
¡Cachún cachún ra ra!
¡Goya!
¡¡Universidad!!”
Décadas después, el grito terminó apropiado por los Pumas, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del futbol mexicano. Lo que comenzó como un llamado para irse de pinta acabó como el rugido oficial de una de las aficiones más pasionales del país.
Con el tiempo, aquel grito callejero evolucionó hasta convertirse en un símbolo institucional. Y quizá ahí está la gran ironía: que una de las porras más elegantes y tradicionales del futbol mexicano tenga un origen profundamente rebelde, nacido de estudiantes que faltaban a clases para ir al cine y armar el relajo en plena Ciudad de México. Muy universitario todo.
Lo que empezó como un gesto irreverente terminó convertido en identidad pura de la UNAM. Esta noche, el Goya volverá a sonar fuerte en Ciudad Universitaria, aunque pocos recordarán que todo comenzó gracias a un personaje apodado “Palillo” y a un grupo de estudiantes que preferían el cine antes que el salón de clases.