Aprovechar la vida IV. La suerte

Soy gran creyente en la suerte y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo.  

Stephen Leacock

¿La suerte se tiene, se elige o simplemente te toca o no te toca?... Para mí, la suerte es un concepto que mezcla azar y acciones humanas, muchas veces ambas, pueden coincidir: una es esa parte impredecible, aleatoria, externa a uno mismo que carece de alguna provocación personal; la otra, la suerte que se construye, la que se elige, esa que sólo puede aumentar sus probabilidades favorables. La suerte bruta, eso que sucede no lo podemos controlar; lo que sí podemos es influir en las oportunidades y resultados. Y me atrevería a decir que falta un elemento más: la percepción que nosotros mismos tengamos de nuestra propia vida y ese factor suerte.

Mi vida no ha sido una vida fácil, es más, he llegado a escuchar que no he tenido suerte. Sin embargo, yo me siento profundamente afortunada, quizá no porque el azar me haya favorecido. En mi caso, ha primado esa suerte que una construye, que una elige, que una decide cada día empezando siempre, por el lugar desde el que quiere mirarse. Puede que las cosas hayan sido duras – sería imposible negarlo–… sin embargo, aun en el caos he tenido eso que yo llamo bendiciones disfrazadas, focos de protección que me han permitido seguir adelante: personas, oportunidades, momentos de aprendizaje, resiliencia, resistencia, aprendizajes, elecciones y renuncias… muchas renuncias. 

Sí, he tenido suerte y la sigo teniendo, porque mi gente sigue ahí, mis prioridades siguen ahí, mi motivación, mi ilusión y mi propósito sigue ahí, lo importante sigue firme como pilares infranqueables, y eso para mí es suerte. Créame, mi querido lector, si algo he aprendido es que se puede recordar el dolor y también reconocer la salida y valorarla; la suerte no siempre es una vida fácil, o cómoda –que tampoco creo que existan muchas– sino, muchas veces, la suerte simplemente se trata de poder continuar.

Hay veces que la gente mira la vida de otros y cree saber cómo es o, peor aún, cómo sería la suya si la cambiaran por aquella. Comparar las vidas desde fuera es sencillo, casi primario, mirar desde fuera suele tener ese rasgo de mirar con ojos cansados de su propio miedo y de esa idea cómoda de que al otro le va mejor o peor, que tiene mejor o peor suerte. Lo cierto es que la suerte no se mide por lo que se ve, no se mide en una instantánea, en una historia breve, en una frase o una imagen; la suerte no se mide en las superficies ni en las banalidades. 

La suerte –la de verdad– no está en tener una vida fácil, o menos complicada. Está en lo que uno sostiene cuando nadie lo nota. La suerte está tras bambalinas: en las decisiones que uno toma, en las oportunidades y los riesgos que elige, en sus hábitos, en su disciplina, en el miedo enfrentado, en el dolor silenciado, en los intentos fallidos y renovados sin garantías, en las personas que llegaron cuando faltaba el aire; en los recursos internos y externos que nos permitieron seguir. 

Y, sobre todo, en la capacidad de aprender y seguirlo haciendo, en afinar la intuición, la percepción y en evitar a toda costa que el corazón y el alma se empañen y se empobrezcan. Y le diré más… la belleza más grande que tiene el no haber tenido suerte o toda la suerte del azar, pero sí la de las bendiciones ocultas, está en atesorar la propia vida cómo única: una vida que no cambiaría uno por la de nadie porque ha aprendido a amar el resultado de esos procesos personales, de esas sombras y esas luces que le han permitido transformarse en una obra de arte diferente, única, icónica, con mezclas de tiempos, de técnicas y de diseño. 

Créame, nadie sabe los precios que ha pagado cada vida “más o menos afortunada” para existir y seguirlo haciendo. La vida y cómo la vivimos y la aprovechamos no es cuestión de suerte o no, es cuestión de criterio, de supervivencia, de aprendizaje y de sentido propio. No compare su vida con la de nadie. Todos estamos intentando llegar a donde podemos vivir con nosotros mismos. Y eso no se puede comparar como si fuese un premio, eso se honra y se respeta. Ninguna historia es menor, la mayoría son prueba evidente de que, aún en la dificultad, hubo suerte: quién nos sostuvo en la dificultad y las elecciones que hicimos para seguir adelante. Como siempre, usted elige. 

¡Felices suertes, felices vidas!