La FIFA lleva varios años en medio del escándalo, desde los años de Joao Havelange, y principalmente bajo el mandato de su sucesor, Joseph Blatter. Luego de las polémicas que se generaron en torno a la designación de Rusia y de Qatar como sedes mundialistas, el organismo rector del balompié necesitaba de manera urgente limpiar su manchada imagen.
Mucho tiempo de estar bajo la sombra de la corrupción con distintos eventos que trajeron un sinnúmero de críticas, pero lo ocurrido tras bambalinas en la elección de los anfitriones de las Copas Mundiales de 2018 y de 2022 fueron la gota que derramó el vaso, motivo por el cual llegó a la presidencia Gianni Infantino, bajo la bandera de la limpieza y de traer cambios en la forma de trabajar. Pero en lugar de dejar atrás las polémicas, éstas lo han perseguido, propiciando que la imagen del organismo se mantenga bajo nubarrones negros, con comentarios negativos sobre el proceso para la adquisición de boletos para el evento en Norteamérica, y los altísimos precios de los mismos, agregando que durante el Mundial de nuevo surgieron cuestionamientos acerca de cierto favoritismo hacia algunas selecciones y jugadores.
Ahora las cosas han empeorado para Infantino: cuando parecía que su reelección era una mera formalidad, hoy se ve muy cercana su salida, tras presentar un plan que, de haber sido aprobado, le habría dado 20% de las ganancias de la FIFA a inversionistas privados, encabezado por una empresa dirigida por el hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de EU. De por sí la idea no sonaba bien, pero al agregar el factor Trump ésta fue vista con peores ojos, razón por la que la UEFA rápidamente se mostró en contra de permitir que personajes ajenos al futbol pudieran tener poder en la toma de decisiones, llevando a sus federaciones a amenazar con boicotear cualquier evento de la organización presidida por Infantino; a la UEFA se sumaron la Confederación Asiática y buena parte de la Concacaf.
Quien no lo hizo fue la Federación Mexicana, que de manera lamentable prefirió tomarse un tiempo para analizar bien la situación. Para su mala fortuna no hubo tiempo para fijar una postura coherente, debido a que la FIFA dio marcha atrás a su plan tras la avalancha de críticas que llegaron con el ahora ya difunto plan comercial. Desde que me enteré de su postura fui crítico de la misma; no era buena idea para un organismo que de por sí vive en el ojo del huracán. No era momento de analizar, era momento de poner un alto al plan de codicia encabezado por Infantino, que traería dinero al deporte más popular del orbe, pero en el que, al mismo tiempo, le estarían de alguna manera vendiendo el alma al diablo.
Ahora, la Femexfut ha quedado del lado incorrecto de la historia, al no ser firme desde un principio, y su tardío comunicado apoyando la unidad del futbol de poco sirve ahora. Aunque no se ha llevado la paliza mediática de Infantino, de nueva cuenta se han equivocado los directivos de nuestro futbol.
