Aniversario maldito de los Vaqueros de Dallas: Se cumplen tres décadas de su última alegría

Una jugada polémica de Neill O’ Donnell dictó sentencia en el partido aquella tarde en Arizona 

thumb
Troy Aikman fue el cerebro de los Vaqueros de Dallas en la conquista del Super Bowl XXXMexsport

Han pasado tres décadas desde la última vez que los Vaqueros de Dallas levantaron el Trofeo Vince Lombardi. Treinta años de promesas incumplidas, de planteles talentosos que se quedaron a medio camino y de una afición que sigue mirando al pasado para entender por qué aquel equipo de los 90 parece, aún hoy, irrepetible. Para encontrar el origen de esa sequía basta con regresar al Super Bowl XXX, el partido que cerró la dinastía y que, sin saberlo, marcó el inicio de una larga espera.

Era enero de 1996 y Dallas llegaba como favorito ante los Acereros de Pittsburgh. Aquellos Vaqueros de Barry Switzer tenían un ADN campeón: Troy Aikman como su quarterback cerebral, Emmitt Smith dominando el reloj con sus acarreos y Michael Irvin imponiendo respeto en cada ruta. Del otro lado, los Steelers apostaban por la intensidad defensiva y la agresividad de Neil O’Donnell para romper los pronósticos.

El partido comenzó con tensión, como suelen hacerlo las grandes finales. Dallas golpeó primero con un pase de Aikman a Irvin, una jugada que resumía la química construida durante años. Sin embargo, Pittsburgh respondió y mantuvo el duelo cerrado, esperando el error que los metiera de lleno en la pelea.

NEIL O’ DONELL Y LA JUGADA MÁS POLÉMICA DE SU CARRERA 

La jugada que cambió la historia ocurrió en el segundo cuarto: Neil O’Donnell lanzó un pase que parecía diseñado para un receptor inexistente. Larry Brown, esquinero de Dallas, leyó la trayectoria, interceptó el balón y lo devolvió hasta la zona de anotación. Fue un golpe directo al ánimo acerero y una señal clara de que los Vaqueros sabían castigar cualquier equivocación.

Pittsburgh intentó recomponerse en la segunda mitad y por momentos lo consiguió, acortando la distancia en el marcador y metiendo presión. Pero cuando el partido exigía precisión, O’Donnell volvió a fallar. Otra intercepción, otra vez en manos de Larry Brown, dejó servido el campo para que Dallas ampliara la ventaja y controlara el reloj con Emmitt Smith, el símbolo de la constancia y el desgaste.

El 27-17 final no solo coronó a los Vaqueros como campeones por quinta vez; también selló el último capítulo de una dinastía. Larry Brown fue nombrado Jugador Más Valioso, una rareza para un defensivo, pero un reconocimiento justo a las jugadas que definieron el partido.

thumb
La falla garrafal del líder de los Acereros los privó de ganar el Trofeo Vince Lombardi Mexsport 

Desde entonces, Dallas no ha vuelto al Super Bowl. Han pasado entrenadores, quarterbacks y proyectos que prometían devolver la grandeza, pero ninguno ha logrado romper la barrera de las finales de conferencia. 

Treinta años después, aquel Super Bowl XXX sigue siendo más que un recuerdo glorioso. Es el punto de comparación inevitable, el partido que marcó el estándar y, al mismo tiempo, el inicio de una ausencia que pesa cada vez más. Para los Vaqueros y su afición, el pasado sigue siendo brillante… y el presente, una búsqueda constante por volver a estar ahí.