La gloria de Seahawks está a la venta
Paul Allen, dejó un testamento en el que indicó que sus activos deberían liquidarse para entregar todos los recursos a laboratorios de neurociencia y programas de conservación

Las luces del Levi’s Stadium proyectan sombras largas sobre el césped, donde cada hoja de pasto parece alineada bajo una lógica algorítmica. No hay espacio para el azar en la víspera del Super Bowl LX, porque el destino de los Seahawks de Seattle fue programado con la precisión de un código de software hace casi una década. Paul Allen, el hombre que cofundó Microsoft y rescató a esta franquicia de un exilio casi seguro en California en 1997, no concebía el deporte sin una estructura de datos que respaldara la pasión. Sin embargo, esa transformación que logró, deberá salir a la venta por el testamento que escribió.
Seattle se encuentra a 60 minutos de la gloria de la NFL y a poco tiempo de que el fideicomiso cumpla la última instrucción de su creador y cuelgue el letrero de venta sobre el Lumen Field.
Tras su muerte en 2018, el magnate (sin esposa ni hijos) dejó una hoja de ruta inflexible para su hermana, Jody, con el fin de que cada dólar se tradujera en recursos para laboratorios de neurociencia y programas de conservación oceánica.
La herencia de los 20,000 millones y un deseo
Jody Allen ha gestionado el patrimonio con la inteligencia de quien reconoce que las leyendas no se liquidan en una tarde de oficina. El ecosistema financiero del deporte estadunidense mutó con la reciente venta que hizo de los Trail Blazers de Portland por 4,200 millones de dólares. Ese movimiento marcó el inicio de un efecto dominó inevitable dentro del holding Vulcan LLC, donde la arquitectura fiduciaria exige ahora el cumplimiento de la voluntad de Paul.
John Canzano, un escritor deportivo y presentador de programas de entrevistas radicado en Portland, informó que habló con personas familiarizadas con los términos que le dijeron que Allen quería que el fideicomiso se liquidara después de su muerte y que el dinero se usara para financiar causas que le apasionaban, como la investigación del cerebro .
“Las instrucciones son claras: las franquicias deportivas y todo lo que está en el fideicomiso deben venderse”.
Paul Allen los adquirió por 200 millones para evitar que la identidad de la ciudad fuera arrancada, un acto de patriotismo local que hoy se traduce en una rentabilidad astronómica.
Ahora, la valoración de 6,600 millones de dólares sitúa a los Seahawks en una posición de poder absoluto en el mercado. La venta no es una posibilidad remota, sino una obligación que pende sobre la franquicia justo cuando alcanza el punto más alto a nivel competitivo.
El contrato de arrendamiento del estadio se extiende hasta 2032, lo cual otorga al futuro comprador una seguridad que pocos activos en el mercado deportivo pueden igualar.
El interés de la NFL por acelerar la venta ha dejado de ser un secreto en los círculos financieros de Wall Street, donde se disecciona la estructura de Vulcan LLC con el convencimiento de que un triunfo ante Nueva Inglaterra aumentaría el precio de salida a niveles nunca vistos.
La venta representará probablemente la mayor operación de la NFL en la historia, superando con holgura la compra de los Commanders. Los analistas sugieren que el momento actual es inmejorable debido a la convergencia de un equipo joven, un estadio icónico y una liga que está a punto de renegociar sus derechos de transmisión por cifras que superan los 110,000 millones de dólares. Quien adquiera la franquicia no solo compra un equipo de fútbol, sino una posición estratégica en el negocio del entretenimiento global que Allen ayudó a profesionalizar con su visión tecnológica.
Paul Allen era un guitarrista ávido que entendía que la vida se compone de momentos de tensión que deben encontrar una resolución armónica. El Super Bowl LX representa esa nota final en su compleja partitura. Enfrentar a los Patriots cierra una herida abierta en la memoria de la organización y permite que el ciclo de Allen concluya en el mismo escenario donde comenzó su declive físico y su última gran decepción competitiva. El dueño que prefería analizar la genética del cerebro o luchar contra el ébola antes que figurar en las portadas, dejó una estructura que funciona con la precisión de un software optimizado.
Si Seattle levanta el trofeo el domingo 8 de febrero, el desfile por las calles servirá como una celebración y un adiós simultáneo. Jody Allen ha mantenido la competitividad en niveles de excelencia mientras los abogados preparan los cuadernos de venta para los interesados que ya hacen fila en las oficinas de Allen & Co. La filantropía aguarda su turno como el destino final de los 20,000 millones de dólares que Paul acumuló.
El hombre que calculaba las probabilidades desde la banda comprendía que el juego siempre termina y los activos deben cumplir su propósito social.
Seattle se prepara para la gloria mientras el fideicomiso prepara para la subasta, una transición hacia un futuro donde el equipo ya no pertenecerá a un hombre, sino al cumplimiento de su última voluntad.
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