“Fue un madrazo para mí”: Malagón y su dolorosa ausencia en el Mundial
El portero del América recordó el dolor de encontrar su imagen en la publicidad del Mundial mientras se recuperaba de una lesión. Entre lágrimas y días sin apetito, su hija lo impulsó a volver.

A donde fuera, Luis Ángel Malagón se encontraba con fotos suyas con el uniforme de la Selección Mexicana. En gasolineras, espectaculares y hasta empaques de huevo, su imagen anunciaba un Mundial que había soñado disputar en casa, pero del que una rotura del tendón de Aquiles lo dejó fuera.
El portero del América aparecía en la publicidad, aunque su realidad era otra: mientras México se preparaba para inaugurar la Copa del Mundo, él tenía que seguir con su recuperación. El 11 de junio fue a entrenar temprano y regaló los dos boletos que recibió para el partido porque no se sentía con la fuerza emocional para asistir.
Fue un madrazo para mí, te soy sincero, pero hoy día ya te lo puedo decir, lo digerí; me costó varios meses, pero ya estoy tranquilo”, confesó Malagón en entrevista con Multimedios, al recordar el contraste entre ver su rostro por toda la ciudad y saber que no estaría en la cancha.
El guardameta había trabajado desde niño para llegar a una Copa del Mundo. Disputarla en México, con su familia cerca, hacía todavía más especial una oportunidad que desapareció cuando faltaban tres meses para el torneo.
“Sí, fue un golpe difícil, complicado, por lo que se venía en el momento que ves tan cerca lo que es el Mundial, lo sientes aquí en las manos y de la nada se va esfumando”, relató el arquero.
Malagón tuvo que reconstruirse en lo físico y en lo emocional. El regreso a la titularidad con los Águilas del América, siete meses después de la lesión, llegó tras una etapa en la que hubo llanto, pérdida de apetito y dificultades incluso para volver a caminar.
México inauguraba el Mundial; él iba a entrenar
El día inaugural comenzó para Malagón alrededor de las cinco de la mañana. Tenía entrenamiento a las siete y, desde temprano, encontró aficionados vestidos para acompañar a la Selección Mexicana.
Todo el mundo andaba con la playera de México, por un tema de patrocinio no podía ponerme la playera que es la original de la Selección”, recordó el portero, quien llegó a las instalaciones del club vestido de civil.
Santiago Baños lo encontró al terminar la sesión, cerca de las ocho y media, y notó el dolor que cargaba. El presidente del América le preguntó qué tenía.
“Me está llevando la que me trajo”, respondió Malagón. Cuando el directivo quiso saber la razón, el guardameta contestó: “Tú sabes por qué”.
Baños lo abrazó y, con su manera de hablar, lo alentó a continuar: “Échale putazos, cabrón, esto no te va a tumbar, dale para adelante”.
El arquero aseguró que aquel gesto le ayudó, aunque todavía no tenía ánimo para vivir la inauguración desde la tribuna.
“Me dieron dos boletos para ir, se los regalé a mi hermano y a mi mujer, no me sentía con la capacidad ni con la fuerza emocional para estar en ese momento”, explicó Malagón.
El americanista regresó a casa con su hija Brenda. Encendió el partido, pero lo siguió principalmente por el sonido mientras la cuidaba. Afuera, su imagen seguía ligada a la fiesta mundialista.
“Sí fue muy doloroso, porque aparte si tú veías la ciudad, gran parte de la propaganda salía yo: en gasolineras, en espectaculares, que en el huevo…”, contó el guardameta.
Una lesión que lo hizo llorar junto a su madre
El 10 de marzo, el día de la lesión ante Philadelphia en la Champions Cup, había comenzado de manera distinta. André Jardine le dio el gafete de capitán y el portero se sentía bien antes de que todo cambiara.
Pues sí me genera tristeza, ese día había sido muy lindo, André me había puesto de capitán y parecía que todo iba bien, me sentía muy bien”, recordó Malagón.
La rotura del tendón de Aquiles lo obligó a enfrentar dificultades que iban más allá de regresar a la portería. Durante el comienzo de la rehabilitación, recuperar movimientos cotidianos también fue un desafío.
“Al principio cuando empezó todo esto de la lesión no sabía si iba a volver a caminar, la gente de aquí sabe que me costó mucho caminar, como que el cuerpo pierde la noción de lo que tiene que hacer”, explicó el arquero.
El primer mes fue el más complicado. Malagón no entendía por qué le había ocurrido justo cuando estaba cerca del Mundial, y uno de los episodios que más lo marcaron sucedió en Aguascalientes, cuando su madre lo ayudaba a bañarse.
“Me agarró llorando y volteé a verla y mi mamá estaba llorando y fue decir: ¿por qué?, ¿por qué ahora?, ¿por qué en este momento?”, relató el portero.
Malagón explicó que las lágrimas aparecían sin que pudiera anticiparlas. Bañarse se convirtió en uno de los momentos en los que más lo vencía la emoción, durante semanas en las que también perdió las ganas de comer.
“Fue mes y medio, yo creo que hasta dos meses donde sinceramente pues dejé de comer, esto lo ves en mi físico, estoy muy delgado, perdí muchos kilos; a veces hacía una comida al día porque no tenía ganas de nada”, contó el americanista.
Su hija le dio una razón para seguir
Brenda, su hija, se convirtió en el principal impulso para levantarse. El apoyo psicológico, su pareja, su familia y el personal médico y deportivo del América también lo acompañaron durante la recuperación.
Creo que verla y siendo mi motor fue lo que me dio para arriba y decir, ‘no puedo rendirme, tengo que echarle’”, expresó Malagón.
El guardameta encontró otra fuente de fuerza en el ejemplo de su padre, quien trabajó como barrendero para sacar adelante a la familia.
“Y recordar a mi padre como trabajó siempre siendo barrendero, que no le importó nada y nos sacó adelante, de ahí agarré fuerzas y dije ‘no me puedo quedar con esto’”, compartió el portero.
La convivencia con el equipo también le ayudó. Aunque inicialmente no estaba contemplado que viajara a la pretemporada en España, finalmente se incorporó junto con Víctor Dávila, quien también estaba lesionado.
Rubens Valenzuela les transmitió un mensaje que Malagón conservó como parte de su recuperación: “Aquí no hay ningún lesionado, todos son jugadores”.
El arquero aseguró que sentirse incluido le dio motivación. Más adelante, durante un viaje del equipo a Los Ángeles, su pareja le propuso ir a Miami para asistir al Noruega-Inglaterra y vivir una parte del Mundial desde la tribuna.
Malagón aceptó y adelantó su sesión de rehabilitación a las seis de la mañana para poder tomar el vuelo. Después de haberse sentido incapaz de acudir al partido inaugural, finalmente encontró ánimo para estar en un encuentro.
El sueño mundialista sigue pendiente
El regreso a la titularidad, el pasado sábado frente a los Rayados del Monterrey, le permitió cerrar siete meses lejos de su puesto. Malagón señaló que volvió con siete kilos menos, pero también con una perspectiva distinta sobre su vida y su carrera.
Me siento mejor, obviamente con esa espinita de algún día poder estar en un Mundial, pero me siento mejor persona, mejor papá, mejor pareja”, afirmó el guardameta.
El portero de 29 años mantiene la ilusión de regresar a la Selección Mexicana. Para conseguirlo, tiene claro que primero debe rendir con los Águilas del América, donde quiere ampliar su colección de campeonatos.
“Hay que seguir trabajando, hay que marcar diferencia aquí porque siempre éste, el Club América, es el que te va a poner en los grandes escenarios”, expresó Malagón.
Su hija también ocupa un lugar central en esa nueva etapa. El objetivo de ganar más títulos ahora tiene una motivación familiar que lo acompañó desde los días más difíciles de la lesión.
“Hoy tengo un motivo muy grande que es mi hija, para seguir dándole y buscando esa versión diferente”, aseguró el arquero.