Fernando Mendoza cambia la historia de Indiana… y los Raiders ya sueñan con él
El quarterback comandó el título nacional de los Hoosiers. A la distancia, los aficionados de Las Vegas Raiders, lo observan ya como la esperanza de su reconstrucción.

Fernando Mendoza se abrió paso hasta anotar un touchdown y, con ello, cambiar por completo la historia. El quarterback comandó la noche más importante del programa de Indiana Hoosiers, que venció 27-21 a los Miami Hurricanes para coronarse campeón nacional y completar una de las transformaciones más improbables que ha visto el futbol americano colegial.
La jugada que definió el partido, la temporada y, en cierta forma, la historia, llegó a falta de poco más de nueve minutos por jugarse en el último cuarto. Cuarta oportunidad y cuatro yardas por avanzar. El escenario no admitía errores ni medias decisiones.
Mendoza tomó el balón, rompió una tacleada, absorbió el contacto y, ya sin equilibrio, se lanzó en horizontal para estirar el ovoide y cruzar el plano de anotación. Fue un touchdown de 12 yardas que no solo amplió la ventaja, sino que encapsuló el carácter de un equipo que dejó de ser frágil para convertirse en campeón.
Indiana tomó así una ventaja de 10 puntos, apenas el margen necesario para resistir el empuje final de Miami. Los Hurricanes, que habían golpeado a Mendoza desde temprano —incluso abriéndole el labio en el primer tiempo—, encontraron vida en el último cuarto detrás de Mark Fletcher, quien corrió para 112 yardas y dos touchdowns, pero nunca lograron emparejar el marcador.
Mendoza no tuvo una noche explosiva por aire. Cerró con 186 yardas por pase, números modestos para una final nacional, pero suficientes dentro de un plan que priorizó la ejecución, la disciplina y la toma de decisiones. Cuando Indiana necesitó precisión, la encontró. Cuando requirió valentía, el quarterback respondió con el cuerpo.
Esa secuencia decisiva fue producto de dos apuestas consecutivas del entrenador Curt Cignetti, que se negó a entregar el balón en el momento más crítico. Primero, Mendoza conectó con Charlie Becker en un envío de 19 yardas que mantuvo viva la serie. Cuatro jugadas después, llegó la decisión que define campeonatos.
Cignetti envió inicialmente a su pateador para intentar el gol de campo en cuarta oportunidad desde la yarda 12, pero cambió de opinión. Pidió su segundo tiempo fuera, reunió al equipo en el campo y dibujó la jugada: corrida del mariscal de campo. Mendoza, lejos de ser un corredor natural, ejecutó con convicción. El resto ya es historia.
El título llevó al trofeo del College Football Playoff a Bloomington, Indiana, un destino impensable para un programa que acumuló 713 derrotas en más de 130 años antes de la llegada de Cignetti. En apenas dos temporadas, Indiana pasó de cargar con el peso de la derrota a levantar el campeonato nacional y cerrar una temporada perfecta de 16-0, algo que no se veía desde Yale en 1894.
Y mientras el trofeo se celebra en el ámbito universitario, a cientos de kilómetros, en Las Vegas, la escena se mira con otros ojos. Los aficionados de los Las Vegas Raiders, dueños del primer pick del próximo NFL Draft, observan a Mendoza y sueñan. Sueñan con que el quarterback que sacó a Indiana de su letargo pueda ser el mismo que devuelva identidad y rumbo a una franquicia que lleva años buscándolo.
Indiana dejó de ser la historia del que siempre pierde. Es el campeón nacional. Y en el centro de esa metamorfosis quedó Fernando Mendoza, el quarterback que convirtió una apuesta en legado… y que, a la distancia, ya enciende la ilusión plateada y negra.
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