Por Zaira Zepeda / Analista
Durante décadas, a las mujeres se nos dijo que la tecnología era territorio ajeno. Que las matemáticas eran difíciles, que la ingeniería no era “para nosotras”, que la programación era cosa de genios solitarios. Hoy, ese relato ya no sostiene.
El mundo funciona sobre líneas de código. Desde cómo pedimos comida, cómo pagamos, cómo trabajamos, hasta cómo se toman decisiones públicas y privadas. El código se convirtió en un idioma de poder. Y si el futuro se construye desde ahí, entonces es indispensable que las mujeres también lo escribamos.
Cada 8 de marzo recordamos que la igualdad no es un punto de llegada, sino un proceso. Un proceso que hoy pasa, necesariamente, por la tecnología.
En México, miles de mujeres lideran empresas, encabezan proyectos sociales y sostienen economías locales. Sin embargo, seguimos subrepresentadas en carreras STEM, en equipos de desarrollo tecnológico y en puestos directivos dentro de la industria digital. Esta brecha no es sólo un problema de inclusión; es un problema de competitividad para el país.
Cuando las mujeres no estamos en la mesa donde se diseñan las plataformas, los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial, nuestras realidades quedan fuera del modelo.
La IA no es únicamente una herramienta para automatizar tareas. Es una fuerza que redefine cómo se asignan recursos, cómo se evalúan perfiles, cómo se otorgan créditos y cómo se priorizan políticas públicas. En otras palabras, la IA influye en oportunidades.
Por eso, impulsar a más niñas y mujeres a aprender ciencia, tecnología y programación no es una moda: es una inversión estratégica.
Pero escribir el futuro en código no significa que todas deban convertirse en ingenieras. Significa que todas debemos tener alfabetización digital. Entender cómo funciona la tecnología, qué decisiones toma por nosotras y cómo usarla a nuestro favor.
Una empresaria que usa IA para analizar su mercado, una estudiante que aprende a programar, una directiva que toma decisiones basadas en datos, una emprendedora que automatiza su operación: todas están escribiendo futuro.
Este 8M no sólo conmemoremos las luchas del pasado. Aceleremos las transformaciones del presente.
Necesitamos más mujeres creando tecnología, liderando innovación y tomando decisiones estratégicas. Necesitamos más mujeres que vean en el código una herramienta de libertad, crecimiento y autonomía.
Porque el futuro no es neutro, es automático. El futuro se diseña, y también se escribe en femenino y en código.
