Irán, mal cálculo
En el actual contexto, los Acuerdos de Abraham no son sólo ya un marco para la cooperación económica entre ciertos países árabes e Israel, sino que de hecho han modificado su naturaleza en el curso de los últimos seis días para incorporar una colaboración pragmática en cuestiones estratégicas y de seguridad.
Los primeros días de la guerra que libran EU e Israel contra Irán han estado llenos de acontecimientos tan inesperados y sorpresivos que a estas alturas es imposible predecir prácticamente nada. Lo que ha ocurrido en seis días de intensos bombardeos entre las partes no pudo haber sido previsto por nadie, al igual que nadie está en posibilidad de presagiar los resultados de esta magna conflagración que se extiende velozmente en la región y más allá de ella. Si acaso, es posible aventurar algunos desarrollos que empiezan a perfilarse ya desde esta temprana etapa de la guerra.
Uno de los más relevantes es el surgimiento de un sólido bloque de cerca de una decena de países árabes sunitas que al haber sido atacados por Irán, automáticamente se han alineado con Estados Unidos e Israel. Todo indica que el golpeado régimen iraní, que desde el primer día de la guerra perdió a buena parte de su cúpula gobernante incluido su máximo líder, el Ayatola Jamenei, reaccionó bombardeando a sus vecinos árabes a partir de la consideración de que ello generaría fuertes presiones de éstos hacia EU a fin de detener la guerra.
Sin embargo, el resultado fue justamente el opuesto. El bloque anti-iraní se amplió aún más con el ataque contra una base británica en Chipre y poco después contra territorio turco. Ambos ataques tuvieron como resultado que tanto la Unión Europea como la OTAN fueran de algún modo arrastrados a involucrarse en esta guerra.
Es claro que la arriba descrita táctica de Teherán constituyó un grave error de cálculo. Su presunción de que desestabilizar el golfo Pérsico atacando a buques petroleros y a infraestructura energética, como lo hizo con la refinería saudita de Ras Tanura, fue un error, ya que no sólo no doblegó a sus adversarios, sino que tuvo el efecto contrario. En lugar de generar disuasión, Irán ha profundizado su conflicto con el mundo árabe sunita que ante esa ofensiva está mucho más necesitado de cobijarse bajo la protección de EU, e incluso de apostar preferentemente por una alianza estratégica con Israel.
En el actual contexto, los Acuerdos de Abraham no son sólo un marco para la cooperación económica entre ciertos países árabes e Israel, sino que de hecho han modificado su naturaleza en el curso de los últimos seis días para incorporar una colaboración pragmática en cuestiones estratégicas y de seguridad. A medida que la amenaza iraní crece, aumenta la percepción de que los países del Golfo e Israel tienen un enemigo común y deben enfrentar conjuntamente el desafío de un Irán que ha enloquecido al ver cómo su sueño de hegemonía regional y de expansión de la revolución islámica se desmorona.
Desde luego Irán sigue contando con el apoyo de lo que queda de sus proxys regionales, aunque éstos ya no son lo que solían ser apenas hace dos años y medio. El Hezbolá libanés, aunque aún activo y dispuesto a lanzar sus misiles al norte de Israel, lo hace hoy desde una condición de debilidad a causa de los golpes recibidos durante su anterior confrontación con Jerusalén y de la decisión actual del gobierno central libanés hoy mucho más empoderado, de impedir hasta donde sea posible que Hezbolá vuelva a arrastrar al país a una guerra que no le concierne directamente. Con ese propósito, el presidente Macron de Francia acaba de anunciar el envío de apoyo militar a Beirut, justamente con el fin de colaborar en el proceso de desarme de Hezbolá.
Otro de los aliados de Irán, en el pasado muy importante, fue el régimen dictatorial de los Assad en Siria, pero éste ha quedado desmantelado desde hace cerca de un año y medio. Y si bien aún le queda a Teherán el apoyo de los hutíes de Yemen y de las milicias chiitas de Irak, se trata sin duda de aliados que en comparación con la solidez del bloque anti-iraní que de manera tan rápida se ha ido integrando durante esta semana, serían incapaces de contrarrestar la fortaleza de su contraparte. Finalmente, es ilusorio que Rusia o China estén dispuestos a participar activamente en esta guerra a pesar de ser tan cercanos al controvertido régimen de los ayatolas.
