Distancia, política y reguetón: por qué la ausencia de Donald Trump en el Super Bowl LX es menos sorpresiva de lo que se cree

La Casa Blanca retoma su tradición de ausencia tras el paréntesis de 2025 mientras el Super Bowl recupera su estatus sin la figura presidencial 

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Trump se convirtió en 2025 en el primer presidente de EU en funciones en acudir a un Super Bowl.Reuters

El idilio presencial entre Donald Trump y el gran juego de la National Football League parece haber sido un romance de una sola noche, un espejismo en el domo de Luisiana que no encontrará eco en las costas de California. Tras su histórica irrupción en el Super Bowl LIX el año pasado, el mandatario ha decidido que la edición LX no vale las seis horas de traslado en el Air Force One. Entre la geografía implacable y un cartel musical (Bad Bunny) que le resulta irritante, el comandante en jefe ha preferido el control remoto sobre el protocolo del emparrillado.

El muro de las 3,800 kilómetros

La logística es el argumento que citó Trump. Para un hombre que ha hecho de la Avenida Pennsylvania y las arenas doradas de Palm Beach sus centros de estancia, el Levi’s Stadium en Santa Clara se dibuja como un destino remoto. El cálculo de vuelo no deja margen para el entusiasmo.

Desde Washington D.C.: Un trayecto de 3,800 kilómetros El avión presidencial, pese a su majestuosidad, requiere un traslado de cinco horas y 45 minutos de vuelo neto para tocar suelo californiano.

Está demasiado lejos", confesó Trump recientemente. "Iría si fuera un poco más corto", sostuvo en la entrevista que le concedió a The New York Post en la Oficina Oval.

Pero el mapa no es el único enemigo. Fiel a su estilo cáustico, Trump no ha ocultado su desdén por el menú artístico de la liga. La elección de Bad Bunny para el espectáculo de medio tiempo ha sido la estocada final. El mandatario ha calificado la decisión como "absolutamente ridícula".

No es sólo una cuestión de gustos musicales, sino de contrastes ideológicos. El astro puertorriqueño ha sido un crítico feroz de la agenda MAGA, y para Trump, sentarse en un palco de honor mientras el estadio vibra al ritmo del reguetón de protesta sería un escenario de vulnerabilidad que no está dispuesto a aceptar-

El eco de Nueva Orleans

Lo que el público suele olvidar es que, antes de 2025, ningún presidente en funciones había pisado un Super Bowl. La norma dictada por el Servicio Secreto y la tradición política siempre fue la entrevista previa desde la Casa Blanca y el consumo privado del juego.

La irrupción de Trump en el Super Bowl LIX en Nueva Orleans fue una ruptura total del guion. Aquella tarde, entre el calor de Luisiana y un estadio dividido entre vítores y abucheos, se sentó un precedente que muchos creyeron eterno. Sin embargo, el retiro de este año hacia la comodidad de su residencia confirma que aquello fue un evento aislado, una conquista territorial en un estado "amigo" que no se repetirá en las costas liberales del Pacífico.

Los expresidentes suelen acudir al Super Bowl

Una vez que el peso del Despacho Oval se desvanece, el Super Bowl deja de ser una pesadilla logística para convertirse en un retiro de lujo. Ronald Reagan, por ejemplo, tuvo que conformarse con lanzar la moneda vía satélite desde la Casa Blanca en 1985, un gesto que subrayaba su ausencia física. Otros, como Jimmy Carter o Bill Clinton, han sido vistos en las gradas después de sus mandatos.. Para ellos, el juego es un regreso a la vida civil, lejos de los códigos nucleares.

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Los expresidentes George H.W. Bush y Bill Clinton asistieron al Super Bowl XXXIX.NFL

Sin embargo, ninguna aparición de un exmandatario ha sido tan cargada de simbolismo como la de George H.W. Bush. En 2002, apenas meses después de los ataques del 11 de septiembre, el "41" pisó el césped en Nueva Orleans para el sorteo inicial, convirtiéndose en el primer expresidente en realizar el volado en persona. Quince años después, repitió la hazaña en Houston, ya en silla de ruedas pero con la misma dignidad institucional, flanqueado por Barbara Bush. 

El Super Bowl LX recupera así su naturaleza original: un fenómeno de masas que se observa a la distancia. Sin el Air Force One en la pista de San José, la atención vuelve al ovoide.