Ciudad Da-Neza en México 1986

Prohibido mostrar Neza: la otra sede del Mundial 86

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Ilustraciones: Ambulante

Al este de la Ciudad de México existe un mar de cemento, Ciudad Neza. Se empezó a poblar en 1940 y en 1986 fue sede del Mundial. Ahí, en la avenida Chimalhuacán, existe un monumento del aro de pelota prehispánico, un vestigio de que en ese tiempo, efectivamente, hubo partidos de futbol internacional.

Por ahí caminaron más de tres mil daneses, muchos de ellos con gafas oscuras, pero sin camisetas, varados en cada tienda de abarrotes o puestos de garnachas para pedir cerveza. Les tocó ver dos partidos y jamás creyeron que ese lugar sería un cuento de hadas.

Jonh Sorensen era el intérprete de la delegación danesa. Al tiempo, recuerda esa visita como algo anecdótico.

“Para nosotros era surreal, como esos paisajes que nos contaban en los cuentos de miedo cuando éramos niños, pero nos dimos cuenta que era muy pintoresco, que la gente era amable, risueña. Los jugadores, los aficionados y todos los daneses que estuvimos en México 86 la pasamos muy bien. Era tanto el fervor que decíamos que era Ciudad Da-Neza”.

El primer partido fue Dinamarca contra Escocia a las tres de la tarde. Los aficionados que se arrimaron al estadio José López Portillo, denominado Neza 86 para el evento, se toparon pronto con la realidad.

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“Muchos daneses se quedaron en la zona de Polanco o en el Centro y tomaban el camión para Ciudad Neza. Se pusieron impávidos al ver el inmueble”, detalla Sergio Fuentes, un aficionado que hizo amistad con ellos. “Eran muchos jóvenes que venían de la Universidad de Copenhague, pero se quedaron sorprendidos de ver lo modesto del lugar y la falta de limpieza en todos lados. Hasta nos preguntaron si México jugaría en Neza dejando el Azteca o por qué no había partidos de noche. Nos reíamos, ¿qué les íbamos a contestar?”.

Atrás del estadio, el Bordo de Xochiaca, el tiradero de basura más grande del Área Metropolitana y, por los demás flancos, casas en obra negra, ropa colgada en los tendederos y perros callejeros. Toda una fauna de folclor.

“Es verdad, Neza no estaba lista para recibir el Mundial, pero ¿qué iba a pasar? Lo de siempre, lo que hacen los mexicanos, de la desgracia sacan una fiesta. Los daneses estaban encantados. Como era su costumbre bebían antes de los juegos y atascaron las tiendas de abarrotes, los puestos, incluso de las casas salía gente a brindar con ellos con caguamas. No recuerdo que haya habido un robo o un problema”, expresa Edgardo, uno de los testigos de aquellas tardes.

Dinamarca ganó su primer partido 1-0 a Escocia. Dicen que en los vestuarios, el técnico escocés comenzó a golpear las paredes. Era un joven Alex Ferguson que estaba ahí a causa de la muerte. Sí, su maestro, John Jock Stein, murió de un infartó el día que clasificó a su país al Mundial y el equipo quedó a su cargo. Después de los puñetazos dijo: “al menos jugamos como John quería”.

Los daneses eran dirigidos por un polaco, Sepp Piontek, que veía a sus jugadores como una banda de rock. Les dejaba fumar, beber y sexualizar con prostitutas. “Son muy responsables, se pueden divertir lo que quieran, para eso es el Mundial”.

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Y ese equipo arrabalero disfrazado de vikingo volvía loca a la gente de Ciudad Neza. Para el segundo partido, daneses y mexiquenses eran uno solo. Los uruguayos, apenas una delegación de personas. Vino entonces la enajenación, goleada de 6-1. Fiesta total en las calles, uno que otro danés invitado a las casas fincadas en la avenida o a beber en la banqueta. Por cierto que en ese juego, se dio la expulsión más rápida en la historia de los Mundiales. El francés Joël Quiniou le mostró la roja a José Batista a los 56 segundos.

El tercer partido fue más apagado, Uruguay y Escocia empataron sin goles.

Neza, pronto, se quedó sin fiesta. La FIFA en realidad nunca la quiso como sede, fue un asunto más bien político. La organización quería que el Estado de México tuviera estadio, pero el de Toluca que estaba en deplorables condiciones fue rechazado, entonces por necedad, Rafael del Castillo y Guillermo Cañedo, directivos del comité, propusieron Neza, un estadio olvidado siempre, construido cinco años atrás. Los miembros de la FIFA cuando dieron el recorrido, dijeron que el pasto estaba impecable, pero que lo demás —las calles aledañas— no podía ser visto por televisión y así fue, a Neza sólo se le enfocó el interior del estadio.

Dinamarca abandonó la ciudad y perdió sus poderes mágicos. En octavos de final, en La Corregidora de Querétaro, fueron vapuleados por España 5-1. Quizá los excesos de la fiesta terminaron por destruirla, ¿pero en Ciudad Neza quién les quita lo bailado?

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