Bad Bunny: se habla español
Cuando lanza versos como “no sueltes la bandera ni olvides el lelolai, que no quiero que te pase lo que le pasó a Hawái”, interpretada por Ricky Martin en el medio tiempo del Super Bowl LX, el mensaje es advertencia histórica.

Fernando Islas
Editorial
Fue una celebración de 14 minutos para América. El continente, no el país. Los anglosajones resumen así a Estados Unidos de América. De ahí la fuerza política conservadora MAGA, acrónimo de Make America Great Again. Hablando de reaccionarios, los británicos, en broma, se refieren a “las colonias” cuando apuntan a Nueva York o Australia, por ejemplo. Así son algunos rabo verdes. A propósito de éstos, cualquier trago amargo que dé Donald Trump debe considerarse un triunfo para sus críticos. Bad Bunny les dio ese placer con su show de medio tiempo del Super Bowl LX.
En su celebrado disco Debí tirar más fotos, Bad Bunny no hace covers ni regraba clásicos. pero hay alusiones directas a El Gran Combo de Puerto Rico, institución musical con más de seis décadas marcando el pulso sentimental de la isla.
En él se rinde tributo a sus raíces como postura política. La relación puertorriqueña con la Unión Americana no ha sido tersa. Ahí está Daniel Santos, que en plena guerra de Corea promovió “Vengo a decirle adiós a los muchachos”, leída por muchos como una despedida cargada de ironía ante el reclutamiento masivo de boricuas en el frente estadunidense.
Por lo demás, Santos dejó discos abiertamente contestatarios. Protesta cantada a pecho abierto. En esa genealogía se inscribe Bad Bunny, con la diferencia crucial de su plataforma global. Y desde ahí posiciona —como ningún otro músico isleño de su generación— una idea incómoda para el relato hegemónico: América no es únicamente Estados Unidos. Y cuando lanza versos como “no sueltes la bandera ni olvides el lelolai, que no quiero que te pase lo que le pasó a Hawái”, interpretada por Ricky Martin en el medio tiempo del Super Bowl LX, el mensaje es advertencia histórica.
El “lelolai”, ese grito que para los boricuas equivale al “ajúa” mexicano, no es simple onomatopeya festiva. Es afirmación cultural. Un “aquí estamos” rítmico, cargado de indentidad.
En 1975, El Gran Combo de Puerto Rico lanzó Un verano en Nueva York, crónica barrial del 4 de julio vivido a ras de banqueta por los nuyoricans. Es un himno para celebrar lo ajeno sin dejar de sentirse ajenos.
Medio siglo después, Bad Bunny retoma esa tensión y la amplifica en el evento deportivo más “americano”, el Super Bowl de la National Football League, el verdadero futbol, no el soccer, según los gringos ridículos que posan en fotos con sus productos anabólicos.
Bad Bunny cantó en español en el magma de un mercado global. Hubo quienes manifestaron la contradicción de “mostrar” a los latinos como campesinos y obreros a pies del imperio, con chicas bellas zarandeando el culo y muchachos atléticos acomodándose el pene erecto. Sí, Latinoamérica es mucho más que eso, pero cada generación marca sus códigos.
De la Patagonia a la canadiense isla Victoria, y más al sur y más al norte que eso, Bad Bunny ondeó las banderas de un continente cuya mayoría se comunica con el idioma de Cervantes en un escenario de un país en que esa misma lengua la comparten 65.5 millones de hablantes. Lo escribió José Martí en su momento: “!… del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!”.