Box Excélsior presenta: Willie Pep, el boxeador que bailaba en el ring y se volvió un fantasma
Es reconocido no sólo como el mejor peso pluma de todos los tiempos, sino quizá el mejor de la historia por encima de Sugar Ray Robinson. Willie Pep fue incluso, la inspiración para que Muhammad Ali se dedicara al pugilísmo.

Hace 50 años, el sheriff adjunto del condado de Hartford, en Connecticut, era un viejo que hablaba con voz de letanía sobre boxeo. Daba consejos como si supiera, decían los más jóvenes con ironía, y de un chasquido borraban sus historias fantasiosas. Decía que peleó más de 200 veces, que ganó una vez sin tirar un golpe, que los médicos lo condenaron a ser paralítico pero en cinco meses estaba peleando de nuevo. Divagaciones.
Ese viejo, incapaz de crecer o disminuir, había pasado por varios empleos: gerente de un nightclub, trabajador en una cervecería y recepcionista de restaurante. Siempre con aire parsimonioso y una altivez elegante, cuello amplio, hombros arriba y mentón firme, estaba decidido a seguier peleando en la vida.
Lo cierto es que fue boxeador; no solo eso, sino un magnífico peleador. Su última pelea había sido una década atrás, en 1966, en Virginia, cuando tenía 43 años. Willie Pep, el mejor peso pluma de la historia y tal vez el mejor de la historia, que fue la inspiración para Cassius Clay (Muhammad Ali) y muchos más, se dedicó a varios empleos después del boxeo.
¿Por qué Willie Pep es el mejor de la historia?
Hizo 241 combates, de los que ganó la increíble cantidad de 229. Prácticamente peleaba cada dos semanas. Entrados los años 70, había perdido su fortuna porque, como les pasa a algunos boxeadores, él mismo era un pavoroso peligro para sus intereses. Se volvió ludópata y se divorció seis veces: "Todas mis esposas resultaron buenas amas de casa; cuando se fueron, se llevaron las casas".

Siendo sheriff adjunto, lo entronizaron en el Salón de la Fama de los Italoamericanos. Su fama no fue espontánea. Nacido de padres sicilianos en el barrio de la Pequeña Italia, en Hartford, cambió su nombre de Guglielmo Papaleo por el de Willie Pep para que los agentes de boxeo lo pudieran acomodar con facilidad en las funciones.
Su padre trabajaba en las obras públicas en la época de Roosvelt, pero cuando vio que su hijo, a los 16 años, ganaba más que él, lo orilló a convertirse en profesional. En los años 40, cuando los italianos movían la droga en los barrios amafiados con los jóvenes que les ayudaban, Willie Pep fue un ídolo para ellos. Sus peleas serían siempre recordadas.
El viejo sheriff Willie
A veces, ya viejo, se quitaba la estrella de sheriff y recordaba sus combates contra su archienemigo Sandy Saddler, con quien protagonizó cuatro peleas entre 1948 y 1951. Pep terminó con la peor parte en tres de ellas.

Entre 1948 y 1951 protagonizaron una descarnada serie de combates en los que Pep terminó con la peor parte: en una con el hombro dislocado y en otra, con la ceja abierta. Fue la rareza del boxeo: un estilista como Pep ante un grotesco combatiente como Sandler. Ganó la fuerza bruta, pero el público tuvo siempre en la cumbre al que mostraba el boxeo como si fuera un arte.
Porque Pep fue la inspiración para muchos que llegaron después. Era ágil y escurridizo, bailaba en puntas y se asociaba con el aire. Lo que muchos años después hizo Ali y, en tiempos modernos, Floyd Mayweather, Pep lo hizo con mejor encanto.
Fue capaz de ganar un round sin tirar un golpe a Jackie Graves, en 1946. Se la pasó esquivando, moviéndose con la cintura y regresó a su esquina sin recibir castigo. Lo cierto es que era tanta su fama que los jueces le dieron el round injustamente y algunos testigos manifiestan que en realidad sí intercmabiaron golpes, pero el viejo Willie Pep se burlaba de aquella escena consintiendo el misterio.
Willie Pep, la inspiración de Muhammad Ali
Era el hombre que mejor tiraba los jabs, de ahí su apodo de látigo. Muhammad Ali lo emuló en su estilo largo y cadencioso, de cisne violento.

Uno de sus grandes recuerdos fue en 1948, ante el cubano Humberto Sierra, pelea en la que, por cierto, el excampeón Jack Dempsey fungió como réferi para atraer más gente a un Orange Bowl de Miami empapado por las lluvias.
Ganó Pep, y Sierra dejó la frase para la historia: "Prefiero pelear contra Joe Louis, aunque me mate, porque a Pep no se le ve en el ring, es como luchar contra un fantasma". Así era de rápido y esquivo.
Aquel viejo sheriff adjunto solía contar sus historias de boxeo a los jóvenes que caían en la corte criminal. Pocos le creían. Había que verlo en sus buenos tiempos, siendo un fantasma en el ring, inatrapable, inalcanzable, el mejor boxeador en la lista histórica, aunque Sugar Ray Robinson siempre aparezca junto a él. Willie Pep seguirá siendo un fantasma.